Democracia participativa y nueva Asamblea


Fernando Luis Egaña

La vocería oficialista no se cansa de invocar el concepto de la “democracia participativa” como uno de los grandes “logros de la revolución”. Y en estos mismos días en que se expresan innumerables opiniones sobre el recién fallecido presidente Pérez, los espadachines rojos lo pretenden vituperar en tanto figura de la “democracia representativa”, mientras que ellos, con Chávez a la cabeza, lo serían de una fase superior o la participativa democracia….

Sin embargo, lo que está ocurriendo con la aún por instalarse Asamblea Nacional (2010-2015), reitera hasta la enésima potencia el verdadero valor que la llamada “revolución” le concede a la participación democrática, esto es el acceso plural de la diversidad de sectores y parcialidades a los procesos de decisión: ninguno, cero, naiboa…

Y no satisfechos con haber vaciado de contenido práctico a las disposiciones constitucionales que se orientaban en el sentido participativo, han ido más allá y proclaman, sin ningún pudor, que la presencia de partidos políticos no-oficialistas en los ámbitos del Estado es un peligro desestabilizador que debe ser conjurado sin miramientos…

En el caso de la nueva Asamblea Nacional, lo único que falta es que le pongan un candado a los portones del Capitolio y declaren un asueto indefinido de las labores parlamentarias. Lo que de facto han llevado a cabo a través de la Ley Habilitante o delegación legislativa ilimitada, con el remate del “nuevo” reglamento interno que reduce al mínimo minimorum la posibilidad, oh sorpresa, de participación democrática de los 65 diputados que no portan boina-colorá.

Con su acostumbrada belicosidad, la diputada Iris Varela acaba de cuasi-estrenar su tercer período consecutivo en la Legislatura, declarando que la oposición no podrá hacer nada en la misma. ¿Podrá concebirse un desprecio mayor a la idea de participación? Quizá no desde la dimensión retórica, pero desde la realidad de los hechos la burla hacia el modelo participativo de la democracia se ha convertido en el santo y seña del proceder oficial, y no estos tiempos que corren sino desde 1999.

Será al alimón

La directiva-designada de la Asamblea, encabezada por el arcaico comunista Luis F. Soto Rojas, ya dispara en ese exacto sentido de sectarismo avasallante, en el que la mera posibilidad de participación del contrario es considerada como una tentativa de conspiración contra-revolucionaria. Cuando estos jerarcas hablan de “radicalización”, lo que quieren decir es que el opositor, por el hecho de serlo, merece ser anulado políticamente.

Y sin embargo, el libreto miraflorino continúa destacando a la “democracia participativa” como una conquista principal de la pretendida revolución. El asalto por etapas a la Asamblea elegida el 26-S le echa más tierra a la sepultura de esa expectativa nacional, secuestrada primero y ejecutada después por la nomeklatura imperante.

De allí que el renacimiento de la democracia, para usar la expresión del gran Manuel Caballero, deberá relanzar, al alimón, la dimensión participativa y también la representativa del modelo democrático. No se sabe cuándo, pero sí que así será.

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