EVALUAR SERENAMENTE A PÉREZ

Tulio Hernández

Tulio Hernández
hernandezmontenegro@cantv.net

Por esos azares de la historia, los golpistas de febrero de 1992 no lograron asesinar a Carlos Andrés Pérez. El teniente coronel que debía tomar Miraflores era, por suerte, un militar tan mal formado que, rápidamente, los oficiales y soldados fieles a la Constitución repelieron el ataque, impidieron el magnicidio y salvaron la ya debilitada institucionalidad democrática.

Pero por muy poco tiempo.

Pérez sobrevivió a la asonada militar aunque no logró hacerlo a la conspiración de civiles que, pocos meses después, lo asesinó políticamente en la Corte Suprema de Justicia.

La alianza histórica formada por líderes de los partidos fundadores de la democracia; los predicadores del antipartidismo; no pocos banqueros y empresarios hoy silentes; la tribu intelectual de los “notables”, y el gran operador político, el por entonces fiscal general de la República, con la complicidad de los magistrados-focas encontraron un pretexto ­los dólares de la cuenta secreta transferidos a la presidenta Chamorro­ para sacar a Pérez de la Presidencia de la República.

Fue una desgracia para todos.

Ante la opacidad del futuro, y en vez de buscar alternativas eficientes, los ancianos de la tribu recurrieron al viejo ritual del chivo expiatorio sin darse cuenta de que, en verdad, estaban oficiando el suicidio colectivo de una clase política en declive. Creyendo liberarse de culpas, en realidad ajustaban a sus cuellos los nudos corredizos, mientras tejían en grupo la tupida alfombra roja sobre la que, seis años después, se posarían las botas belicistas de la cúpula militar que desde 1999 habita en Miraflores. Fue el momento, no me queda duda alguna, en el cual se quebró la democracia.

Pero, si bien Pérez fue en este caso una víctima, para entonces ya bastante había ejercido el papel de victimario y contribuido a la debacle del sistema de partidos y, en consecuencia, se había convertido en uno los grandes responsables de que hoy estemos en manos de esta cúpula demencial que amenaza con no devolver el poder a la voluntad de los electores, a menos que sea por la fuerza de las armas. Es cierto que CAP era un verdadero demócrata. No tengo duda alguna. Que permitió y garantizó, como nadie, la reincorporación de la izquierda ex guerrillera a la vida democrática. Y que, entre otros muchos innegables logros, auspició uno de los más importantes procesos de innovación cultural desde el Estado que haya ocurrido alguna vez en América Latina. Pero también lo es que bajo su primer gobierno se desarrolló uno de los grandes festines del consumismo, la irresponsabilidad, la corrupción, el endeudamiento de la república y la falta de previsión de largo plazo.

También es verdad que, en su segunda presidencia, inteligentemente, intentó corregir los desaciertos de la primera. Que se rodeó de un equipo no partidista de técnicos de altísimo nivel y trató de hacer los ajustes que los tiempos exigían.

Pero tampoco es menos verdad que lanzó El Gran Viraje, como se llamó eufemísticamente su plan de ajustes, de manera tan abrupta, tan poco respetuosa y comprensiva de los hábitos culturales que el bipartidismo había inoculado en una población entrenada durante décadas en las artes del estatismo, el paternalismo, el clientelismo y el populismo, que terminó produciendo esa tragedia colectiva, el 27-F de 1989.

Si queremos recuperar el hilo perdido de la democracia, todo ese proceso hay que evaluarlo con realismo. Tan grave como el camino sectario del chavismo que reniega del aporte de los civiles que construyeron la democracia, sería caer en la tentación de edulcorar el pasado político reciente negándonos a identificar las razones profundas que nos trajeron a las manos del militar que hoy nos gobierna.

Con Pérez vale lo que dicen lo mexicanos de las velas. Ni tan cerca que queme el santo, ni tan lejos que no lo alumbren.

Paz a sus restos y sabiduría para aprender de sus aportes y sus errores

 
Tulio HernándezTulio Hernández

Un Comentario;

  1. Gladys Lange said:

    Felicitaciones Tulio; análisis conciso y objetivo/

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