Pelé: 70 años de historia

Jhonny Castillo

Letras de fútbol
Por: Jhonny Castillo
jhocas10@hotmail.com

A  mi  hermano  Basil, una extensión de mi  alma y mi corazón

Nosotros, que  hemos tenido  como  principio irrenunciable de la existencia adquirir pocas cosas y atesorar nada, desde hace algunos años  guardamos celosamente, confundida entre los  libros, una vieja  fotografía, por supuesto en blanco y negro, en la que Pelé  y el arquero sueco Kalle Svensson disputan un balón durante la final del Mundial Suecia 1958.

Leyenda: Pelé junto al portero sueco Kalle Svensson en la final de 1958.

En el recuadro aparece O Rey imponente y  soberbio, como un delfín que por instante se eleva y flota en el aire. Ésta es una imagen artística y poética, pero a la vez expresiva y elocuente que termina siendo una exquisita y soberbia representación iconográfica de lo que fue la carrera de ese extraordinario futbolista brasileño que el 23 de octubre del 2010 cumplió 70 años de edad.

La fotografía en la que se observa a Pelé despegado a más de  un metro de la tierra, tratando de conectar el balón de cabeza, describe apenas un diminuto instante del que sería uno de los partidos más importantes en la vida de este inmenso jugador nacido en 1940, en el pueblo Tres Corazones del estado de Minas Gerais.

En aquella final ganada por Brasil 5 goles por 2 frente a Suecia, los locales abrieron el marcador e hicieron revivir en los dirigidos por Vicente Feola los fantasma del Maracanazo y la derrota contra Hungría en Suiza 1954. Los locales habían dicho que los brasileños no eran invencibles, que la estrategia era marcar primero porque ellos jugaban bien cuando tenían el control del partido, y que  perdiendo se asustaban.

Con apenas 17 años y rodeado de luminarias con experiencia como Djalma, Nilton Santos, Didí, Vavá y Garrincha, entre otros. Pele parecía la mascota del equipo, era apenas  un carajito  delgado y lampiño que le había prometido a su padre Dondinho darle un título a Brasil, aquella noche    triste cuando lo vio llorar desconsoladamente por la increíble   derrota 2-1 ante Uruguay en 1950. En el juego final contra Suecia, Pelé  ya era un delantero con destellos de crack. Había debutado ante  la Unión Soviética luego de haber permanecido en el banco  frente a Austria e Inglaterra.

“Debutarás mañana contra  la Unión Soviética y necesito que juegues con la misma alegría de los entrenamientos”, le dijo el entrenador  Feola la noche anterior. Recuerda Edson Arantes do Nascimento que ese día se le quebró la voz  y no pudo conciliar el sueño de tanto pensar en lo que sería su primer compromiso en copas del mundo.

Dos cosas impresionaron al jovencito nativo de Tres Corazones en aquel momento: la portentosa figura del portero soviético Lev Yashin conocido como la Araña Negra por el color de su uniforme y las inmensas manos que atrapaban todo lo que pasaba por su portería; y, además  escuchar el himno nacional de su país ante miles de personas que ya sentían expectativa por aquel otrora  lustrabotas que llevaba en la espalda el numero 10. Ante los soviéticos a pesar de jugar bien no pudo marcar gol, pero el equipo pasó a los cuartos de final.

Pelé firmaría  su primer gol en un Mundial  contra Gales. Cuando llegaba la desesperación ante un inminente empate Didí vio a Pelé que avanzaba rápido  por la derecha y le colocó  una  bola precisa  para que éste a grandes zancada superara a los defensas y la metiera en el vértice de la portería. Los periodistas, que no lo conocían  se apresuraron a decir que había sido un gol afortunado. No se equivocaron esa fortuna lo acompañaría más de mil 300 veces en su brillante carrera.

En el siguiente encuentro Pelé empezaría a mostrar de qué madera estaba hecho. Marcó dos tantos sensacionales en la victoria 5-2 frente a la Francia de Fontaine, Kopa, Piantoni y Vicent. El primero ante los galos lo convirtió luego de un centro de Vavá en el que se anticipó al portero Abbes para colocar el marcador  3-1,  y el segundo en una jugada similar para colocarlo 4-1 a favor de la canarinha. Lo demás es historia.

En la final ganada por Brasil 5-2 contra el anfitrión Suecia, el  Rey del fútbol sería clave. Él se encargaría de meter el tercer gol en una maniobra de antología en la que hizo un sombrerito, un amague de lujo y después  el zapatazo al arco. También convertiría el quinto gol al bajar una pelota que parecía perdida con plasticidad y gran maestría que metió en el ángulo  inferior  derecho. En esa ocasión  también marcarían Vavá (2) y Zagalo (1) para darle el primer título a Brasil.

Así con apenas 17 años iniciaría su deslumbrante carrera el deportista  más completo que conozca la historia de la humanidad. En ocasiones vemos la fotografía y recordamos lo que alguna vez escribió el periodista argentino Julio Marini:

Pelé era el mejor. Cabeceaba con una precisión y violencia propias de un especialista, que no era. Saltaba como nadie. Anticipó en tiempo y sorpresa, y en un rectángulo mucho más grande, a otro monstruo: Michel Jordan. Quien hoy ve quedar suspendido en el aire a Jordan y se admira con razón, es que nunca vio a Pelé sostenerse en la nada y hasta girar con la pelota pegada al pecho. Pelé era un equipo dentro del equipo, porque podía ganar él solo un partido. Era el eje del equipo… Lo hacía con todo el cuerpo. Le bastaba mirar a los ojos a sus rivales para hipnotizarlo. Le pegaba muy fuerte con derecha e izquierda. Era sencillamente completo.


 
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