ATAJO Y RESISTENCIA


Vicente Díaz
vicented@cantv.net

Nos encanta un atajo. Una forma de llegar más rápido al destino, de abreviar el camino. Colearse por el hombrillo, para adelantar el tráfico; buscar un “contacto”, para saltarse el procedimiento; pagar una comisión, para ganar un contrato.

El atajo es nefasto en todos los ámbitos. El atajo en política es una lotería criminal.

El atajo llevó, en febrero del 92, al Presidente actual a tratar con un golpe de Estado hacerse del poder en lugar de dedicarse a fundar un partido y competir por el favor popular. Fracasó.

En abril de 2002, el atajo llevó a que la legítima resistencia de una población frente a políticas de gobierno percibidas como dañinas, deviniera de la mano de oportunistas reñidos con los partidos y voceros de la antipolítica, en un golpe de Estado fugaz que marcó la vida nacional.

En ese diciembre, el atajo condujo a que una dirigencia de nuevo no partidista intentara sacar del poder a Chávez mediante el recurso de una huelga indefinida, a pesar de estar en marcha un proceso de negociación supervisado por la OEA y encabezado por José Vicente Rangel y Alejandro Armas, en representación de Gobierno y oposición respectivamente.

El atajo produjo la plaza Altamira, y llevó al boicot electoral de 2005 que procuraba la deslegitimación del Gobierno. La suma de atajos terminó en la casi desaparición del movimiento (no así del sentimiento) opositor. Para abril de 2006, la oposición tenía cero diputados en la Asamblea, sólo dos gobernaciones y un abrumador rechazo hacia su dirigencia. Un puñado de personas dentro y fuera de los partidos se dedicó a trabajar para reconciliar al país con su principal derecho y herramienta… el voto.

Cuatro años después el país cuenta con una realidad política diferente: electoralmente empatados, con los estados y ciudades más grandes y más de un tercio del Parlamento, en manos de la oposición.

Hoy todo el mundo sabe, y especialmente el Gobierno, que el Presidente es electoralmente derrotable.  El Gobierno sabe que no puede ir al 2012 en las mismas condiciones que a las últimas parlamentarias.

Allí se aplicó a fondo y no logró el triunfo deseado. Por eso, intentará cambiar esa realidad. Maniatando Asamblea y gobernaciones, con el cerco a canales de expresión, la modificación de reglas del juego, atemorizando fuentes de financiamiento. Y tratando de que la oposición retome el camino de los atajos que tanto daño les hizo.

La radicalización está pensada para tratar de ganar siempre. Si se desesperan y se van a los atajos, gana. Si se mantienen solo con la mirada en 2012, profundiza, les cambia el país, y gana también.

Una acción inteligente sería ejercer la protesta democrática, retomar la iniciativa y alejarse de los atajos.

 
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