VENEZUELA retratada por Wikileaks

El presidente Chávez en la inauguración de una arepera socialista

David González

Los cables filtrados a los más grandes medios impresos del mundo permiten armar un rompecabezas: cómo es, formalismos diplomáticos aparte, la visión de Estados Unidos sobre la situación interna del país

Sardinas con revoltillo

Puede que los empleados de la arepera socialista de Parque Central no advirtieran su presencia, pero el 8 de enero de 2010 oficiales de la Embajada de Estados Unidos en Caracas hicieron la fila dentro del local como cualquier otro cliente.

Ocurrió dos semanas después de la inauguración del establecimiento, un acto al que el presidente Hugo Chávez le agregó su toque cuando cantó música llanera y anunció que la arepa estrella sería la de sardinas con revoltillo, combinación poco ortodoxa para los acostumbrados a las “pelúas” y a las “sifrinas” o a las “reinas pepiadas”, nombre respetado en los mostradores revolucionarios a pesar de su connotación monárquica.

El resultado de la visita de los funcionarios estadounidenses fue registrado en un documento titulado con malicia: “Haciendo al socialismo más fácil de tragar”. Los oficiales dejaron constancia de su sorpresa por la velocidad con la que se atendía “la larga hilera de personas que esperaban para entrar al establecimiento”.

Conversaron con un comprador contento por el precio y la calidad, y repararon en la presencia de los voluntarios del Ministerio de Comercio que laboraban ese día. El reporte fue clasificado como “confidencial”, aunque un lector podría ubicarlo como un híbrido entre la crónica de ciudad y el análisis político. El texto es el reflejo del trabajo de la Cancillería estadounidense por descifrar el pulso del proceso político nacional ­nada fácil de seguir para propios y extraños­ incluso a través de la radiografía de una relación ideológica-gastronómica: la de un restaurante de “Venezuelan-style corn meal tortillas” (arepas) con el socialismo de Chávez.

Las goteras del Régimen

El cable fue uno del total de 250.000 que Wikileaks entregó a 5 de los más influyentes medios impresos del mundo: The New York Times (Estados Unidos); The Guardian (Reino Unido); Der Spiegel (Alemania); Le Monde (Francia) y El País (España). Los diarios se han dado banquete al construir, con los primeros 2.000 cables, una fotografía de alta resolución de los poderosos del mundo cuando están más allá de las cámaras de televisión. No por casualidad sino por interés noticioso, se han dedicado páginas enteras a los nuevos juegos de poder internacional de la Venezuela de la era Chávez. El archivo develado, sin embargo, también es una fuente que permite navegar en un ángulo menos explorado por las grandes salas de redacción norteamericanas y europeas: cuál es y cómo se construye, formalismos aparte, la visión de Estados Unidos sobre el país.

Hasta la apertura de una arepera pública es un elemento relevante para comprender de qué se trata el socialismo del siglo XXI. Un siquiatra igualmente puede dar referencias útiles: si fue noticia que Hillary Clinton, secretaria de Estado, pidió evidencias sobre la salud mental de la presidenta argentina Cristina Kirchner, también puede serlo que diplomáticos estadounidenses redactaron un exhaustivo cable con un análisis de la personalidad de Chávez después de una entrevista con un reconocido psiquiatra venezolano. Tampoco es poca cosa saber que personal de la embajada ha manifestado al Gobierno federal su preocupación por la efectividad de la campaña negativa del Gobierno venezolano contra la imagen del “Imperio”; es decir: de Estados Unidos.

Pero fuera del mundo político, de los cables se desprende una imagen caótica de Pdvsa: fallas de controles de calidad, desinversión, retrocesos del servicio y falseamiento de las estadísticas de producción aparecen como pinceladas de una situación difícil. Lo que funcionarios de la corporación y del Ministerio de Energía y Minas no le han dicho al público venezolano, se lo han comunicado a oficiales del servicio exterior de Estados Unidos incluso en oportunidades, no tan triviales, como las citas para pedir la visa norteamericana. Hasta el propio embajador, Patrick Duddy, ha recibido en la costa oriental del lago de Maracaibo informes de primera mano sobre los retrocesos sufridos por la mayor corporación del país. Entre los escenarios que manejó la embajada con respecto a Venezuela no se descartaba un sacudón por las tensiones sociales acumuladas en la década. Todo está en Wikileaks.

