Clinton tiene más fuerza que la Guía Michelín

Bill Clinton

Los restaurantes de todo el mundo se lo rifan porque para sus dueños es mejor una placa que diga “Bill Clinton comió aquí”.

ANNA GRAU / NUEVA YORK

¿Quién le iba a decir a Bill Clinton, cuando sus excesos con las hamburguesas bien regadas de Ketchup y con toda la comida basura en general le llevaron en línea recta a un cuádruple bypass, que acabaría siendo un cotizado árbitro culinario mundial? Restaurantes de todo el planeta se lo rifan porque es mejor una placa que diga “Bill Clinton comió aquí” que todo el cielo estrellado de la Guía Michelin. Lo saben hasta en la española Casa Lucio, desde que el 42 presidente de los Estados Unidos cenó allí con el Rey Juan Carlos.

Lo cuenta The New York Times, donde también entrevistan a Javier Blázquez, el hijo del propietario de Casa Lucio, para que les cotillee qué pide Clinton cuando come allí. “La última vez pidió solomillo”, revela Blázquez, quién sabe si consciente de la bronca monumental que en Casa Clinton puede desatarse por esta filtración, peor que la del caso Lewinsky. ¿Pero Clinton no se había hecho vegetariano desde que le operaron del corazón, no viaja a todas partes con un miembro de su staff que sólo se encarga de controlarle y de prepararle las comidas?

Sí pero hay excepciones. “El médico le había prohibido el solomillo, pero él lo pidió igualmente·”, remachan en Casa Lucio.

Parece ser que es en sus viajes al extranjero donde Clinton más se salta la dieta. Lo malo es que después todo se sabe, más incluso de lo que es habitual en personalidades de este nivel de fama. Hace diez años que el ex presidente de Estados Unidos comió en Bukhara, un restaurante de Nueva Delhi que sigue viviendo de aquella noche de gloria. Todavía llama gente pidiendo la misma mesa de Clinton y que le sirvan lo mismo que a él. La carta incluye ya con todo desparpajo el Plato Bill Clinton, un guiso de carnes variadas y aromatizadas, con lentejas y con pan hecho al horno. Cuesta 5.000 rupias, unos 110 dólares.

A veces la gloria se reparte un poco por casualidad, porque Clinton ni siquiera eligió el sitio donde comer, fueron sus anfitriones en el país los que le llevaron. Sólo así se explica que un hombre tan campechano, por no decir hortera en sus gustos, acabe comiendo en un sitio de tanto nivel como Casa Lucio.

Bastante más le pega el puesto de perritos calientes en Reyjkavik, Islandia, donde se paró en 2004 porque la vendedora empezó a darle voces. En ese caso Clinton no se comió el perrito caliente, ateniéndose a su sobrevenido vegetarianismo. Pero aquel puesto en la calle quedó automáticamente glorificado como el mejor en su género del mundo.

En parte algunos atribuyen esta pegada gastronómica de Clinton a su portentoso don de gentes, que le hace absolutamente imposible pasar desapercibido en ningún restaurante. No, él llega, saluda a todos los demás comensales y a los camareros, entra en la cocina, se hace fotos con todo el mundo, etc.

Pero otros creen que cuando uno nace carismático poco puede hacer para que no se note. Y el carisma Clinton parece ser a prueba de bomba e incluso de reveses electorales. Cuando no hace tanto la muy tímida y reservada (y ella sí, vegetariana convencida) Chelsea Clinton comió en el restaurante Kosebasi de Estambul, un cliente que también comía allí esa noche volvió la noche siguiente. Para comprar y pagar al contado la silla donde se había sentado ella.

Leyenda: Bill Clinton, en un reciente acto.

 
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