Celebrar un fracaso


Beatriz W. De Rittigstein
bea.rwz@gmail.com

Hace poco, los medios informaron que el embajador venezolano ante el Reino Unido, Samuel Moncada, organizaba en el Bolívar Hall, la conmemoracion de diez años de la segunda Intifada, la cual, sustancialmente, asentó el uso del terror contra la ciudadanía israelí, poniendo fin al proceso de Oslo.

Fuentes de la embajada venezolana alegaron que la Intifada “estaba al frente de la lucha mundial contra el neocolonialismo supremacista blanco y los colonizadores sionistas”.

Nada más alejado de la realidad. En el mejor de los casos, la legación dirigida por Moncada mostró ignorancia al admitir una versión distorsionada de la historia del Medio Oriente y del conflicto palestino-israelí. No obstante, cabe presumir que de este modo se brinda apoyo a la campaña internacional de deslegitimación de Israel, promoviendo una imagen negativa y ficticia. Si esta última percepción es errada, le corresponde al Gobierno venezolano desmentir y aclarar la acción de nuestro representante en Londres.

En julio de 2000, con el soporte de Bill Clinton, en Camp David se reunieron el entonces Premier Ehud Barak y el presidente de la ANP, Yasser Arafat, quien respondió a los deseos de los extremistas árabes e islámicos al no pactar con Israel. Barak ofreció 97% del territorio exigido, es decir, la vuelta a las fronteras del 67. Pero Arafat desechó la propuesta. Un par de meses después, una simple excusa, la visita de Ariel Sharon al Monte del Templo, sirvió para desatar la violencia que los sectores radicales venían preparando.

Resulta un contrasentido festejar el estruendoso fracaso que trajo más desgracias a ambos pueblos y desvió a los palestinos de la solución: la creación del Estado palestino, dando rienda suelta al terrorismo.

@eluniversal

 
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