AÑO NUEVO, MALES VIEJOS… Y ALGO BUENO

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

A pesar de que 2011 hereda los males del 2010, Elizabeth Burgos encuentra señales alentadoras en América Latina y Venezuela en particular.

Como si se hubiesen puesto de acuerdo, el nuevo año ha llegado sin desviarse del estilo que caracterizó al 2010. Exacerbación de la violencia y del terrorismo, afirmación de los gobiernos autocráticos y dictatoriales, debilitamiento de la democracia, desastres climatológicos, epidemias, choques religiosos, enfrentamientos de índole étnico, divisiones nacionales; acontecimientos que tienen por denominador común el afán de poder.

Sin embargo, dos acontecimientos han traído un soplo de esperanza y ambos han ocurrido en América Latina.  El primero es que al despedirnos del 2010, el premio Nobel de Literatura fue dado a Mario Vargas Llosa.  El otorgamiento del Nobel a un escritor latinoamericano, aparece como un esfuerzo para recordarnos mediante ese gesto simbólico, que el signo en el que verdaderamente sobre sale el continente, es su literatura.  Terminar el año con esa buena nueva atenúa el lamentable espectáculo de la vida política latinoamericana.  Imaginar a América Latina sin sus poetas y escritores sería como despojarla del principal rasgo de su personalidad, el que la hace diferente.  En materia de escritura y de creación no existe el subdesarrollo en el continente, mientras que en otros ámbitos sí, y es una de sus paradojas.  El Premio Nobel otorgado a Vargas Llosa aparece como un resarcimiento para los habitantes del continente ante las frustraciones que le generan sus gobernantes.

El vestido blanco

Otro acontecimiento esperanzador y que inauguró el año 2011, fue la toma de posesión de Dilma Rousseff como presidenta del Brasil.

Muchos han manifestado aprehensión ante la personalidad de Rousseff debido a su pasado político en la izquierda radical. Su discreción, su personalidad poco dada a la expansión narcisista de su mentor, impidieron que se valorara su papel de administradora rigurosa, que fue crucial en los éxitos cosechados por Lula da Silva durante su presidencia. Sin embargo, la ceremonia de posesión dio el tono de su personalidad y la hizo aparecer bajo los mejores auspicios.  El primer signo fue el de su apariencia personal.  Un discreto traje blanco, que a todas luces no era de alta costura, en el color más preciado por los sectores populares brasileños, pues relacionados con el culto religioso de origen africano.  Se comenta que fue decisión suya para evitar el rojo agresivo, color del partido de Lula, al cual ella pertenece, pues como lo expresó en su discurso de investidura, su voluntad es demostrar que ella será la presidenta de todos los brasileños y no de un sector en particular.  Demostró que a partir de ese momento ella imponía su impronta personal con el abandono rotundo del estilo populista de Lula da Silva.  El suyo se sitúa en la continuidad del talante austero de Fernando Henrique Cardoso, quien precedió el gobierno de Lula y dejó el país encaminado hacia su destino de gran potencia regional.

Cambio de estilo… y de contenido

La prensa, por tanto nacional como internacional, evidenció sorpresa ante el cambio de estilo.  Nada de los retrasos legendarios que acostumbraba Lula; la agenda de Dilma Rousseff se desarrolló siguiendo un horario estricto.  Las medidas económicas que anunció de inmediato demuestran que su prioridad es, ante todo, mantener una gestión nacional de las finanzas, para dar continuidad a la política social y la lucha contra la pobreza.  Privatización de los aeropuertos, ponerle coto al gasto público son algunas de las medidas que anunció en un discurso conciso, sin ningún deseo de suscitar el desborde popular, gramaticalmente correcto y exento de chistes al límite del buen gusto como solía hacerlo Lula.

Indudablemente, el cambio de estilo significa un cambio positivo, pues es de esperar que las relaciones con Brasil cobren el carácter formal que deben tener las relaciones entre Estados. Por supuesto, no hay que dejarse engañar y abrigar esperanzas ingenuas; Dilma Roussseff actuará en función de los intereses de Brasil, pero un nivel de formalismo de margen para que las corrientes democráticas establezcan diálogos positivos con el nuevo gobierno.  La declaración de la flamante presidenta de Brasil acerca de su respeto inconmovible hacia la libertad de prensa, parece haber disgustado al presidente venezolano que decidió abandonar Brasil y no acudir a la cita previamente establecida con Rousseff.  Tal vez pensó que por haber hecho una declaración innecesaria por evidente, de que la presidencia de Dilma Rousseff era “un hecho histórico”, ya la tenía atrapada entre sus garras.

Virtudes  de la política

Y precisamente, la inauguración de la nueva Asamblea Nacional de Venezuela, a pesar de la anomalía institucional que reina en el país, no deja de ser también un signo positivo en este comienzo de año, pues pese a la amenaza de “triturar a la oposición” como lo declaró el presidente, la presencia de los diputados de la oposición en el recinto hasta ahora ocupado por el oficialismo, demuestra que no se abandona el campo de la política, lo que da opción a que cada sector de la sociedad juegue un papel que le está adjudicado según su pertenencia y sensibilidad.

Si la Habana le ordenó  a Hugo Chávez engavetar por ahora la Ley de Universidades, es porque los Castro se convencieron de que el teniente-coronel estaba pasando el límite de lo soportable y a Cuba no le conviene por ningún motivo que el gobierno que la mantiene, sea equiparado a las clásicas dictaduras militares de América Latina y que la situación venezolana termine en una crisis grave o incontrolable que merme los subsidios de los que dependen la sobrevivencia del régimen cubano. Tampoco a  Washington le conviene que Venezuela deje de mantener a Cuba porque si allí se genera un caos social, le tocará  a EEUU hacerse cargo de su manutención y la economía americana no está para emprender semejantes aventuras; aunque ello signifique una buena posibilidad para la instauración de la democracia en la isla.

Otro acontecimiento positivo para finalizar el año 2010 dentro de lo que cabe en el contexto venezolano, ha sido la publicación en Venezuela – gracias al trabajo admirable de preservación de la memoria que realiza desde años Agustín Blanco Muñoz, El testimonio de CAP – el hombre que Hugo Chávez no logró asesinar – logrado antes de su fallecimiento, dándole el espesor histórico que merece a un personaje del calibre de Carlos Andrés Pérez, que como todo individuo que se ha rozado con la historia, tiene sus luces y sus sombras.  Igualmente “La rebelión de los náufragos” de Mirtha Rivero; ambos libros contribuyen a que los venezolanos vayan adquiriendo una relación con la complejidad de su propia realidad, en forma menos epidérmica y menos dictada por simpatías o antipatías personales.

 
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