A los 50 años del éxodo de los niños “Pedro Pan”

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

La “Operación Pedro Pan” es sin duda uno de los momentos más cargados de sentimientos trágicos en la historia del castrismo.  Consistió en el envío masivo de niños cubanos a Estados Unidos.

Entre 1960 y 1962, 14.048 niños no acompañados por sus padres abandonaron Cuba con destino a Miami.  La recepción en el país del norte formó parte de un programa organizado por una oficina de caridad de la Iglesia de Estado Unidos, el Catholic Welfare Bureau, creado con el objeto de facilitar la salida de miles de niños que habían asistido a escuelas católicas clausuradas por Fidel Castro en 1959.

El padre Bryan O. Walsh encabezó la Operación Pedro Pan (Foto-1960).

La decisión de enviar a sus hijos, mientras los padres tramitaban la visa, fue tomada debido a la urgencia que planteó la militarización acelerada de niños y jóvenes obligados a sumarse a las recién creadas milicias; a la disgregación decidida por el régimen de las familias mediante el plan de becas masivas organizado con el objeto de separar a los hijos de los padres; a la participación de los jóvenes en la campaña de alfabetización enviándolos a zonas rurales alejadas de sus hogares en donde, en particular, se desarrollaban guerrillas anti-castristas que formaban parte de la guerra civil que tuvo lugar en Cuba tras la toma del poder en el ‘59.  Fue esa una guerra secreta, larvada, en la que participaron miles de combatientes, cuya existencia a penas hace poco fue admitida por Fidel Castro.

De hecho, batallones de niños tomaron parte en ella del lado oficial y se les otorgó el título de “niños héroes del Escambray”: nombre de la zona en donde la guerra fue más encarnizada.  Es de imaginar el dilema de los padres ante la dramática disyuntiva que se les planteó de separarse de sus hijos, pensaban que momentáneamente, o correr el riesgo de verlos convertidos en milicianos – esa fuerza de choque destinada a la defensa de la revolución que llegó a tener un millón de efectivos-, o que se sumaran a la oposición, corriendo el riesgo de perder la vida.  Es de recordar que en la primera fase de la revolución se instauró la pena de muerte por delitos “contrarrevolucionarios” y menores de edad fueron fusilados.

No contaban los padres de esos niños con que la crisis entre Cuba y Estados Unidos cobraría ribetes extremos.  La creencia de la mayoría de los cubanos era que el de Castro sería un gobierno pasajero porque Estados Unidos no iba a permitir la instauración de un régimen comunista en su vecindad y que en poco tiempo las cosas se resolverían. Sin embargo, una semana después de la llegada del primer grupo de niños, se produjo la ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos países.  Luego, la crisis de los misiles se sumó a la radicalización del contexto.  Fue ese el momento cuando en realidad Cuba fue sometida a un bloqueo por parte de Estados Unidos.  Tras ese episodio, la autorización para abandonar la isla, se convirtió en una imposibilidad para los padres de aquellos muchachos y para los cubanos en general.

La vida de esos niños tomó diversos cursos pero es de imaginar el drama que significó para ellos. Algunos fueron acogidos en orfelinatos, otros en el seno de familias norteamericanas.  La edad variaba. Había niños de apenas cinco años, otros eran ya adolescentes.  El testimonio conmovedor de una pareja que tenía cinco hijos, todos enviados a Miami, que al regresar del aeropuerto a su casa se “encontraron con una casa llena de juguetes y sumida en un silencio total” da idea del desgarramiento que ese éxodo produjo.

Fue necesario que transcurrieran cuarenta años para que algunos de esos “Pedro Pan” decidieran dar testimonio de la dolorosa experiencia: varios se han publicado en los últimos tiempos y expresan esa fase dramática de sus vidas y lo que al mismo tiempo, para muchos de ellos, significó la posibilidad de integrarse de manera precoz a la sociedad norteamericana, adquiriendo el dominio de la lengua y los códigos culturales de la sociedad americana.  Los “Pedro Pan” constituyen una suerte de micro-sociedad y – es entre ellos- que se encuentran algunos de los miembros más exitosos de la comunidad cubana: gerentes de grandes compañías, embajadores, (Eduardo Aguirre, embajador de EEUU en España), senadores (Mel Martínez, senador por la Florida), el músico Willie Chirinos y su esposa Lisette Álvarez.

Hoy, muchos han tomado la iniciativa de organizarse en asociación, buscando reunir a aquellos que viven en diferentes lugares.  Crear un archivo de esa memoria.  Ese deseo de reencontrarse, de confrontar experiencias, significa la necesidad de reconstruir la memoria de una infancia interrumpida bruscamente; una infancia que perdió sus referencias geográficas, físicas y afectivas. Vivieron la pérdida del país natal y del hogar, tan importantes en el seno de la familia cubana.

Cuando llegan las noticias del éxodo de jóvenes profesionales o no, que se está operando en Venezuela, conviene rememorar la tragedia que han vivido los cubanos.

Versión editada

 
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