Pongámoslas sobre el yunque

Luis Vicente León


Luis Vicente León

A diferencia de años anteriores, el nuevo responsable para Latinoamérica de una multinacional con larga y amplia presencia en Venezuela, no vino hasta aquí a buscar información. Esta vez me pidió que viajara hasta su casa matriz. Su asistente me explicó que, según el código de seguridad de la corporación, debían preparar con mucha anticipación la visita de sus ejecutivos a países “complicados” y, la verdad, él necesitaba conversar sobre la situación venezolana de inmediato, por lo que era más fácil coordinar mi viaje allá.

Me recibió con un grupo inusualmente amplio de colaboradores a quienes explicó el porqué estaba yo allí. En la introducción que me hizo parecía obviar los 10 años que llevo asesorando a esa compañía, gracias a los cuales la conozco perfectamente, sin contar con que consumo sus productos desde que nací. “Estamos en Venezuela desde hace muchos años, comprometidos con el desarrollo del país. No hemos abandonado el barco en peores momentos históricos ni en crisis económicas más severas. El mercado venezolano siempre ha sido relevante para nuestra empresa y lo hemos abastecido plenamente con productos de impecable calidad. Nunca hemos tenido conflictos legales, laborales, ambientales, ni fiscales. Nuestra conducta en Venezuela es exacta a la que seguimos en nuestro mercado de origen y nuestro aporte social es más que evidente.

Pero por primera vez nuestro equipo allá, no sólo está preocupado por lo que está ocurriendo en el país, sino que paralelamente libran una batalla interna para evitar que el enorme ruido generado en el entorno político por las acciones radicales aplicadas recientemente en Venezuela por su Gobierno, abonen aún más la posición de los directores más conservadores, quienes plantean la necesidad de cesar de inmediato nuestras operaciones en su país. Sus argumentos son sólidos: las amenazas de expropiación, que cada vez lucen más a despojos de propiedad privada y la imposibilidad de nuestra filial local de garantizar pagos en dólares y repatriar capitales.

Luis Vicente, queremos que nos ayude a justificar frente a nuestro Directorio la ‘atrevida’ decisión de quedarnos, asumiendo el enorme riesgo país, pero evitando destruir lo que hemos levantado durante años, incluyendo nuestro capital humano, la imagen de marca y un fiel mercado que estamos seguros estará ahí en el futuro para nuestros productos, independientemente de las circunstancias, aunque le confieso que no tenemos claro si las acciones radicales recientes permitirán que tengamos productos ahí para abastecerlo.

Pero antes, quisiera saber si usted está de acuerdo mantener nuestras operaciones en el país, pese a las circunstancias o, por el contrario, piensa que es momento de salir de ese mercado y protegernos cuanto antes”.

Confieso que no estoy acostumbrado a que me pidan ayuda para justificar decisiones tomadas. Lo corriente es que me pidan información y opiniones que les ayuden a tomarlas. Pero lo peor en este caso no es el sesgo implícito en la solicitud del ejecutivo. Lo que me preocupa es que, dejando de lado la emocionalidad y el nacionalismo, no tengo una respuesta contundente: ¿Estoy o no de acuerdo en que deben quedarse y asumir el riesgo?

Obviamente, en ese momento no pude trasladar esa duda a un cliente que espera de mí una respuesta concreta. Él sabe que nadie tiene la verdad en su mano y menos en un entorno tan incierto, pero me pide que las ponga en el yunque con una posición basada en mi mejor entender y parecer, aunque pueda estar equivocado.

¿Qué piensan ustedes?

Los invito a enviarme su respuesta a esta inquietud. Integraré sus respuestas y la mía en un próximo artículo. Bienvenidas sus opiniones.

@ELUNIVERSAL

 
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