Lupa política.

El socialismo de Chávez es el gran tema bajo la lupa estadounidense. Un reporte confidencial, escrito el 16 de junio de 2009, fue titulado “Los 10 principios del chavismo”.

Condensa un análisis según el cual el proyecto presidencial carece de “consistencia ideológica” y evidencia un “creciente autoritarismo”. El texto indica que el jefe del Estado busca “un liderazgo no cuestionado, indefinido y con mayor concentración de poder”.

El cable fue escrito en un contexto que conviene recordar: Globovisión, televisora crítica del Gobierno, había recibido una multimillonaria sanción del Seniat; la Asamblea Nacional fraguaba la reforma de la ley electoral que 15 meses después permitió a los partidarios del Gobierno ganar la mayoría de los curules sin tener la mayoría de los votos; y voceros oficiales en Caracas y Washington declaraban que trabajaban para restablecer sus embajadores después de la crisis surgida en septiembre de 2008 cuando Patrick Duddy fue declarado persona non grata.

Si se repasa el decálogo, se puede obtener una visión global de lo que funcionarios estadounidenses consideran elementos de la fórmula bolivariana. Los principios se explican por sí mismos: 1) Sólo hay un líder grande e indispensable. 2) Centraliza el poder. 3) Crea enemigos internos y externos. 4) Polariza. 5) Insiste en sus credenciales democráticas. 6) Premia la lealtad sobre la competencia. 7) Reprime selectivamente. 8) Constituye estructuras paralelas. 9) Iguala el partido al Estado. 10) Monopoliza el nacionalismo. Como corolario, se admite que Venezuela se convirtió en un competidor “activo y difícil de controlar”, ya sea “entregando armas a las FARC”, “enviando maletines de dinero a la campaña de Kichnner” o “exportando elementos del chavismo a los países de la Alternativa Bolivariana para América”.

Esa competitividad ha tenido efectos desconcertantes para los estadounidenses. En un cable confidencial del 26 de marzo de 2008, la embajada pidió apoyo a la Secretaría de Estado porque el gobierno de Chávez “ha tenido cierto éxito” en la campaña de descrédito contra Estados Unidos. Para la fecha, la imagen positiva del país norteamericano había alcanzado “un mínimo histórico de 31%”. Un verdadero desplome si se compara con los índices de popularidad de finales de los noventa, cuando rondaban 65%. El objetivo venezolano se había logrado, según el autor, después de “varios años de ataques diarios y bien fundamentados”. Cuando fue escrito el cable, apenas comenzaba a apaciguarse la crisis que involucró a Venezuela, Ecuador y Colombia luego de que Raúl Reyes, uno de los jefes de las FARC, fue ultimado en territorio ecuatoriano.

Otro cable muestra las dificultades de la cooperación entre el Gobierno venezolano y el estadounidense. Según el texto, servicios de inteligencia venezolanos lograron infiltrar los equipos de la DEA, agencia antidrogas norteamericana, para interceptar los correos electrónicos de la Embajada de Estados Unidos. En 2005, la DEA fue expulsada del país, acusada de espionaje por el Gobierno de Chávez.

De psiquiatra.

Otros esfuerzos por comprender el proceso venezolano quedaron reflejados en un cable del 22 de marzo de 2006. El entonces embajador en Caracas, William Brownfield, reconoció que la personalidad de Chávez “tendrá impacto” en la manera como Venezuela “será gobernada”. Fue la conclusión de un reporte basado en una entrevista de oficiales de la sección política con el psiquiatra Roberto de Vries. Éste hizo un diagnóstico del que surgieron defectos y atributos de Chávez: narcisismo, miedo al rechazo y al anonimato, así como pragmatismo político e inteligencia emocional, entre otros. Pero una idea principal quedó clara: su liderazgo tenía base en el sentimiento de rabia de los pobres. Aunque no aparecía el término socialismo en el informe, ya comenzaba a crecer como una bola de nieve en la opinión pública, a nueve meses de las elecciones presidenciales que Chávez le ganó al ex gobernador del Zulia, Manuel Rosales.

