A Valencia se le ha muerto un gran hijo

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial
Luis Cisneros Cróquer

nirguayork48@hotmail.com
Se nos ha ido Eduardo Zárraga Seittife, un gran valenciano que amó a la ciudad intensamente y que la defendió de todos sus enemigos, los propios y los que no siendo nativos han venido, no como los más, a perjudicarla y a someterla a un régimen contrario a su parecer cultural, a su historia, sus costumbres y sus experiencias republicanas y democráticas. Eduardo posó sus plantas en el exterior y representó dignamente a Venezuela con su talento, su voz, sus conocimientos y condiciones inigualables para la comunicación radial, la publicidad, y el mejor juicio. Su paso por los Estados Unidos y por Inglaterra, su estada en Cuba, en México y otros países latinoamericanos, fue siempre signado por su ejemplar conducta ciudadana y cristiana.

Eduardo Zárraga Seittife

Eduardo Zárraga Seittife

Nacido hace ya 85 años nos dejó una vida consagrada al trabajo profesional, y en su ciudad natal a la que regresó hace apenas ocho años le dedicó sus inquietudes como conductor de un programa de radio dominical, justamente en la emisora que le vio nacer profesionalmente, La Voz de Carabobo. Allí le acompañé por algunos años y en esa unión aprendí a conocer la profundidad de su cultura, su amor por la paz, por el respeto a la familia y por su cercanía a Dios.
Eduardo era una cátedra permanente, un ser convencido de que Venezuela se merecía una mejor suerte y por eso mantenía la esperanza de un nuevo amanecer para el progreso de toda la gente, el respeto a la propiedad privada y fundamentalmente a los derechos del hombre. Eduardo fue un historiador, no porque escribiera historias de otros, sino porque abrevaba en los hondones de la humanidad, de sus debilidades y de sus hazañas y desgracias. Sentía profundamente lo que ocurría a su Patria; le dolían las injusticias y la falta de solidaridad, condenaba a los perseguidores de la palabra, porque esta para él siempre fue sagrada. Su verbo era firme para enjuiciar los desatinos y frente a las dificultades nunca emitió queja alguna, soportaba estoicamente, y seguía trajinando el camino de su fe y enseñando, como un gran maestro.
Duele pues profundamente su partida. Ha ido a ubicarse en la vera del Señor, al que no dejó de alabar y de rogarle para los demás. Supo de muchas glorias, pero jamás eso le envaneció, le sirvió sí para enseñar y para abordar los temas con claridad meridiana, con equidad y proyectando siempre su espíritu para las buenas acciones.
Hoy lo recuerdo en esta confidencia y no dejaré de nombrarlo entre los grandes de la locución radial nacional, y entre quienes entregaron su vida a una profesión digna, que lamentablemente ahora ha sido pisoteada por quienes hacen de la propaganda mediática una herramienta para engañar al pueblo y desorientarlo.
Paz a su alma.

 
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