Devuélveme el aburrimiento

Eli Bravo

Eli Bravo

El sueño es para el cuerpo lo que el tiempo muerto es para el cerebro. La frase del Dr. Michael Rich tiene mucho sentido: si no duermes te fundes; y lo mismo sucede si no eres capaz de reposar la mente. El Dr. Rich es un hombre particular. Primero trabajó en cine y llegó a ser asistente de dirección para Akira Kurosawa. Luego estudió medicina y salud pública en Harvard. Finalmente se inventó una disciplina acorde con estos tiempos: mediatría, es decir, el estudio de cómo se relacionan los niños y los medios para aprovechar al máximo esa interacción.

En una reciente charla para la Asociación Pediátrica de EEUU, el Dr. Rich señalaba que actualmente los chicos viven en constante estado de estimulación gracias a las pantallas electrónicas, computadoras y la conectividad instantánea. El resultado es que sus cerebros se acostumbran a saltar de una distracción a otra sin enfocarse ni necesariamente aprender. Por ello insiste en la necesidad de recuperar el aburrimiento, para que el cerebro tenga tiempo de entrar en “neutro” y procesar la información que recibe.

Pero, ¿cómo lograrlo con tantos mensajes, correos, redes sociales y juegos en la punta de los dedos? Sencillo: no se puede. Una vez que la mente se acostumbra a la sobreestimulación se convierte en una adicta. ¿Has probado pasar una semana sin Blackberry o conexión a Internet, y si lo has hecho, con qué voracidad te conectas tras el ayuno?

Los expertos en el uso de los medios por jóvenes y niños relacionan la tecnología con la comida. Un consumo descontrolado y de mala calidad deriva en obesidad mental. La idea no es demonizar el PS3, el BB o el Facebook, sino entender las consecuencias y educar a padres e hijos en su uso razonable. Esto comienza con el buen ejemplo, porque de la misma manera que podemos enseñarles a comer chatarra, podemos abrirles las puertas a otras actividades que no dependan de las pantallas. Como saber perder el tiempo, por ejemplo.

No quiero hacer una apología al dolce far niente, aunque ejercitarse en el dulce arte de hacer nada es el antídoto ideal para esta adicción a la tecnología. Basta observarnos y ser honestos con lo que vemos. O como sugiere Liz Pearle, directora de Sentido Común Media y asesora familiar, preguntarnos con honestidad ¿quién está controlando la situación, la tecnología o yo? Y al responder, por favor, no se distraiga con el chat.

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