San Isidro, ¿por qué no cambias tu carisma? *

San Isidro Labrador.

San Isidro Labrador.

José Mayora
mayora.j@gmail.com

Las recientes lluvias han tenido una indiscutible función pedagógica al mostrarnos una amplia variedad de intensidad y duración variables: chaparrón, chubasco, aguacero, llovizna, hasta el imperceptible ”sere sere”. Esta especie de concierto natural lo hemos disfrutado en vivo gracias a las inevitables colas.

En la inestable seguridad de nuestros hogares, apreciamos la otra cara del fenómeno a través del televisor, la radio o las redes sociales de comunicación donde obtenemos variaciones sobre un mismo tema: agua, deslaves, inundaciones, damnificados y mezquindades oficiales. Tal información no hace más que reforzar el sentimiento de impotencia que produce el no poder hacer nada, pero también la indignación de que quien lo debe hacer y lo puede hacer, no lo ha hecho.

De mi infancia recuerdo que cuando llovía muy fuerte, los adultos invocaban a San Isidro Labrador para que quitara el agua y pusiese el sol. No recuerdo cuán eficiente y atento estaba este santo para cumplir con su carisma, pero por la fe con que era invocado, me imagino que tendría un buen desempeño. Con los recientes acontecimientos naturales me he planteado la posibilidad de llamarlo para que ayude a evitar un desastre mayúsculo. Lo que me frena es que tan recordada deidad debe encontrarse en medio de una gran confusión espiritual, pues meses atrás, desde las altas esferas gubernamentales, le pedían al santo que se retirara temporalmente para darle chance a sus colegas cuyo carisma estimula la precipitación pluvial.

En la dimensión terrenal, los países cuentan con gobiernos que se encargan de atender estos asuntos, independientemente de la colaboración celestial. En el caso nuestro, en dos eventos vinculados, la respuesta oficial ha sido exactamente la misma: improvisada, ineficiente, ideológica y proselitista. En la primera, el ”inadecuado” sistema eléctrico diseñado por la mal llamada cuarta república más un inocente “niño” se confabularon para crear una crisis energética. Con las recientes lluvias, el Gobierno no sabe a quién achacarle hoy la cantidad de calamidades urbanas y humanas cuya previsión hubiese dado como resultado un menor número de afectados y una población mejor preparada para afrontarlas.

En ambos casos ha quedado muy clara la vulnerabilidad de la población y la debilidad gerencial de la revolución, asentada en un pueblo que pedía a gritos justicia y reivindicaciones concretas: vivienda, salud, educación, vialidad, seguridad ciudadana, seguridad jurídica, quebradas despejadas, reubicación física de los asentamientos urbanos de alto riesgo, planes de contingencia para las catástrofes, sin mencionar el combate a la corrupción y otras desviaciones sociales que haría este espacio insuficiente para su mención. Tales finalidades fueron la oferta del líder de la revolución.

Hoy el sentimiento de terror frente a lo natural es exactamente igual al que se siente por las amenazas, propaladas desde el cogollo revolucionario, de expropiaciones, confiscaciones, cierres y, en fin, todas las amenazas que mantienen en vilo a esta sociedad. Lo más evidente es que la revolución, tan eficaz en lo político, no lo es tanto en la gestión de las funciones públicas.

Después de 10 años de gobierno revolucionario, Venezuela es un país con una institucionalidad muy debilitada, una sociedad demasiado vulnerable y un gobierno dedicado a mantenerse en el poder a como dé lugar.

San Isidro, ¿por qué no cambias tu carisma? **

@eluniversal


* Título original: San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol.

**Carisma en su acepción religiosa es un don recibido de Dios. A San Isidro se le atribuye el don de quitar el agua y poner el sol. Es ese su carisma.

 
Top