El enigmático caso de Qatar para ganar sede del Mundial 2022

Momentos en que Joseph Blatter -presidente de la FIFA- abre el sobre que revela a Qatar como anfitrión de la Copa del Mundo de 2022, para convertirse así en el primer país árabe y musul- mán donde se realizará este magno evento.

Con apenas un millón y medio de habitantes y 11.437 kilómetros cuadrados de extensión, será la sede menos poblada y más pequeña de la historia de los Mundiales. Su seleccionado jamás jugó una Copa del Mundo. A su designación la explican los millones: es el país con mayor ingreso per cápita del mundo. Pero también hay sospechas de soborno, que incluso involucran a la AFA.

Waldemar Iglesias

Ahí, en Zurich, justo después de que Joseph Blatter leyera las cinco letras del asombro -Qatar-, el emir de este país que organizará el Mundial de 2022, el jeque Hamad bin Khalifa Al-Than, lo dijo: “Gracias por creer en el cambio”. Su nombre parece lejano en Occidente, pero no lo es tanto. Se hizo conocido por haber proporcionado una sede y haber financiado a la famosa cadena de televisión Al-Jazeera. Por este motivo, el emir fue criticado por el gobierno de los Estados Unidos a causa de “tomar partido” en la Guerra en Iraq y en la Intifada Palestina. Curiosamente o no tanto, el jeque Hamad es el aliado más leal de los Estados Unidos en Medio Oriente y este pequeño emirato es la sede de los campus de universidades estadounidenses en la región.

Qatar es tan joven que parece mentira que ya organice un Mundial de mayores. Tras la decisión británica de abandonar el Golfo Pérsico en 1971, ingresó en la Federación de Emiratos Árabes del Golfo Pérsico (nacida en 1968). Obtenida su independencia (en 1971), Qatar se retiró de la Federación, firmó un tratado de amistad con los británicos e ingresó en la Liga Árabe y en la ONU (1971). Desde entonces, al amparo de los millones que genera el petróleo que brota de sus suelos, el país no paró de crecer: en su economía, en su infraestructura, en su población (en 1986, por ejemplo, vivían poco más de 350.000 personas), en su capacidad para mostrarse al mundo desde su breve península.

Más allá de sus apariciones en la prensa del mundo, sobre todo a través de grandes contrataciones, enormes construcciones o asombros deportivos, poco se conoce de este territorio. Casi todos los qataríes son musulmanes. Además de los árabes nativos, hay muchos extranjeros que trabajan en la industria petrolera del país. El árabe es el idioma oficial, pero el inglés es hablado también por casi la totalidad de la población. Detalle curioso: se estima que hay más de 10.000 hispanohablantes. Del millón y medio de los habitantes de este país que cuenta con el mayor ingreso per cápita del mundo, sólo el 20% nació bajo su cielo. El resto, extranjeros dispuestos para los negocios o contratados para prestar servicios y/o realizar las actividades que los qatarías eligen no realizar. Sucede que los nacidos en Qatar cuentan con un beneficio que les permite vivir en situación de ocio: el Estado, a cambio de nada, les paga un mínimo de 5.800 dólares en concepto de subvención.

La designación de Qatar generó fastidios en sus competidores. Sobre todo en los Estados Unidos, organizador de la Copa en 1994. Los medios de la primera economía mundial dispararon hacia Medio Oriente. Y hacia todos lados: según informó la publicación estadounidense The New Republic, Zinedine Zidane se ganó 15 millones de dólares por apoyar la candidatura qatarí. El ex crack francés, ahora miembro del organigrama técnico del Real Madrid, había protagonizado un anuncio televisivo, que fue grabado en Marsella y emitido en Suiza, para impulsar la candidatura del pequeño país asiático. El mismo medio estadounidense cuenta que Zidane también realizó tareas de lobby para convencer a los miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA. Zizou no fue el único ex futbolista estelar que apoyó a Qatar. Algo parecido hicieron Pep Guardiola y Gabriel Batistuta, quienes alguna vez participaron en la heterogénea Liga qatarí.

También hubo (y hay) sospechas vinculadas con la AFA. Desde el diario estadounidense The Wall Street Journal se señaló la compra de voluntades por parte de Qatar. El principal acusado en ese contexto es Julio Grondona. De acuerdo con la publicación, un ex empleado del equipo que promocionaba la candidatura qatarí aseguró que desde el país asiático se pagaron 78.400.000 dólares a la AFA para “cancelar una crisis financiera que amenazaba a su liga local”.

El dinero parece capaz de todo en el escenario de la FIFA. Y ante esa lógica, Qatar parece el socio perfecto. Su economía prevé un crecimiento del 15,5 por ciento este año y se espera que se dispare al 21 por ciento en 2011. Esto le permite invertir tanto dinero como sea necesario en los preparativos para el Mundial. En el rubro que se requiera. Un ejemplo: el ultra-moderno estadio Lusail, que aún no fue construido, será la sede del partido inaugural y de la final. Con capacidad para 86.000 espectadores y rodeado de agua, el recinto será construido en cuatro años. Se espera que esté terminado en 2019. ¿Y los 50 grados del impiadoso verano del Golfo? Tampoco es problema: también con billetes conseguirán que todos los estadios y lugares de entrenamiento se encuentren refrigerados. Está clarísimo que no escatiman: Qatar presentó un presupuesto de 645,5 millones de dólares para albergar la Copa Confederaciones en 2021 y el Mundial del año siguiente. Pero invertirá -además- 53.000 millones de dólares en obras de infraestructura complementarias.

Qatar es un país acostumbrado a comprar e invertir en el deporte. Para los Juegos Olímpicos de Beijing, hace dos años, llevó a varios keniatas nacionalizados: el plusmarquista mundial de 3.000 metros con obstáculos, Saif Saaeed Shaheen; el maratonista Mubarak Hassan Shami; y el especialista de 10.000 metros Ahmad Hassan Abdullah. A ellos les dieron más de cinco veces de lo que ganaban en su país, les cambiaron el nombre y les pusieron otra bandera en el pecho. En el fútbol también sucede: Sebastián Soria Quintana -delantero uruguayo nacido en Paysandú- es ahora una de las figuras del seleccionado marrón y blanco. Incluso en 2008 fue uno de los candidatos a Futbolista Asiático del Año.

No es, sin embargo, un país con una gran tradición futbolera. Su seleccionado mayor jamás accedió a una Copa del Mundo. No sólo eso: jamás, desde la creación del ranking de la FIFA, llegó a ocupar un lugar entre los mejores 50 (su ubicación más alta fue el puesto 51 en agosto de 1993; actualmente se encuentra en el lugar 113). En Juveniles le fue mejor: además de organizar el Mundial Sub 20 de 1995 (ganado por la Argentina de José Pekerman), fue la gran revelación de Australia 1981, donde resultó subcampeón; luego en el Sub 17 de Italia 1991, finalizó cuarto. Además, desde hace poco más de una década, intentan jerarquizar la Liga local con la incorporación de extranjeros de elite. Por allí pasaron, entre otros, el brasileño Romario, el ghanés Abedí Pelé, los hermanos holandeses De Boer, el español Fernando Hierro, el francés Marcel Desailly, el nigeriano Jay Jay Okocha y el argentino Claudio Caniggia. Ahora, a Qatar le llegó el momento de demostrar que de todos ellos aprendió…

 
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