Ahora no me conoces

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial
Luis Cisneros Cróquer.
nirguayork48@hotmail.com

Después de tanto tiempo juntos, de tantos arrumacos, de tanto billete de los verdes, de allá para acá, de tantas canonjías concedidas y de tantos operativos concluidos, de tantos documentos y órdenes verbales, lo que te causaba risas y alegrías para toda tu familia, ahora, cuando estoy en un hueco, no sé qué será peor, si permanecer en éste o sin dudarlo irme para el otro mundo, en donde seguramente además de no perdonarme por todo lo malo que he hecho, no me encontraré, por ahora, con los supuestos “amigos” que me han desconocido.

No necesito decir nombres ni asegurar nada más; ya todo el mundo presume que es cierto todo lo que he declarado en torno al asunto que me tiene abrumado por el mal agradecimiento de los beneficiarios de los negocios. Entiendo que algunos han multiplicado lo que les entregué y por eso no les critico, porque lo malo es desperdiciar las oportunidades y, ésta que tuvieron conmigo era de lo mejor, mantequillita, facilito, solo tenían que firmar y cerrar los ojos que yo me encargaba de lo demás.

No sé si volveré a verlos, pero sueño con ellos todas las noches y, ni me voltean a ver en medio de mi pesadilla, pero reconozco que sean así porque están sumamente nerviosos pues todo lo que sé y lo que he dicho reposa en documentos bien guardados, que personas de mi afecto tienen orden de entregar en originales a los Yankees y una copia para el que te conté. Quiero que se me agradezca desnudar a estos hipócritas que viven diciendo que soy el único responsable, el único culpable, que he dado órdenes siniestras y que no confiesan que viví al amparo de ellos.

Como dice el tango, “ahora no me conoces, me borró tu ingratitud”, pero ustedes amables lectores de este semanario, sí me conocen y saben que nunca he mentido, que soy lo que soy, que no engaño a nadie y, que por eso, me quieren cortar la lengua, ahorcarme con mi propia corbata.

Mis mal agradecidos andan inventando trapos rojos para que pase desapercibida mi declaración, para que le gente se olvide de la cantidad de zánganos comprometidos con mis negocios, pero no podrán engañar a nadie porque ya mis verdaderos amigos, con copias de los documentos originales, se encargan de distribuir las pruebas, de alimentar la verdad para que no triunfe la mentira y el engaño.

Me llevo en los cachos muchas nulidades engreídas, muchas charreteras, muchos pico de plata, muchos marrajos que se envuelven con la bandera de Venezuela y cantan el himno nacional, mientras meten sus manos en la saca del dinero público, y se atreven a decir que nunca recibieron nada de mí.

 
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