¡Todos perderemos todo!

Claudio Nazoa

Claudio Nazoa

Por el futuro,/ por las víctimas de la brutalidad,/ por quienes aún están ciegos y tienen miedo,/ pero sobre todo… / por nuestros hijos…

Esto fue publicado hace unos años y aún tiene vigencia. El general Baduel estaba a punto de ser ministro de Defensa, lástima que en su momento no leyó este artículo. Perdonen el refrito, pero 11 años no se recuperan en 18 meses. No debemos cerrar los ojos otra vez.

Jamás olvidaré una escena de la película El último emperador, en la cual el monarca, ya viejo y convertido en jardinero por la revolución cultural china, ve pasar a un grupo de prisioneros vestidos de gris con un humillante letrero colgado al cuello en el que se podía leer el supuesto delito cometido.

Delito como creer en otra religión, poseer libros diferentes a El Libro Rojo de Mao, besarse en público o tener una máquina de escribir. Cualquier cosa que no fuera adorar a Mao Tse-Tung era razón suficiente para ser encarcelado y humillado públicamente.

En la película, el emperador gira tímidamente su rostro hacia una multitud de fanáticos que injuriaban y golpeaban a los infelices que venían amarrados. Cuál no sería su sorpresa al reconocer entre los detenidos al esbirro principal de cuando él fue también hecho preso, humillado y despojado de los más mínimos derechos que puede tener un ser humano.

El par de segundos que dura el cruce de miradas entre el último emperador y el antiguo esbirro torturador puede ocurrir pronto entre los venezolanos, si no nos unimos, no contra el Gobierno, sino a favor de nosotros mismos.

Me gustaría que en un acto de objetividad y sinceridad, las personas que apoyan al Gobierno reflexionen. El llamado es para aquellos honestos que tienen una pequeña finca, una casa en la playa o un apartamento logrado con trabajo y esfuerzo.

El llamado también es para los obreros que tienen buenos empleos en empresas serias, para los trabajadores del campo que laboran con patrones responsables y para algunos intelectuales y artistas que de buena fe apoyan al Gobierno.

Sincérense con ustedes mismos, háganse la siguiente pregunta y respóndanla íntimamente: ¿Podría yo vivir como lo hacen los cubanos en su tierra, sin ningún tipo de privilegio como aspirar a tener una casa, un carro o internet? Las revoluciones no perdonan. Recuerden lo que ocurrió con los actores de la francesa, no olviden a Stalin, a Pol Pot en Camboya, a Kim Il Sung en Corea del Norte, a Mao Tse-Tung y a su esposa en China, a los esposos Ceausescu en Rumania; todos estos criminales asesinaron mucha más gente que Hitler. Las revoluciones son como las viudas negras: arañas que matan a sus consortes después que los utilizan para copular.

Los que hoy persiguen, serán perseguidos; los que hoy jalan bola y sapean, mañana dirán que no sabían cómo eran las cosas.

Todavía estamos a tiempo; lo primero es no ser indiferentes a los ataques que sufren otros; no se entreguen ni se desanimen, no se queden callados, no tengan miedo. Piensen que hemos tenido un país que cometió errores y que muchos sinvergüenzas nos gobernaron, pero era un país donde cabíamos todos.

Queda poco tiempo… pero queda. No nos caigamos a embustes. La cosa es difícil, pero todavía se puede hacer algo.

Volvamos a la calle con optimismo, fe y sin miedo porque si no ¡todos perderemos todo! …hasta ellos, cuando caigan en desgracia y ya no los necesiten.

Piénsenlo, no vaya a ser que nos pase como al último emperador.

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