Ciudad “Socialista”

Marco Negrón
macking@cantv.net

Debatir con los colegas que dicen creer en esa entelequia que llaman la ciudad socialista es una experiencia que no arroja sorpresas y resulta más bien aburrida y en definitiva inútil. Parten de una pobre simplificación: como la ciudad no sería otra cosa que una expresión de la sociedad, no habría un modelo histórico de la ciudad socialista al cual referirse debido a que la humanidad no ha conocido todavía una sociedad socialista, pues de acuerdo a ellos no lo fue la Unión Soviética ni lo es China (curiosamente suelen evitar nombrar a Cuba). Es evidente que, de entrada, un planteamiento semejante niega cualquier posibilidad de discusión puesto que debatir alrededor de un objeto desconocido es cuando menos un absurdo; además de que el mismo derecho tendrían los defensores de, digamos, la ciudad liberal: podrían argüir con idéntica legitimidad que la sociedad a la que ellos aspiran aún no ha cuajado en ninguna parte y que lo que se conoce no son más que simulacros o ensayos fallidos y desfigurados.

No sé ignorar que ha habido un filón intelectual muy importante, el de los llamados socialistas utópicos, que se atrevió a imaginar aglomeraciones urbanas de carácter socialista. Particularmente interesantes, por su grado de desarrollo y porque algunas llegaron a ponerse en práctica, fueron las propuestas de Fourier, Owen y Godin; sin embargo, más allá de sus diferencias de detalle, el factor común que las asociaba era su carácter autoritario y verticalista: todas ellas estaban fundadas en una concepción regimentada, poco menos que cuartelaria de la sociedad, donde no había espacio para la iniciativa individual y todos quedaban sometidos al régimen concebido por el filántropo.

Hay demasiados indicios de que lo que se oculta en el fondo de la entelequia que se comenta no se aleja demasiado de lo imaginado por los utopistas, pero mientras esperamos que ocurra esa Epifanía, los barrios se nos siguen viniendo abajo, la movilización se convierte en tortura cotidiana y la inseguridad nos confina a las cuatro paredes de la casa.

Es curioso que en 1993, cuando Istúriz -uno de los más locuaces promotores actuales de la “ciudad socialista”- fue electo alcalde del municipio Libertador, recomendó dejar de pensar en pajaritos preñados y concentrarse en sembrar mil árboles en la ciudad.

http://opinion.eluniversal.com/2010/11/17/opi_art_ciudad-socialista_2106782.shtml

 
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