WIKI WIKI

JESÚS HERAS –

Al nacer, lo primero que se nos pone es un pañal, cubriendo el espacio de nuestro cuerpo que desde el momento del despertar se nos enseña a ocultar.

La vida está rodeada de ocultamientos, de espacios que no conocemos o se nos está vedado conocer. La existencia o no de vida después de la vida, es – por expresarlo de alguna manera – un secreto de Dios. En lo terrenal, existen igualmente espacios inasibles.

La mente, en sus manifestaciones conscientes y subconscientes, está construida para ocultar lo que es privativo de nuestro ser. Ni siquiera bajo los efectos del sueño revelamos aquello que está guardado y resguardado en esos recónditos espacios de nuestro ser. Espacios que son accesibles sólo cuando la voluntad consciente del portador decide ponerlos al descubierto.

Julian Assange

De no ser así, torturar al enemigo o al malhechor sería innecesario. Bastaría con aplicar el suero de “la verdad” para obtener la información que se desea.

Lo mismo ocurre con las instituciones creadas por el ser humano. Le ocurre a las naciones y por consecuencias a sus gobiernos. Hay espacios que son públicos y otros que no lo son.

En sentido contrario, se mueve una creciente demanda de transparencia sobre la vida privada de aquellos que nos gobiernan y también sobre la vida de las instituciones ¿Cuál es o tendría que ser la frontera?

Lo anterior viene a propósito del escándalo suscitado tras las más recientes revelaciones de  Wikileaks. El portal hizo público un dossier con más de 250 mil comunicaciones privadas del Departamento de Estado norteamericano, provocando todo género de reacciones. Ya antes, Wikileaks había dado a conocer abusos cometidos por tropas estadounidenses y comunicaciones secretas entre el Pentágono y los comandantes al frente de las principales operaciones militares norteamericanas, colocando a las autoridades de ese país en una posición en extremo embarazosa.

Wiki wiki es una expresión hawaiana. Wiki, su apocope, significa rápido. Wikipedia tendría entonces dos acepciones que se entrelazan: La una, acopio rápido de información. La otra, acceso rápido a conocimientos. En cambio, Wikileaks tiene una sola acepción: Sustracción subrepticia de información privilegiada… Y es allí donde se centra el debate. ¿Al poner información privilegiada al descubierto, sin tomar en cuenta las consecuencias, se hace mal o se hace bien?

El creador de Wikileaks, Julian Assange, un huraño personaje de origen australiano,  hacker de profesión, alega que se trata de periodismo científico, y tal es la frustración de los organismos que quisieran apresarlo que, con o sin justificación, Interpol emitió el martes una orden de captura en su contra, alegando la violación no de una, sino de dos mujeres suecas.

Digámoslo en castellano, la Interpol ha determinado que, no contento con violar los secretos del Departamento de Estado, Assange también violó la intimidad que se oculta tras los pañales de estas dos damiselas.

Es posible que este nuevo incidente se olvide pero no así el debate que ha revivido. Es el debate sobre la frontera que debe separar la demanda de transparencia que surge de la sociedad, del derecho natural a la privacidad que es consustancial a la existencia humana.

Se trata de una tarea difícil. Lo que la realidad reclama es una frontera éticamente solida. Establecerla es una necesidad.

 
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