Bajo las torrenteras

Juan M. Raffali

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli A.
jmrhab@yahoo.com

Nadie en su sano juicio emprenderá ahora un proyecto importante de viviendas

Lo ocurrido con las lluvias es realmente lamentable. Nos solidarizamos con quienes están sufriendo esta penuria y aplaudimos a quienes se esfuerzan en ayudarlos. Sin quitarle ni un grado de fuerza a lo dicho, debemos sin embargo abordar dos temas que no pueden pasar por debajo de las torrenteras furiosas.

El primero es que, a no dudarlo, las tragedias que han ocurrido obviamente tienen mucho que ver con la falta de previsión, pero más que eso, dejan al descubierto el inmenso déficit habitacional que sufre el país. Ver cuatro latas y dos tablones calificados de “viviendas” es tan doloroso como ver que el cauce se los lleva. Ver gente durmiendo, literalmente, al borde de un abismo es sencillamente inhumano. Es aquí donde entonces nos preguntamos ¿por qué el Gobierno ataca a las empresas privadas del ramo de la construcción convirtiendo casos aislados en un circo? Es evidente que el Estado no podrá nunca atender solo el problema habitacional. Esta actitud antiempresarial deriva en una violación clara del derecho a la vivienda previsto en la Constitución. Lo peor del asunto es que a la hora de las chiquitas piden a los empresarios que contribuyan en la construcción de edificios y en el despeje de vías. Bienvenidos mis estafadores inmobiliarios.

A lo anterior hay que añadir otro tema grueso. El proyecto de Ley de Emergencia de Viviendas, loable en sus fines, es un monumento a la inconstitucionalidad y con mucha facilidad será fuente de abusos y atropellos contra la propiedad. Validos de las dramáticas circunstancias están metiendo de contrabando una habilitación para ocupar inmuebles urbanos “ociosos o subutilizados” lo cual dará para hacer dibujo libre. ¿Qué harán con este instrumento? ¿Validarán invasiones? La verdad es que con este tipo de normativa y el ataque al sector de la construcción, llamarán a María para que desarrolle los terrenos que ocupen. Nadie en su sano juicio emprenderá ahora un proyecto importante de viviendas y el sector oficial ha mostrado literalmente muy poca capacidad de construcción, de hecho el Gobierno es de las pocas cosas que no se pueden declarar de utilidad pública. Definitivamente el ataque al aliado potencial que puede ayudar a construir viviendas es el mejor abono para que el déficit habitacional siga y los hechos de la naturaleza se vuelvan calamidades.

@eluniversal

 
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