¿Acaso, éramos felices? *


Fausto Masó
Fausto.maso@gmail.com

Es tanto el rechazo hacia Chávez que se quiere reivindicar a Carlos Andrés Pérez. Muchos de los que estimularon su salida abrupta del poder, ahora dicen que éramos felices y no lo sabíamos.

¿Cómo pedirle sacrificios a la población al mismo tiempo que se publicaban los escándalos de la Margold? Tristemente el país no lamentó el golpe del 4-F ni la salida de Pérez del poder. Al contrario.

En circunstancias adversas, Rómulo Betancourt contó con un gran partido y el respaldo moral de su conducta: rebajó los sueldos 10%, enfrentó la sublevación de militares y guerrilleros, impuso la democracia. Nadie lo acusó de enriquecerse, no surgió la antipolítica durante los tres primeros períodos de la democracia. No fueron gobiernos impolutos, ninguno lo es, pero esos tres presidentes, Betancourt, Leoni y Caldera, poseían fuerza moral.

El primer gobierno de Pérez socavó las instituciones, persiguió al editor Jorge Olavarría, expropió numerosas empresas, aplicó la política internacional de la Gran Venezuela, se acercó a la Cuba de Castro, impuso las prestaciones dobles etc. y etc. Pérez gana cómodamente las elecciones en 1989 por el recuerdo de aquella manguangua.

A los pocos días ocurrió el 27 de febrero.

Los que aplaudieron la salida de Pérez, suponen que si su plan económico hubiera sido apoyado el país sería una tacita de plata. Algunos desarrollan un argumento lamentable: CAP era un corrupto pero ¡ahora nuestros gobernantes son peores! ¡Éramos felices y no lo sabíamos! El país no soportaba la corrupción, el Ejército venezolano no respetaba Miraflores. Examínese la prensa de la época para recordar cómo las madres disfrazaban de paracaidistas a sus hijos en Carnaval, y algo peor, cómo los distintos candidatos presidenciales prometieron sacar de prisión a los golpistas, con la excepción de Claudio Fermín. Chávez no fue execrado como Tejero en España o los golpistas argentinos.

Al contrario. Por el recuerdo de la abundancia llegó a presidente por segunda vez, cuando después de pasar varios años como alma en pena, Venezuela rechazó los candidatos que le presentaban los partidos. En el ascenso de Chávez también tienen una grave culpa la irresponsabilidad de los llamados “notables”, la antipolítica, las equivocaciones del MAS y de La Causa R.

En el futuro no caben escándalos de barraganas ni el fracaso económico, ni la degradación moral ni mucho menos el militarismo.

La Venezuela decente gobernó durante los tres primeros períodos presidenciales

CAP intentó rectificar sus errores en el segundo período. No lo logró. Su caso recuerda el de Carlos Menea, Sarkozy, Berlusconi. Los planes económicos que han triunfado en América Latina y en el mundo los aplican gobernantes con fuerza moral, partidos preocupados tanto por una economía eficiente como por superar la pobreza.

¿Hemos aprendido algo? Quizá no mucho. Pérez cargó con pecados propios y ajenos, tuvo grandes iniciativas, pero el fracaso de su segundo gobierno es una de las causas del ascenso de Chávez al poder y la desmoralización de su primer gobierno socavó la democracia venezolana.

¿Éramos felices? ¿Era CAP el único culpable? Ni de lejos. ¿Era un político audaz? Sí, demasiado. Era, eso sí, un demócrata. Prefirió un final amargo a traicionar sus convicciones democráticas.

Llueve y llueve. ¡Chávez culpa al capitalismo de la lluvia! Cuando se cae ahora un puente, una autopista, no funciona un aeropuerto, ¿de quién es culpa? Del gobierno central.

@elnacional


* Título original: ¿Éramos felices?

 
Top