COMUNISMO Y LIBERTAD DE OPINIÓN

MASSIMO DESIATO
mdesiato2002@yahoo.com
@ELNACIONAL

Existe una razón de peso, más allá de tratar de esconder los escándalos de la corrupción, por la cual el régimen de Hugo Chávez limita la libertad de opinión y cierra medios de comunicación social. En tanto Chávez está tratando de llevar a Venezuela a ser un país comunista ­palabra que no pronuncia por miedo a la reacción popular­ es oportuno entender que el comunismo mediante sus teóricos, de Marx en adelante, se ha creído, y todavía se cree allí donde está radicado, una ciencia.

Se trata de una ciencia de corte decimonónico, superada, según la cual la verdad es una sola. Por esta razón, el comunismo se considera a sí mismo el único portador de la verdad, el único capaz de entender la realidad y habérselas con ella de manera apropiada. Todas las otras posiciones estorban y son subversivas por ser falsas, por querer falsificar y oscurecer lo que la clara verdad del comunismo alumbra.

Sobre semejantes bases no debe extrañar que la libertad de opinión no tenga cabida en el comunismo, pues ¿acerca de qué hay que opinar si todo está desde ya aclarado y explicado por la ciencia marxista? De esta manera, se entiende por qué los medios de comunicación que no responden a la óptica comunista sean considerados como empresas subversivas que tratan de impedir el avance de la revolución con su “mar de felicidad”.

Es que hay algo en la estructura de la opinión que molesta en sumo grado a los regímenes comunistas o en vías de serlo: su estructura auténticamente democrática. Las opiniones son una forma de información plural que se concreta mediante una argumentación que las sostiene. Me explico: afirmar que, por ejemplo, la política económica es equivocada o los hospitales funcionan en condiciones infrahumanas no es una opinión hasta que se haya mostrado con argumentos, que pueden incluir mostrar hechos, que así es. Decir sólo que la política económica es equivocada no es todavía una opinión puesto que no informa nada más allá de una posición personal que no se abre al diálogo mediante la argumentación.

La argumentación es lo que más teme el comunismo, apertrechado como está en sus adoctrinamientos y en su ideología. La argumentación es el meollo de la democracia porque pone en acto un juego argumentativo en el cual las personas involucradas opinan sobre la base de su propio libre argumentar. En cambio, el comunismo hasta en un libro sólo es capaz de descubrir la concordancia con sus principios que si no corresponden declaran al libro herético.

En Venezuela la situación es todavía más grave si se piensa que la pereza, la rutina o la ignorancia de los pocos intelectuales bolivarianos no ha actualizado ni siquiera el concepto de ciencia, y, en todo caso, por mucha repugnancia que puedan sentir, deberían necesariamente tratar las cuestiones más acuciantes y más desagradables, porque el sueño revolucionario nace y lleva como estandarte la libertad de opinión contra los regímenes autoritarios y conservadores que la impedían.

Sólo la perversión a la cual ha sido sometida la revolución ha podido hacer de ella una “caza opiniones”, una máquina que castra lo más sagrado que tiene la democracia, sea la democracia representativa burguesa que la democracia social comunista. Así, frente al cierre de medios de comunicación en Venezuela y frente a una censura cada vez más rígida, sólo se puede decir que es el miedo de que la gente se informe y vea lo que está realmente pasando en el país lo que mueve la revolución a convertirse en opresión.

 
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