EL INSÓLITO CASO AFIUNI

“El Presidente mandó a que me dieran la pena máxima y hasta dijo que era merecedora de fusilamiento”.


Isabel Pereira
cedice@cedice.org.ve

Canciller española, Trinidad Jiménez, quien afirmó que en Venezuela no hay presos políticos, debería asomarse a estas realidades o callarse.

Conmueve hasta las raíces asistir como testigo de piedra a la violación flagrante de los derechos humanos que está perpetrando el gobierno bolivariano con la jueza María Lourdes Afiuni. Bastó una orden desde arriba para que todas las fuerzas represivas del Estado se pusieran en marcha. El líder tronó ante la decisión libre de la jueza, a quien no ha podido comprobársele delito alguno, para que lo más cruel y duro de la violencia del Gobierno se desatara. Treinta años de prisión fue la condena anticipada y radiada por los medios de comunicación del Presidente. Solo le faltó agregar: no me importa si es inocente. Por supuesto el juez de la causa obedeció perrunamente, y aunque aún no hay sentencia firme todo indica que la condena del mandatario se cumplirá.

Al final, el juicio se ha convertido en lo que los abogados califican como un proceso judicial sobre un crimen sin cadáver. Es decir, no se encontró, no pudo demostrarse que la jueza Afiuni hubiese cometido falta alguna. Oigamos a la víctima: “Me considero una presa política porque en mi expediente no existe nada. Además, en cadena nacional el Presidente mandó a que me dieran la pena máxima y hasta dijo que era merecedora de fusilamiento”.

A pesar de la inexistencia de pruebas, el procedimiento represivo-punitivo se está cumpliendo inexorablemente, con castigo doble: el primero, intentar condenarla sin pruebas; y el segundo, ponerla al alcance de delincuentes que ella había sentenciado previamente: “No puedo negar que llegué muy asustada a este sitio porque había 24 internas que (yo) había procesado, de las cuales sólo quedan 13, y tienen delitos fuertes como homicidio, secuestro e infanticidio. El Poder Judicial está de rodillas, para ser juez o fiscal no se puede ser cobarde. Tarde o temprano mi caso servirá de ejemplo. Cuando otorgué la medida cautelar consideré que estaba entregando una llave al Poder Judicial para que se independizara; pero, esa llave la utilizaron para meterme presa. Son muchas cosas las que estoy sacrificando y lo que más lamento es el sufrimiento de mi familia, pero no me arrepiento de haber tomado esa decisión porque estaba cumpliendo con mis funciones”.

Los comisarios Vivas, Simonovis y Forero.

Como si esto no fuese suficiente, ocurre la escena que supera al gobierno de Idi Amin Dada: la jueza presenta síntomas de enfermedad, hay que diagnosticarla. Los MILITARES que ejercen la custodia intentan imponer su presencia en los actos médicos, al ver rechazada esta conducta abusiva, los dignos representantes de nuestra Fuerza Armada asumen la bravía decisión de castigar a la juez AFIUNI apretándole al máximo las esposas. Como reseña la prensa: “Cuando le fueron a hacer la citología, el teniente insistió en que debían entrar los 50 guardias nacionales que la custodiaban. Fue una pelea hasta que por fin la dejaron sola con el médico. A la salida, le ajustaron las esposas. Llegó con las manos moradas al INOF, lo que le faltó fue que la golpearan”. Purititos machos estos militares.

Las circunstancias y la poderosa fibra moral de algunas personas, sin embargo, están construyendo estos nuevos ejemplos de probidad: “No me arrepiento de haber sido juez. Yo sigo enamorada de mi carrera. Y voy a luchar para que el sistema de administración de justicia sea aplicado como debe ser. Tengo la tranquilidad de que no cometí delito. No tengo miedo, simplemente soy una mujer normal, como cualquier otra, que todos los días salía a trabajar, y un día no regresó a su casa”.

Trinidad Jiménez, canciller española.

A veces, durante los fines de semana cuando escucho rumores de música que vienen de otras partes, de lugares donde la gente festeja, se ríe, celebra la vida, pienso y me cuestiono ¿cómo es posible que estos abominables hechos estén ocurriendo ante nuestras narices, que lo sepamos y que podamos continuar como si nada ocurriera? El caso Afiuni, al igual que el de los comisarios Simonovis, Vivas y Forero, están entre las manchas más negras de este Gobierno. Me formulo las siguientes preguntas, y quisiera que muchos lo hicieran: ¿puede la Ley torcerse contra el ciudadano?, ¿pueden los jueces ensuciar esa noble profesión salomónica?; y, quizás las más potente: ¿una vez más en la historia la fuerza militar, diseñada para defender la seguridad de los ciudadanos, está irremisiblemente determinada, sin ninguna conciencia, a ejecutar-respaldar las violaciones de este, nuestro esmirriado Estado de Derecho?

La Canciller española, Trinidad Jiménez, quien afirmó que en Venezuela no hay presos políticos, debería asomarse a estas realidades o callarse.

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