Perón y Hitler también utilizaron los mecanismos de la democracia para llegar al Poder

HONOR A QUIEN HONOR MERECE

Manuel Caballero sostuvo un largo enamoramiento con la izquierda venezolana. Militó en el Partido Comunista y fue fundador del MAS. Pero por sobre todo fue un historiador, un prolífico escritor y, con su pluma, un incansable gladiador.

Manuel no fue de aquellos que se dejaron llevar en 1998 por la tentación ideológica. Conocedor como muy pocos de nuestra historia, reconoció de inmediato el autoritarismo militar que se ocultaba tras la candidatura de Hugo Chávez y, sin contemplación alguna, tomó partido por la opción que consideró tenía mayor posibilidad de derrotarla.

Su inesperada muerte acaecida esta misma semana, nos enluta y enluta al país. ABC de la semana ha querido recoger en esta excelente entrevista, publicada en agosto de este año y muy poco conocida, algo del anchísimo legado que nos deja Manuel Caballero como pensador político, como luchador democrático y como venezolano a carta cabal.

“Chávez agita el “fantasma de una guerra con Colombia para convertir el país en una fortaleza, es decir, en un cuartel, lo cual es la aspiración permanente de todos los militarismos”

“Chávez me ha enseñado tres cosas que le debo: que los partidos, como los individuos, suelen suicidarse; así ocurrió en 1998, entre corrupción y autofagia tan del gusto de las democracias. Segundo, que el pueblo sí se equivoca y varias veces y, tercero, cuán incapaces son los militares gobernando”.

“Ningún soldado venezolano ha salido a pelear una guerra desde todo el siglo XX a la fecha. No tengo duda de que el soldado venezolano pelee con valentía, si es el caso, no se pueden hacer predicciones; pero con la oficialidad actual no llegarán ni a la frontera antes de salir corriendo de regreso, como lo hizo su máximo jefe actual en las intentonas golpistas”, afirma el historiador venezolano Manuel Caballero, quien duda de que los mandos del ejército venezolano estén preparados para una guerra con Colombia tras la ruptura de relaciones bilaterales ordenada por el presidente Hugo Chávez por la denuncia de Bogotá ante la OEA de santuarios montados por la guerrilla de las FARC en Venezuela.

Caballero, de 79 años, miembro de la Academia Nacional de Historia, autor de una veintena de libros, entre ellos uno polémico titulado La peste militar, afirma en esta segunda parte de la entrevista con M Semanal que el conflicto binacional exalta el mal del militarismo, “que ha contaminado a fondo la sangre de los gobernantes venezolanos, y lo que es peor, de una parte nada desdeñable de la sociedad venezolana”. El nacionalismo que enarbola Chávez, “se expresa en su forma más agreste: la xenofobia, Colombia es ahora el plato favorito de los trogloditas militares y civiles”.

El ex director de la Escuela Nacional de Historia ilustra con un ejemplo cómo la tradición republicana del país caribeño ha sido socavada por el personalismo y el mesianismo militarista que ha llevado a Venezuela a la “crispación política permanente; el derroche de la riqueza petrolera y del culto a la personalidad” del gobernante: no sólo los miembros del a Fuerza Armada sino todos los funcionarios de todos los poderes han dejado de dirigirse al primer mandatario como Presidente de la República, sino con la exclamación “¡sí, mi comandante en jefe, ordene!”, emulando al líder cubano Fidel Castro. Junto con el conflicto con Colombia, Chávez, que siempre aparece en televisión rodeado de militares y seguidores uniformados de rojo, agita el “fantasma de una guerra con Colombia y de la invasión estadunidense para convertir el país en una fortaleza, es decir, en un cuartel, lo cual es la aspiración permanente de todos los militarismos”.

LA TRADICION PACIFISTA EN RIESGO

Afirma Caballero que “éramos un país que tuvo 100 años de guerra en todo el siglo XIX y a partir de 1903 hemos vivido un siglo sin guerra. Es una excepción en América Latina y en el mundo. En los años 80 definí al venezolano como un grupo social pacífico, sano, culto, urbano y democrático: esta conjunción para el perfil de un temperamento social nunca se habían dado a la vez en este país, pero señalé que no era seguro que siempre se diera así en el futuro. Algunas características han cambiado.

