La hipocresía del béisbol

Mark McGwire, décimo entre los jonroneros, sumó 115 votos (19.8%) en su quinta presentación.

MARINO MARTÍNEZ PERAZA
mmartinez@elnuevoherald.com

Estamos en contra del uso de los esteroides en los deportes. Creemos que los peloteros que lo consuman deben ser sancionados y en casos de repetición ser suspendidos de por vida.

Pero no estamos de acuerdo en que los periodistas con derecho al voto para Cooperstown castiguen a los peloteros que cometieron dichos errores en una etapa del deporte donde los esteroides no estaban sancionados.

Rafael Palmeiro recibió 64 votos (11%) teniendo una de las mejores estadísticas en Grandes Ligas. Es uno de los cuatro bateadores con más de 500 jonrones (569) y 3.000 hits (3020).

Por sus números, merecía ser elegido en su primera votación. ¿Por qué fue rechazado? Al habanero lo persigue un temible fantasma: esteroides.

En un momento que nadie olvida, el pelotero negó el uso de esteroides durante una audiencia en el Congreso (2005). Meses después dio positivo y se lo atribuyó a una inyección de vitamina B-12 que le dio Miguel Tejada. El cubano mantiene su inocencia.

Juan González, con números respetables, sólo recibió 30 votos. ¿Por qué? Sospecha de usar esteroides. Pero González no dio positivo. ¿Cómo es posible que se castigue a un atleta que no se la comprobado culpabilidad?

Mark McGwire, décimo entre los jonroneros, sumó 115 votos (19.8%) en su quinta presentación. ¿Razón? Admitir el uso de esteroides.

Existen seis puntos que queremos mencionar para comprender mejor el controversial tema de los peloteros que están siendo rechazados por el uso o sospecha de esteroides.

Primero: Los esteroides no estaban prohibidos cuando algunos de estos jugadores supuestamente lo utilizaron. Por lo cual, no infringieron leyes, más bien hicieron lo que las propias autoridades deportivas permitían hacer.

Segundo: La MLB estaba consciente de lo que sucedía alrededor de los esteroides y jamás mencionó nada hasta que la bomba explotó por medio de individuos sin escrúpulos en busca del dinero y la fama que habían perdido.

¿Cómo iban a decirlo cuando el espectáculo de jonrones entre Sammy Sosa (66) y Mark McGwire (70) en 1998 convenía económicamente a la MLB. Si se van a castigar a los peloteros que utilizaron esteroides cuando no eran sancionados, entonces se debería castigar al propio comisionado que siendo el encargado de velar por los mejores intereses éticos de este deporte viró la espalda a sus deberes y se convirtió en cómplice del supuesto pecado. Pero el comisionado es casi intocable al ser afín a los intereses de la mayoría de los propietarios de equipos.

Tercero: La situación lo sabía el Sindicato de Jugadores, pero también querían los jonrones.

Cuarto: Los entrenadores de bateo lo conocían, pero no les interesaba pues al conectar más jonrones sus pupilos, ellos podían solicitar más dinero y ser más cotizados como instructores en la MLB.

Quinto: El uso de esteroides lo conocían muchos managers, dirigentes y dueños de equipos.

Sexto: Un gran número de periodistas que hoy castigan a Palmeiro, González y McGwire, también conocían del problema al estar muy cerca de los peloteros en los juegos y clubhouses.

¿Qué hicieron? Se callaron y no cumplieron con el deber periodístico de informar a los lectores. ¿Cuántos periodistas cumplieron su deber? Ahora, muchos de ellos que no tuvieron el coraje de decir lo que sucedía, son los que castigan con juicios morales a peloteros que escribieron historia en el deporte de las bolas y los strikes.

En medio de tanta falsedad surgen otras preguntas: ¿Por qué castigar a peloteros que utilizaron métodos incorrectos, pero que no estaban sancionados? ¿Dónde está la famosa lista de 103 peloteros que dieron positivo? Luce enterrada, al parecer porque no conviene mencionar algunos de sus nombres.

¿Por qué no se señalan a todos los que conocían del problema y se callaron? La complicidad también es un delito y los hace culpables.

Si Palmeiro, González y los restantes sospechosos como Barry Bonds, Roger Clemens y Sammy Sosa, se determina que son indignos de estar en el Nicho de los Inmortales, entonces sus nombres deben ser excluidos. De lo contrario, se debería eliminar las barreras por sospechas o por usar sustancias que no estaban sancionadas.

Jugadores como Bonds, Palmeiro, McGwire, Sosa y González están ubicados entre los mejores peloteros de todos los tiempos, con o sin esteroides.

Cuando se le niega el voto a un jugador con méritos, esto demuestra que el sistema de votación no es el indicado. Sabemos que es un voto libre en una sociedad libre. Pero en un deporte de estadísticas como el béisbol, deberían existir parámetros que indiquen cuándo un pelotero debe ser elegido en base a su rendimiento por la posición que ocupó y por sus temporadas.

Al no existir dichos parámetros se cometen injusticias, pues muchos de los periodistas (seres humanos imperfectos) votan por lo que sienten, y en incontables ocasiones se ha demostrado que lo hacen por nacionalidad y preferencias de jugadores.

Si no fuera así… ¿Se podría justificar que Roberto Alomar haya superado de un año a otro casi el 17% de la votación?

¿Acaso sus méritos no eran los mismos en el 2010 que en el 2011? ¿Y los atributos de Bert Bryleven que ingresó en su oportunidad número 15. ¿Cuál es la diferencia en sus estadísticas entre el 2011 y las 14 votaciones anteriores?

Dentro del Salón de la Fama hay nombres con números similares e inferiores a otros que no han sido reconocidos.

Lo hemos dicho en otras ocasiones y hoy lo repetimos: el sistema de votación para elegir a los peloteros al Salón de la Fama tiene contradicciones.

Y ahora, con lo que sucedió con Palmeiro y González -que lo esperábamos-, sería aconsejable que los periodistas que no están comprometidos con tanta hipocresía, levanten sus voces para exigir una postura diferente con los peloteros que hicieron lo que se permitía y que exista una modificación en el sistema de votación para entrar al Salón de la Fama.

De lo contrario, Cooperstown seguirá siendo un pabellón imperfecto donde se violan los preceptos que guiaron su creación: Preservar la historia, honrar la excelencia y unir generaciones.

 
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