La democracia no radica en el Estado ni en los gobiernos: es asunto de desarrollo
de la sociedad.

La lucha contra el despotismo llegó a un punto muy significativo el 26 de septiembre, porque al asociarse esta vivencia de la democracia con el ejercicio del sufragio, en virtud de la soberanía popular, se logró ese resultado.

Gloria M. Bastidas
gloriabastidas@gmail.com

“El 26 de septiembre se cerró el ciclo que se abrió el 18 de Octubre de 1945”

El historiador afirma que los resultados de las elecciones parlamentarias demuestran que la democracia está arraigada en la sociedad. También cree que en el término de dos generaciones habrá culminado la lucha de los venezolanos contra el despotismo

Germán Carrera Damas nació en Cumaná en 1930. “Tengo mis buenos 80 años”, dice. La verdad es que no se le notan. No hay casi arrugas en su rostro y habla sin titubeos.

Es totalmente articulado y, a la hora de editar la entrevista, uno siente que cae en pecado mortal. “De las cuatro derivaciones del humanismo marxista (la socialdemocracia, el socialismo soviético, el fascismo italiano y el nacionalsocialismo), hay una sola que ha perdurado y hoy tiene más vigencia que antes: la socialdemocracia. A las demás se las comió la historia”. Eso es lo primero que responde cuando uno tiene el atrevimiento de preguntarle por el destino del socialismo del siglo XXI. Nació en Cumaná, sí, pero ya para la Constituyente de 1946 estaba asentado en Caracas. Estudiaba en el Fermín Toro y era presidente de la República.

¿Cómo? El historiador, dado a las jugadas humorísticas como es, bromea con la confesión y luego, en serio, recuerda que a partir de 1945 se creó lo que llamaban la República Liceísta. “Era para que los jóvenes aprendieran cómo funcionaba el Estado y el Gobierno; se elegía a un presidente de la República y un Congreso”. Carrera Damas ha vivido todas las etapas de la democracia: “Yo la vi nacer”, evoca con orgullo.

Y la democracia ha sido, ciertamente, una de sus obsesiones. En abril pasado, en el Aula Magna de la UCV, cuando le correspondió dar el discurso de orden a propósito de la conmemoración del bicentenario de la Independencia, lanzó una frase con aires de epígrafe: “Tenemos 200 años defendiéndonos del despotismo”. ¿Qué importancia tiene el 26 de septiembre en esta lucha histórica? Saca una hoja donde ha apuntado algunas ideas y no lo para nadie.

­El 26 de septiembre de 2010 quedó comprobado de manera definitiva el hecho de que en Venezuela la democracia asciende desde la sociedad hacia las esferas políticas. Se ha cerrado así el ciclo abierto a partir del 18 de Octubre de 1945.

Lo importante es que la sociedad, espontáneamente, movida por su propia conciencia, demostró esta capacidad de hacer valer su vocación democrática. No se le puede atribuir a la prédica de un caudillo, de un partido, de un grupo. Pero lo que es más: sabemos que lo hizo en condiciones adversas porque el régimen ha recurrido a la coacción. Los venezolanos saben que si pierden un puestico en alguna oficina del Gobierno quedan condenados, ellos y su familia, a la miseria. Y esto no es casual: forma parte del esquema de control social montado por este régimen, que busca que el individuo se convierta en un siervo del poder central. Todavía en Venezuela, felizmente no se ha llegado a este esquema, aunque se ha intentado avanzar hacia allá. La prueba que vimos el 26 es que la mayor parte de la sociedad venezolana está consustanciada con la democracia.

¿Ha tardado la sociedad venezolana en completar el ciclo de la democracia? Carrera Damas se alarma. Y con razón.

­Ninguna sociedad originada en una monarquía absoluta ha requerido menos de un siglo, siglo y medio o dos siglos para llegar realmente a formarse como una república. A las primeras y más significativas repúblicas, como la norteamericana y la francesa, les tomó casi dos siglos madurar. Y dos siglos en los que vivieron toda suerte de dificultades. El caso venezolano está dentro de la normalidad histórica. Es más: nosotros avanzamos con relativa rapidez porque en medio siglo, habiendo comenzado en 1945, 1948, hemos llegado a lo que vimos el 26 de septiembre. La democracia no radica en el Estado ni en los gobiernos: es asunto de la sociedad. Otra cosa que quedó demostrada es la asociación orgánica y funcional entre la democracia y el ejercicio de la soberanía popular, de nuevo rescatada por la sociedad. La lucha contra el despotismo llegó a un punto muy significativo el 26 de septiembre, porque al asociarse esta vivencia de la democracia con el ejercicio del sufragio, en virtud de la soberanía popular, se logró ese resultado. Cuando digo ejercicio de la soberanía popular, me refiero al hecho de que la sociedad fue capaz de sobreponerse a todos los intentos de condicionarla o de impedirla, y lo que es más grave: hasta de canalizarla perversamente con los benditos circuitos.

Es uno de los diez miembros del Buró del Comité Científico Internacional de la Unesco que coordinó la publicación de la Historia de la humanidad, una obra monumental que va de la Prehistoria hasta el siglo XX. Riguroso.

El hecho es que históricamente prevalece la conciencia del ciudadano sobre el atavismo del súbdito monárquico colonial. Nosotros fuimos gozosamente monárquicos. El único gobernante que los venezolanos hemos defendido con bienes, armas, pasión y todo, durante 15, 20 años, fue Fernando VII, rey de Venezuela.

