La trascendencia de las palabras


Rosalía Moros De Borregales
rosymoros@gmail.com

La palabra que es un preciado tesoro, es el maravilloso don a través del cual nos comunicamos y expresamos los secretos de nuestra mente y de nuestro corazón. A través de la palabra el poeta derrama su alma, el escritor expresa sus pensamientos, el abogado proclama su sentencia y el maestro imparte sus lecciones. A través de la palabra bendecimos a nuestros hijos, levantamos su ánimo exaltando sus cualidades, damos esperanza; pero también podemos condenar y sembrar destrucción.

Es realmente preocupante el abuso de las palabras en el mundo de las comunicaciones. Palabras que son distorsionadas, palabras que, usadas fuera de contexto, van perdiendo su significado original. Palabras que se profieren sin percatarnos de su inmensa trascendencia. Palabras que son utilizadas ligeramente, pese a que contienen un gran poder destructor. Es así, como de repente para sorpresa nuestra, escuchamos en un programa infantil un -¡maldito seas!-, o un -¡idiota! O leemos en un artículo de prensa la amargura elevada a su máxima expresión. O escuchamos en un discurso insultos gratuitos hacia aquellos que disienten.

Es maravilloso cómo las palabras pueden tener un efecto tranquilizador, cómo pueden darnos confianza, hacernos reír en un momento de tristeza, devolvernos la esperanza cuando creemos que todo está perdido, sanarnos una herida del alma, liberarnos del rencor cuando proclamamos el perdón, hacernos reflexionar; en fin, sencillamente bendecirnos la vida. Y son estas palabras las menos habladas, las menos escuchadas, las que más escasean en nuestras vidas. Pareciera que nos pesa la lengua para decir un -¡buenos días!- o un -¡muchas gracias!- o expresar un cumplido a quien lo merece. Somos prontos para la crítica malsana, cuando lo bueno se nos queda atrapado en las gargantas.

La misma herramienta es usada para construir y para destruir, la diferencia está en quien la usa. Somos nosotros, individualmente, quienes decidimos que hacer con lo que Dios nos ha dado. Podemos bendecir, edificar, exhortar y consolar, o podemos maldecir, destruir y entristecer. Como dice un proverbio: “La lengua apacible es árbol de vida, pero la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu”. (Proverbios 15:4). ¡Es la misma lengua!

La diferencia está en la fuente que la alimenta. Como dijo Jesús: “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. (Mateo 12:34).

¡Las palabras tienen poder!  “La vida y la muerte están en poder de la lengua; y el que la ama, comerá de sus frutos”. (Proverbios 18:21)

rosymoros@gmail.com

Versión editada

 
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