De Chávez no es la culpa

JESÚS HERAS –

Nunca un gobierno se pareció tanto a una tormenta o un Presidente más a un huracán. Ruge, estremece, divide, destruye, tumba, derrumba, dejando a su paso un país damnificado. Huracán Hugo lo llamó Salas Römer en el ’98, pero jamás nos imaginamos que fuera un ciclón tan obstinado.

Gerardo Blyde se hace al respecto varias preguntas, ésta es una: “¿Si el proceso… es algo tan bueno para el país, cuál es la causa por la que… siempre hablan de su profundización como un castigo…” Buena interrogante, ¿no les parece?

Ud., amigo lector, recordará el sabio cuento de la ranita que, enternecida ante las súplicas del alacrán, accedió ayudarlo a atravesar el río, se lo montó encima e iba con su carga cruzando aguas cuando sintió las ponzoñas del pasajero hundirse en su “humanidad”. ‘¿Por qué lo haces? gritó la ranita, ahora nos ahogaremos los dos’, y el alacrán de este cuento, que no sabía mentir, le respondió: ‘No es mi culpa, está en mi naturaleza.’

Destruir, destruir, destruir, no importa las consecuencias que ello traiga al país o a la vida misma del régimen, parece estar inscrito en el ADN de quien nos preside. De ser así, como el alacrán de nuestra historia, a la otra orilla no llegará. Hagamos juntos un breve recorrido.

Los lectores de este semanario recordarán el extenso reportaje de la periodista Adriana Rivera dando cuenta del deplorable estado de abandono en que se encuentran los paneles de viviendas desarmadas que el gobierno importó cuatro años atrás. Fue publicado en nuestra edición del 4 de noviembre y en la primera pagina se destacaba: “Mientras el Régimen expropia urbanizaciones, doce mil casas importadas de Uruguay están desarmadas en galpones desde 2006.”

Basta recordar los conteiners de alimentos encontrados en estado de putrefacción, 180 mil toneladas en total, para darse cuenta de que lo de las viviendas no es un hecho aislado. Abandonar lo que el pueblo más requiere… está en la naturaleza del Régimen. Y si hoy, en momentos de necesidad, no hay viviendas suficientes o medios con que socorrer a los damnificados, a su naturaleza en gran parte ello obedece.

El pasado domingo  pudimos observar por televisión al Presidente en atuendo militar, recorriendo el litoral guaireño en un gigantesco vehículo armado, pidiéndole por micrófono a los afectados por las lluvias que buscaran “terrenos planos”, y él los expropiaría para hacerles viviendas dignas. Cito de memoria. Luego ofrecería hoteles que tampoco son suyos, y hasta el Palacio de Miraflores, que es un bien de la Nación. No es la primera vez que hace ese tipo de promesa. Recordemos que en 1999, ofreció despachar desde una carpa para dar su espacio a los niños de la calle.

!Expropiese! !Expropiese! !Expropiese!, exclama.¿Expresará esa exigencia presidencial la esencia de ésta revolución? ¿o será más bien el postrer hálito de una retórica agotada? No importa.

Al igual que las tormentas– pero al margen de las lluvias que nos azotan- el Presidente sigue adelante como un ciclón, llevándose por delante lo que no es suyo y dejando tras de sí a un país damnificado.

No es su culpa, claro, está en su naturaleza.

 
Jesús HerasNo photo
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