Construir no es poesía *

Ignacio de León

El paisaje urbanístico cubano es desolador.

“¿Se ha preguntado por qué en la Habana la gente vive en edificios desvencijados, semiderruidos, la enorme mayoría de ellos, construidos antes de 1959?”

Este miércoles los registros subalternos recibieron la notificación de prohibir a un grupo de constructoras de los complejos habitacionales cualquier enajenación (venta). En la notificación se le indica a los registros que es necesario remitir las copias certificadas de los bienes muebles e inmuebles, acciones, derechos, créditos y obligaciones de las empresas. La medida de prohibición de enajenación por ahora pesa sobre 15 constructoras.

Esa acción, según representantes del sector construcción, genera más incertidumbre, debido a que no se detalla el alcance, no se especifican los bienes que no podrán ser vendidos o gravados.

La edificación de viviendas en Cuba es casi nula, las existentes tienen más de 50 años y están prácticamente en ruinas.

Por otra parte, la Comisión de Administración y Servicios de la Asamblea Nacional dio el visto bueno al proyecto de Ley de Preventa de Viviendas en Proceso de Construcción. Según la propuesta, aquellos desarrollos habitacionales cuya ejecución se detenga por un lapso de tres meses podrán ser objeto de intervención. Además, las disposiciones indican que las preventas no podrán iniciarse sin haberse obtenido los permisos y además los constructores deberán tener la titularidad de los terrenos. Los procesos de venta serán notificados al Indepabis. ¿Cuánto hay pa’ eso?

Una vez superado esos pasos, los productores de vivienda tendrán que incluir en los contratos: precio de venta y mes y año de culminación de la obra independientemente de las eventuales prórrogas que puedan acordarse por escrito entre las partes, que no podrán exceder de los seis meses. Como si en Venezuela no hubiera demoras en la planificación prevista de las construcciones por sindicatos, feriados inesperados, huelgas, cortes de suministros de luz, agua, etc., que demoran la construcción hasta de una tarima de verbena.

Las constructoras también deberán notificar los requisitos exigidos por el financista y en las constancias de pago tendrán que detallarse las bases de cálculo de los montos. Los contratos no podrán ser modificados de manera unilateral. Es decir, el Indepabis controla el precio de venta de los apartamentos, vía prohibir cualquier modificación en las condiciones financieras, así se trate de la inminente quiebra de la constructora.

Para la estimación del precio de venta de los inmuebles, los productores tendrán que usar como referencia: valor actual del terreno y valor total de la obra prevista en el proyecto. Como si en Venezuela no existiera 27% de inflación anual; es decir, sin haber salido a vender un solo apartamento, los constructores deben asumir una perdida por ese monto.

El sector privado de la construcción en Venezuela, se está viendo muy afectado por las medidas tomadas recientemente por el Gobierno.

Es decir, destruye la razón misma de ser de la construcción de viviendas: ganar dinero haciéndolo. ¿Quién lo hará entonces? Evidentemente, y como es de todos conocidos, no será el gobierno; ahora tampoco lo hará el sector privado. Seremos nosotros mismos, con estas manos, las que tendremos que poner techos, vigas y paredes, para taparnos de la intemperie. Todo muy poético, como lo quiere este régimen tan rico en poetas como carente de ideas constructivas (nunca mejor dicho).

¿Se ha preguntado por qué en la Habana la gente vive en edificios desvencijados, semiderruidos, la enorme mayoría de ellos, construidos antes de 1959? ¿Se ha preguntado por que la recuperación del casco colonial (y no colonial) de esa ciudad se hace con fondos de agencias de ayuda internacional, en vez de con capital cubano, como de hecho sucedió hasta 1959?

Ahora ya sabe la respuesta.

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* Titulo original: VIVIENDO COMO POETAS

 
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