¿Por qué progresan los pueblos?

Santiago Quintero
santiagoquintero@gmail.com

La pregunta sobre cuál es el factor que permite que los pueblos progresen, se la formulan – en algún momento- todos los países de la Tierra. El político, el planificador, el militar, el médico, el abogado, el ingeniero, el economista, el docente, el empleado, el obrero, el trabajador de la economía formal y el de la economía informal, el trabajador del sector público y el del sector privado, los hombres, las mujeres, los jóvenes, los niños. Cuando la pregunta se la formulan todos al mismo tiempo y se escuchan las diversas opiniones sin excluir a ninguna de ellas, se va tejiendo una respuesta colectiva. Cuando esa respuesta colectiva se va cristalizando, se transforma en una visión conjunta del país sobre sí mismo y sobre lo que quiere llegar a ser. Entonces y sólo entonces, todo el país, sin excluir a nadie, puede trazarse el objetivo de cumplir esa misión y lograrla, empleando para ello una estrategia concertada que los incluya a todos.

Cuando la población de un país sin exclusiones, trabaja todos los días en esa agenda común, ese país sin duda alguna progresa y se desarrolla. Ese país es capaz de identificar sus problemas y encararlos con profunda fe en sí mismo, usando para ello su talento, su creatividad, su trabajo creador.

Así es como ocurre

El arte secreto de los pueblos que progresan, es la cooperación, es la ayuda mutua, es la producción en esa sociedad de los bienes y servicios que hacen falta para vivir con calidad de vida. Cuando esa producción se estimula y fortalece, el superávit exportado está llamado a convertirse en mayores ingresos para la población, el cual debe llegar a todos y no sólo a unos cuantos. Los estados de las naciones que progresan no atacan a su sector privado, antes bien, le brindan la seguridad jurídica y económica para que expandan sus operaciones, estimulando la creación de planes de inclusión social con aumento de empleo, mayor capacitación del capital de trabajo en sus empresas, ayudas a la salud y a la práctica de los deportes, a la investigación tanto básica como aplicada.

La mejora económica de cada uno de sus pobladores, es el asunto de mayor interés de las naciones que progresan. Construir la vivienda de la pareja humana antes de que ésta se multiplique, es la única forma de garantizar que al hacerlo, la familia naciente tenga techo. Cuando la población consume alimentos producidos fuera de sus fronteras sin tener alternativas en el mercado doméstico, se convierte en inmunodependiente de la salud de otras naciones. El resfriado de unas es neumonía para las otras.

Las cuentas que se retrasan en pagar crecen en su volumen con el tiempo y multiplican con ello la deuda, creando una dependencia económica para todo un país que incluso irresponsablemente es transferida a las generaciones que no la contrajeron. No hay nada más pesado para el progreso de una nación, que el futuro tenga que pagar al pasado, en lugar de que el pasado sirva de base a un futuro mejor, con una población más educada, más saludable, más justa, sin deudas que pagar y con todos sus recursos para invertirlos y multiplicarlos. Solo así se dignifica la historia. Todo eso se logra con entendimiento y con cooperación.

Ningún país que haya proclamado la guerra de clases como paradigma de acción del Estado ha progresado. Ninguno. Porque ninguna economía sana se puede construir con una batalla campal entre sus albañiles.

 
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