Cap: la verdadera revolución

Yván Serra Díaz

Periscopio

Yván Serra Díaz
yvanserra@gmail.com

Pasé mi juventud considerando a Carlos Andrés Pérez como uno de los peores males que pudo haber pasado por este país. Su paso por la presidencia en el período 1973 – 1978 representó para mí una política de despilfarro y corrupción. Años después reflexiono sobre ese primer gobierno: era un hombre de su tiempo. No podía hacer otra cosa que la que dictaban las voces más autorizadas del mundo en cuanto a que hacer desde el gobierno para desarrollar a Venezuela.

Carlos Andrés Pérez

Si recordamos, el planteamiento económico imperante en América Latina era la que dictaba la Cepal de Raúl Prebisch. Desde una perspectiva Keynesiana ponía el acento en el papel del gasto público como eje dinamizador de la economía y el rol del Estado en la promoción del desarrollo. La fortuna quiso que para esa tarea contara con la mayor cantidad de recursos que hubiera tenido Venezuela en toda su historia. Corpoindustria y Foncrei, para el financiamiento industrial, Bandagro, para el agrícola, las empresas de Guayana y el Fondo de Inversiones de Venezuela para desarrollar al estado empresario, la nacionalización del petróleo y el hierro, dieron cuenta de que Venezuela podía contar con unas instituciones para manejar nuestros principales recursos. Carlos Andrés asumió la tarea con entusiasmo. Con Gumersindo Rodríguez desarrolló la idea de la Gran Venezuela. Los efectos negativos que pudieran haber traído sus políticas las conoció el mundo mucho después, cuando todas las economías latinoamericanas dejaban ver que el excesivo rol que jugó el Estado tenía un precio en inflación y estancamiento económico.

Fue en su segundo gobierno donde Pérez asumió la tarea de la transformación de la República. Falsamente calificado como neoliberal, trató de darle al Estado su verdadero rol como árbitro de la economía, más que un jugador activo. Desmontó un obsoleto régimen de controles que frenaba la competitividad de las empresas, eliminó un ineficiente sistema de subsidios indirectos, y sinceró los precios de los servicios públicos. Promovió la descentralización al impulsar la elección directa de gobernadores y alcaldes y la Ley Orgánica de Descentralización y Transferencias del Poder Público.

Su segundo gobierno fue de un verdadero impulso revolucionario. Su objetivo era desarmar la partidocracia, darle poder a la gente y abrirle paso a una economía en la que fuese el sector privado quien dictara la pauta. Pero su programa de reforma nació con un plomo en el ala. Los sucesos del 27 y 28 de febrero de 1989 a menos de un mes de iniciado su gobierno y la forma como se enfrentó la ola de saqueos populares y la protesta lo enajenó del fervor popular.

Luego los golpes militares del año 92 minaron la confianza en él y permitieron que resentidos políticos y líderes de su propio partido conspiraran para su derrocamiento. Su partido Acción Democrática de la mano de Alfaro Ucero, terminó de dar la estocada al avalar el juicio en su contra y aprobar su destitución por el Congreso.

Carlos Andrés Pérez fue finalmente condenado. Los delincuentes del 92 se hicieron con el poder. Murió desterrado quien impulsara desde la presidencia una Venezuela de progreso.

Concluyo con una conversación que imagino, pero que ciertamente pudo ocurrir: leída la ponencia el magistrado concluye que no hay pruebas contra Carlos Andrés Pérez y por tanto es inocente. Se miran los magistrados, toma la palabra la presidente de la Corte Suprema de Justicia y comenta: “Okey es inocente, pero ahora me dirán cómo justificamos ante el país que hayamos destituido a un presidente, como le justificamos su presidio y la pérdida de confianza en las instituciones. Quien creerá en nosotros de ahora en adelante. No colegas, Pérez tiene que ser culpable. Una condena que sea solo algo mayor que el tiempo que ha estado preso, será suficiente”. Los magistrados vuelven a mirarse y con gestos de resignación acuerdan el cambio de la sentencia.

Politólogo

 
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