¿Diálogo desde un Gueto?

JESÚS HERAS –

Los recientes desastres naturales, nada comparables al deslave de Vargas, y similares a los ocurridos simultáneamente en Colombia y Brasil, han puesto de relieve el profundo deterioro que ha sufrido nuestra capacidad de respuesta, y también la voracidad del Régimen por ensanchar su poder.

No  tenemos a mano cifras exactas, pero el deslave de Vargas debió ser 50 veces mayor a lo actual y, sin embargo, se pudo enfrentar sin recurrir a ayuda externa o al otorgamiento de poderes especiales.

Es cierto que se cometieron algunos atropellos, pero en lo esencial, en lo atinente al traslado, cobijo, alimentación y atención médica a decenas de miles de damnificados, y a su progresiva reinserción, el proceso se produjo sin traumas ni hechos que lamentar.

Para ello, no fue necesario invadir predios privados, mucho menos hoteles turísticos o los propios espacios de Miraflores. Tampoco se requirió de una Ley Habilitante, porque para emergencias existen los mecanismos legales necesarios.

¿Por qué ahora fue distinto?

La respuesta seguramente tiene que ver con la alarmante insularización del Estado venezolano. Y con su deterioro interno.

Seamos honestos. Visto desde afuera, el Estado venezolano es hoy una especie de gueto, totalmente aislado y sin vasos comunicantes con la sociedad en la que tendría que desenvolverse. Y su descomposición interna es inocultable.

La respuesta que el gobierno pudo darle a los más recientes damnificados, o la ausencia de la misma, lleva a concluir que le fue difícil articular una acción efectiva con sus propios medios y no quiso o supo aprovechar los inmensos recursos que voluntaria y gratuitamente la sociedad civil le habría aportado a través de grupos de rescate, de ONGs y de iniciativas espontáneas individuales o colectivas.

¿Qué ha sucedido? Algunas respuestas se pueden aventurar.

En la Fuerza Armada que el actual gobierno heredó, se respetaban las jerarquías y existía para casos como el ocurrido en Vargas, la articulación necesaria para que sus diferentes componentes interactuaran bajo un mando único a la hora de una emergencia. Con la politización de la institución, la interferencia de agentes extranjeros, la distracción que supone cumplir funciones de expropiación, y la descomposición que genera convivir con Milicias populares, esa capacidad de respuesta y de articulación interna, ya no existe. Eso al menos es lo que podemos percibir.

Un fenómeno de consecuencias similares ocurre en Defensa Civil, hoy Protección Civil. Allí se introdujeron sindicatos que obstaculizan su tarea, y con la politización y el sectarismo consecuente se perdió gran parte de esa capacidad de articulación con la sociedad civil que es su razón de ser y su objetivo primordial.

Finalmente, mientras en diciembre de 1999, reinaba un espíritu de  franca cooperación entre gobierno nacional, gobernaciones y alcaldías, hoy existe un dramático distanciamiento del poder central con todas las instancias subnacionales.

¿Quiere diálogo, Presidente? Bienvenido sea, con sinceridad se lo digo, pero comience por derogar esa Ley Habilitante que no necesita, y saque a su gobierno del Gueto en el que lo ha metido.

Si lo hace, Presidente, con los brazos abiertos, Venezuela de regreso lo recibirá.

 
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