VFG: Aún así, Fidel Castro apoyó un fallido desembarco guerrillero en las costas venezolanas en los 60…

MC: La lucha armada que intentamos desatar desde la izquierda comunista en los años sesenta fue una guerrita sin mayor influencia en la vida del país (Caballero militó 18 años en el Partido Comunista, hasta que en 1970 fundó con Teodoro Petkoff el Movimiento al Socialismo, que abandonaron en 1998 por el apoyo de éste a Chávez). Lo asombroso en este momento es que Venezuela haya podido desarrollar una cultura democrática de tal magnitud que haya impedido que Chávez se convierta en un dictador. De 500 años de historia venezolana, 430 son terriblemente autoritarios, desde la época colonial hasta el resto de los 200 años republicanos, con excepción de los últimos 70 años. En Venezuela hay un rechazo a la guerra, el venezolano ni desata ni soporta una guerra.

“Fuimos una democracia ejemplar, con fuerzas armadas institucionales, partidos consolidados, elecciones limpias reconocidas por todo el mundo, un desarrollo económico con una buena política de inserción social. Eso es lo que se vino al suelo en 1998”.

VFG: ¿Desde cuándo considera que Venezuela ha sido democrática?

MC: A partir del 17 de diciembre 1935: con la muerte del dictador Juan Vicente Gómez (hombre fuerte de Venezuela de 1905 a 1935), quien también gustaba citar a Bolívar, como Chávez, se empieza a desarrollar un país democrático. Dos meses después de su muerte, una enorme manifestación el 14 de febrero de 1936 hace torcer el rumbo del gobierno y ampliar las libertades democráticas. Desde entonces, la sociedad venezolana nunca ha dejado de ser democrática.

VFG: ¿Y dónde queda la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez?

MC: No hablo de gobiernos democráticos, sino de una sociedad democrática. Además, la característica del gobierno del general Pérez Jiménez (juzgado en 1963 y encarcelado hasta 1968; murió en España, en 2001) es que fue la tiranía personal más corta de la historia de Venezuela. Duró cinco años nada más, de 1952 al 23 de enero de 1958. La república civil se inaugura en 1959, con la entronización de Rómulo Betancourt, quien enfrentó más de 20 intentonas golpistas.

VFG: Chávez insiste en que se ha sometido a las urnas varias ocasiones y que buscará reelegirse las veces que sean necesarias.

MC: En el fondo hay un segmento del electorado que sufre de la nostalgia por la dictadura y del seno materno autoritario de la cultura venezolana. Tenemos una carga autoritaria tan grande desde la fundación de la república que lo asombroso es que en tan poco tiempo se haya desarrollado una cultura democrática única.

VFG: ¿Cómo se manifiesta esa tradición democrática y pacífica bajo el mandato de Chávez?

MC: Son más de cuatro millones de personas que han votado sistemáticamente contra Chávez en una década, no sólo con voto secreto, sino firmando; una vez fueron descartadas sus firmas y volvieron a firmar en el referéndum revocatorio de 2004, y otro tanto logró vencerlo en el primer referéndum que le dijo no a la reelección sin límite de veces, en diciembre de 2007, con la que Chávez pretende gobernar hasta 2021 y más. Se necesita una enorme voluntad de afirmación democrática y un coraje que no es fácil que se dé en esos números masivos.

VFG: ¿Cómo explica el ascenso de la figura militarista de Chávez?

MC: La gente que ha elegido a Chávez desde 1998, no toda, por supuesto, pero una parte sustancial del chavismo que sigue apoyándolo hoy, no lo hace por rabia, por frustración, por voto de castigo o porque tenga un buen gobierno, aunque exista quien tenga ese perfil; la mayoría de la gente que sigue apoyando a Chávez no lo hace porque sea un buen gobernante sino porque es militar y esta gente quiere ser redimida por un régimen militar.

VFG: Parece un contrasentido en una tradición democrática…

MC: No tenemos la exclusividad mundial de que siendo una sociedad democrática apoyemos el militarismo: lo que era una potencia latinoamericana a principios del siglo XX celebró, incluyendo a la izquierda, al general Juan Domingo Perón y el pueblo más filosófico de Europa eligió a Hitler. Los tres llegaron utilizando los mecanismos de la democracia. Sin olvidar que Chávez dio un golpe de Estado el cuatro de febrero de 1992 para implantar un régimen militar sin ningún disimulo y logró después el poder por las urnas. Todos llevamos por dentro un pequeño tirano. Pese a eso, hay en el carácter venezolano el combate entre esas dos tendencias. Lo asombroso es que se haya desarrollado una cultura demócrata tan fuerte en tensión permanente con el autoritarismo.

