EL DESTAPE

JESÚS HERAS –

Por muchos motivos ésta ha sido una semana de angustias. Sobre todo para los más pobres, por el efecto de las inclemencias del tiempo.

Las lluvias han destruido muchos hogares, dañado otros, y mantenido en vilo a todo aquel que vive en su casita de lata, al borde de una quebrada, o en una empinada cuesta que se pueda derrumbar o en una frágil casita de adobe, temeroso de que, por efecto de las aguas, su casa sea la próxima en caer.

He visto lo que ocurre con las viejas construcciones, cuando el agua moja la arcilla que sirve de pegamento a las piedras que una sobre otra van formando pared o cuando en lugar de piedras, se utiliza materia vegetal, paja, para formar con arcilla la estructura.  Son edificaciones sólidas en condiciones normales, pero como suele serlo también el asfalto, lo son hasta que les penetra el agua. Cuando ello ocurre, el material puede ser lavado por la abundancia del agua, provocando que alguna pared se derrumbe y se traiga consigo el techo, con lo que las aguas comenzarían entonces a horadar las bases, amenazando con derrumbar toda la edificación.

No tenemos sino que visualizar las escenas que describo para comprender la angustia que por estos días vivió la gente más humilde y la que, siendo un tanto menos vulnerables, por tener paredes de adobe y no de latón, se sintieron igualmente amenazados por los efectos que podría traer la penetración del agua en su modesta vivienda.

Muy distinto es el origen, pero de dimensión similar, la angustia que están viviendo aquellos cuyos documentos más privados fueron expuestos o muy pronto lo serán, al ser penetrados sus archivos por Wikileaks. La palabra, leaks como seguramente lo saben, significa goteras, no de agua en este caso, sino de información, pero tienen el mismo efecto. Derrumban edificios de secreto que ocultan los espacios privados de gobiernos y de grandes corporaciones, provocando en el plano cibernético, un destape, como el de las casitas que se quedan sin techo o como el del legendario descubrimiento que se produjo en Woodstock, cuando en los años ’60, en medio de una masiva concentración de jóvenes, las muchachas más hermosas se quitaban las blusas para mostrar las dos mejores razones de su femineidad.

Vivimos en tiempos revolucionarios, pero no me refiero a la revolución de baratija que tenemos acá, que no es más que una dictadura militar encubierta, por ahora, en ropaje democrático.

Me refiero a la revolución del destape. El que provoca la Naturaleza, tomando venganza por el terrible daño que le hemos infringido con emisiones excesivas de carbono y las que provocan los hackers, en la Era de las comunicaciones, al penetrar, en busca de información, como corresponde a la naturaleza de internet, espacios hasta ahora vedados.

En otra ocasión nos detendremos a analizar con mayor profundidad estos fenómenos concurrentes: el que producen las goteras de agua, poniendo al descubierto, entre los pobres, la fragilidad de sus viviendas y las goteras de información, que están poniendo al descubierto, como en Woodstock, pero un plano muy distinto, las intimidades de los poderosos.

A la dictadura militar, también le llegará su día.

 
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