Los historiadores hablan de rey de España. Pero ¿y quién nos gobernaba a nosotros? Y lo defendimos hasta el último momento porque teníamos una conciencia de súbditos. Ahora, ¿cómo cambiar esa conciencia de súbditos a la de ciudadanos? ¿Cómo llegar a este grado que se demostró el 26 de septiembre? Los gobiernos que siguieron tras la ruptura de la República de Colombia, conscientes de que se trataba de una sociedad todavía monárquica en sus estructuras, secuestraron la soberanía popular y montaron un sistema electoral que reducía el grupo de los venezolanos que participaban en las decisiones políticas a unas pocas decenas de miles más. Es decir, los varones, mayores de 21 años de edad, que supieran leer y escribir. Y en una sociedad en la que 90% era analfabeto, imagínese.

Y en la que la mujer carecía de derechos políticos, ¿qué quedaba de aquello? Un pequeño club electoral perfectamente controlable por el Gobierno.

La cocina es otra de sus pasiones. En 2005, publicó Elogio de la gula. Paladar educado: sigue saboreando el plato de la democracia.

­El año 1945, esto se rompe. Y es realmente el momento crítico en la evolución de la Venezuela republicana. Se le reconocen los derechos políticos a la mujer en plenitud, se extienden los derechos políticos a los analfabetos y a los mayores de 18 años de edad. El universo electoral pasó de 120.000 personas a millón y medio. Pero millón y medio en el que 90% iba por primera vez a tomar conciencia de ciudadano. Y el resultado electoral fue apabullante. Ahora, ¿qué sucedió? La mujer reaccionó claramente, los jóvenes igual. Y quedó demostrado que sí había un terreno para el desarrollo de la democracia. Pero esto estaba apenas comenzando. Vimos el primer eclipse con la dictadura de Pérez Jiménez; luego hubo ese período de reinstauración de la democracia, muy dificultoso, que va desde los años 1958, 1959 a comienzos de lo actual; y ahora un nuevo eclipse por otra vía. No es ya la dictadura militar clásica, sino una nueva versión. Un régimen militar militarista que no se ha perfeccionado justamente por lo que vimos el 26: porque la mayoría del pueblo no ha ingerido el veneno y ha avanzado en su condición de ciudadano.

Mira la hoja en la que habita la caligrafía diminuta. Continúa el análisis.

­Hemos avanzado de manera clara en la transformación de aquella sociedad venezolana un poco amorfa en una sociedad de ciudadanos. Y hay dos signos muy importantes de esto. Primero, la mujer. La mujer es una recién llegada a la ciudadanía. Y, sin embargo, ha demostrado una condición de ciudadana notable. El futuro de la sociedad venezolana está en manos de la mujer. Han demostrado tal lucidez, tal tenacidad, tal determinación que son ciudadanas confiables para los fines de la democracia. El otro aspecto importante de gente recién llegada a la democracia que está en proceso de formación son los militares, que antes estaban alejados de la ciudadanía puesto que no se les reconocían derechos políticos.

Pero ahora son ciudadanos y están en igual nivel que los demás. En consecuencia, nuestros militares están llamados a aprender la ciudadanía como la hemos aprendido los demás.

Le da un golpe muy suave a la mesa. Se atreve a hacer un vaticinio. Oráculo de Delfos.

­La asociación funcional entre el ejercicio pleno de la soberanía popular restablecida el 26 de septiembre, la vocación democrática socialmente arraigada y la consolidación de la descentralización político-administrativa me autorizan a reiterar lo que he venido sosteniendo: la sociedad venezolana será, en el término de dos generaciones, una genuina sociedad democrática y, por lo mismo, una sociedad de ciudadanos en la cual habrá culminado nuestra lucha de 200 años contra el despotismo. Y hay un indicio que me hace pensar que esta predicción tiene algún fundamento: la juventud; los muchachos que hoy tienen 20 años de edad tenían 10 cuando esta indigestión de la democracia comenzó. ¿Dónde aprendieron democracia estos muchachos? Porque han vivido en esta atmósfera antidemocrática todo el tiempo y, sin embargo, han demostrado una lucidez y una tenacidad impresionantes. Bueno, esa es la mejor garantía, para mí, de que la posibilidad de que la sociedad venezolana se convierta en una sociedad genuinamente democrática está dentro de una línea de desarrollo histórico que nada podrá detener.

¿Y el 26-S no queda reivindicado el Presidente como demócrata dado que respetó los resultados? Carrera Damas responde ipso facto. Velocidad mental.

­Eso es como lo que llamaban la democracia a palos: “Sea demócrata, vote por mí”. No fue una elección: fue un plebiscito.

Y el Presidente lo que buscaba era una ratificación plena. Él fue rechazado. En consecuencia, ¿quién es el que ha perdido legitimidad? ¿Quién es el que ha perdido legalidad? No, él no ha respetado nada. Todo lo contrario, lo que ha hecho es buscar la manera de continuar el golpe de Estado que comenzó después del 2-D. Chávez ha ganado una sola elección: la de diciembre de 1998, organizada por la democracia. Fue el ejercicio de la soberanía popular lo que le llevó al poder. Por eso hablo de indigestión de la democracia. Eso no tiene nada de extraño. Los pueblos sí se equivocan. Hubo un pensador político venezolano de cierto prestigio llamado Rómulo Betancourt (sonríe). Él decía que los pueblos no avanzan como por una carretera asfaltada: existen dificultades. Lo importante es la dirección en que se marcha. Y para mí el 26 de septiembre lo que quedó perfectamente claro es la dirección. Se está formando un tsunami de la opinión pública democrática.

¿Podrán decir que el tsunami es como un llamado a la violencia? No. La madre tierra, generosa en todo, genera tsunamis.

Y no por maldad, sino por dinámica tectónica. Quienes conocemos un poquito el mar no le tememos tanto a la cresta de la ola como a la ola de fondo.

@Elnacional

 
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