VFG: ¿Y cuál es la base de la paz venezolana?

MC: Por una parte los gobiernos civiles y por otra la riqueza petrolera que ha podido limar las asperezas sociales y complacer a mucha gente. Esos dos factores han permitido desarrollar la paz social en estos últimos 50 años. La otra tendencia, la autoritaria, sobrevive, y por eso aparece un Chávez.

VFG: Aparte del reparto social de la renta petrolera, ¿qué otra cosa soporta a Chávez?

MC: Chávez me ha enseñado tres cosas que le debo: que los partidos, como los individuos, suelen suicidarse; así ocurrió en 1998, entre corrupción y autofagia tan del gusto de las democracias. Segundo, que el pueblo sí se equivoca y varias veces y, tercero, cuán incapaces son los militares gobernando.

VFG: ¿Cuál es la tesis principal de su libro La peste militar, sobre el fenómeno de los uniformados en todas las esferas del poder en Venezuela?

MC: La peste militar se puede resumir en una sentencia: los militares derrotaron con las armas a Chávez en 1992 y los civiles lo ha elegido con votos desde 1998. Siempre está presente esa contradicción en Venezuela, en la que se junta la tradición autoritaria con el derrumbe de las instituciones y los partidos políticos, que dejaron de ser partidos doctrinarios, socialdemócratas o democristianos, para convertirse en partidos de gestión; sobre todo por la democratización de la corrupción a través del clientelismo político.

VFG: ¿Cómo lograron imponerse los militares a una sociedad democrática?

MC: La democracia logra imponerse a los 25 años de establecida. Fuimos una democracia ejemplar, con fuerzas armadas institucionales, partidos consolidados, elecciones limpias reconocidas por todo el mundo, un desarrollo económico con una buena política de inserción social. Eso es lo que se vino al suelo en 1998. Lo curioso es que cuando todo eso está consolidado a principios de los años 70 y se puede aprovechar el boom petrolero, a raíz de la guerra en Medio Oriente, sencillamente nos volvimos locos, no sólo los gobernantes: los intelectuales más ambiciosos pensaban que se podía pasar del Tercer Mundo al Primer Mundo de la noche a la mañana. No se supo manejar la abundancia, que se esfumó. El padre de la OPEP, Pablo Pérez Alfonso, dijo que no teníamos estómago para digerir la riqueza petrolera que ingresaría en ese boom, similar al que Chávez disfrutó hasta la crisis de 2009.

VFG: ¿Es una expresión de lo que usted llama “la mentalidad de buitre” en los venezolanos?

MC: Esa mentalidad comenzó a partir de la primera guerra mundial, antes de la aparición del petróleo el 31 de julio de 1914, cuando la explosión a flor de tierra del Pozo Zumaque; en pleno estallido de la Primera Guerra Mundial, cuando los venezolanos nos volvimos buitres de los cadáveres de otras latitudes gracias a los elevados precios del crudo. Lo de la mentalidad de buitres aparece desde que el dictador Gómez, a pesar de sus simpatías por Alemania, declara la neutralidad absoluta; se convierte así en aprovechador de las guerras ajenas hasta que en 1917 comienzan a llegar las inversiones petroleras.

VFG: ¿De dónde procede el núcleo duro del chavismo?

MC: Antes y después de elecciones el chavismo mantiene un núcleo duro de 30 por ciento; en su luna de miel llegó a 60 por ciento, pero sin considerar que 60 por ciento de los electores no vota. El voto chavista sale de la clase media empobrecida y frustrada que estaba acostumbrada a viajar a Miami cada fin de semana, los ‘todo barato, dame dos’. Cuando esto se vino abajo quedó más orillada, pasando del odio a determinados políticos al odio de todos los políticos y de allí al odio a toda política. Es el nacimiento de la anti-política; primero estuvieron a punto de elegir a un ex reina mundial de belleza y luego vino la entronización de un militar: Hugo Chávez.

 
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