La iniciativa de inaugurar una arepera fue vista por los funcionarios como un esfuerzo por presentar una opción frente al mercado privado y sus cadenas de comida rápida, pero además se le percibió como una “fórmula rápida y fácil” de vender el socialismo antes de las elecciones parlamentarias de 2010 en un contexto de “alta inflación, racionamientos de agua y electricidad, y fallas de los servicios públicos”. Hace 2 semanas, en la celebración del primer aniversario del restaurante, Chávez pidió a sus ministros instalar 2.000 ó 3.000 locales más. Lo hizo en medio de la crisis de vivienda agravada por las lluvias y del acelerón legislativo ­”golpe de Estado”, según la oposición­ para imponer su modelo político.

Un ojo económico.

Los diplomáticos estadounidenses no han dejado de seguirle el rastro a Pdvsa. Los cables dejan constancia de sus contactos con fuentes ligadas a la industria y al ministerio. Un reporte del 6 de enero de 2010 analizó los niveles de operatividad de la Corporación. Se citó a un funcionario venezolano que señaló que el año anterior había sido “el de menor actividad que había visto en 25 años”. La empresa atravesó en 2009 una encrucijada ocasionada, entre otras razones, por la baja de los precios petroleros, por las deudas acumuladas con proveedores y por el impacto de la estatización de más de 70 compañías de servicios. Un funcionario ministerial, identificado en la cita para la obtención de la visa norteamericana, fue mencionado en otro cable que desmiente que la producción venezolana supera los 3 millones de barriles diarios. Según éste, la estadística está inflada e incluso se contabilizaba petróleo por partida doble que es exportado crudo y reexportado ya refinado.

La gestión comercial también está afectada. Un reporte del 17 de diciembre de 2009 mencionó a un funcionario de la industria que admitió la existencia de frecuentes “problemas de control de calidad” que generaban pérdidas. Y otra fuente señaló, como quedó reflejado en un reporte del 26 de febrero de 2010, que había funcionarios venezolanos “extremadamente molestos” porque compañías chinas revendieron petróleo a terceros comprado apenas a 5 dólares por barril.

Patrick Duddy viajó en octubre de 2009 a la costa oriental del lago de Maracaibo, en Zulia.

Fue una de sus primeras gestiones luego de superada la crisis diplomática por la que debió salir del país. Allí se reunió con ejecutivos de la multinacional estadounidense Chevron, socio de Pdvsa, en las empresas mixtas Petroboscan y Petroindependiente. Voceros de la corporación le señalaron que, pese a que no estaban aportando nuevos fondos, ambos negocios dejaban ganancias. El Estado venezolano les permitía llevarse barriles de crudo directamente a Alabama donde eran procesados: una ecuación perfecta en tiempos revolucionarios. Los ejecutivos de Baker Hughes, una empresa de servicios, se quejaron de la deuda de más 100 millones de dólares de Pdvsa y dijeron que tampoco estaban dispuestos a invertir más dinero en el país. Los voceros de la compañía también advirtieron sobre la desmejora de la calidad de las compañías que fueron expropiadas en la región zuliana en mayo: calificaron de “terrible”, por ejemplo, el mantenimiento y las condiciones de seguridad de una embarcación que los trasladó a un área operativa en el lago de Maracaibo.

Perspectiva social.

Los problemas sociales también fueron tomados en cuenta en los análisis de los diplomáticos. Un reporte del 22 de enero de 2010 se paseó por los escenarios económicos esperados para ese año. Se habló en el texto de la “explosión de la burbuja venezolana”, debido al desplome de los precios petroleros que permitieron la bonanza entre 2004 y 2008. No se dejó de mencionar la profusión de “protestas de pequeña escala”, que fueron relacionadas, entre otros, con problemas de infraestructura. Citaron a un economista político que advirtió que existían condiciones tales que podían originar “protestas más generalizadas” que las ocurridas durante “el Caracazo” de 1989. Sin embargo, en el texto se agregó que la fuente había aclarado que no había manera de predecir “si eso efectivamente iba ocurrir”.

En el cable se citaba información sobre el “declive de los programas sociales”, y sobre el descontento creado por los problemas de agua y electricidad del año pasado. Chávez, con las primeras filtraciones de Wikileaks, celebró y se anticipó a pedirle la renuncia a Hillary Clinton, pero poco ha dicho sobre otros documentos que bien podrían ser incómodos para la revolución.
Fuente: @el-nacional

 
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