Oposición concertada

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com

En sus buenos tiempos Acción Democrática ejercía el poder en toda su extensión, tenía el parlamento nacional, entonces Congreso Nacional, a su disposición, igual ocurría con el Poder Judicial pues los nombramientos de jueces y fiscales pasaban por el filtro del partido y los seleccionados si no eran militantes provenían de familias adecas o calladamente seguían la línea partidista. En los gremios y organizaciones sindicales la dirigencia adeca se imponía a como diera lugar, inclusive con violencia. Y como para el discurso “democrático” se hacía necesaria una fuerza opositora, ahí estaba Copei. Así nació la “guanábana”, verde por fuera y blanco por dentro, un término frutal que bien describía el pacto de los dos grandes partidos para gobernar al país en forma concertada.

Por allí se dice que la historia no es más que un conjunto de ciclos que se repiten con algunas variantes, si es así estamos viviendo un ciclo reciente, la reproducción de una etapa donde solo ha cambiado el nombre del protagonista, ayer era AD, hoy es el partido PSUV, el partido de gobierno.

Todo sigue igual, el PSUV maneja a sus anchas el parlamento nacional, la conducta de los jueces demuestra subordinación plena del Poder Judicial y las actuaciones de los representantes de los otros poderes no dejan duda de la obediencia a las líneas que señala el gobierno del Presidente Hugo Chávez. Quizás la  diferencia es que el PSUV, o Chávez, es más frontal, más radical que AD en aquellos tiempos.

Lo que le faltaba al PSUV es una oposición con la que se pueda llegar a acuerdos, a la que se le puedan conceder cuotas de poder sin que eso represente un problema serio para el gobierno, es decir, necesitaba un Copei. Todo parece indicar que ese vacío lo llena AD. El secretario general adeco, Henry Ramos Allup, es ejemplo de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, entiende que frente al enorme poder de Chávez y la incoherencia, miopía política y constantes metidas de pata de la oposición agrupada en torno a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), tiene que moverse con habilidad para sacarle provecho a la situación. Por allí se cuela el pacto PSUV-AD, o Chávez-Ramos Allup.

El PSUV, o Chávez, acuerda con AD una oposición concertada que le permite al primero comodidad para actuar y al segundo repotenciarse como fuerza política, pacto que revitaliza una polarización pero no en un escenario donde los dos polos confrontan abierta y ferozmente, sino donde ambos bandos conocen perfectamente las cartas que empleará el otro en ese juego simulado de confrontación.

Ya AD ha demostrado el papel que le corresponde en ese pacto “pomarrosa”, rojo por fuera y blanco por dentro. Concretamente en Guárico, para las elecciones de gobernador del 5 de diciembre, AD torpedeó todos los esfuerzos para escoger un candidato unitario para enfrentar al PSUV. Los blancos despejan el camino a los rojo-rojitos.

¿Hasta cuándo el país soportará la repetición de esos ciclos? Es tiempo de darle un sacudón a la historia.

 
Top