Jugar con la soberanía

REPIQUE

Mélida Qüenza Ponte

mq0105@hotmail.com

En Venezuela en los últimos años la controversia política ha utilizado tan frecuentemente la palabra soberanía que ésta ya forma parte del lenguaje cotidiano. De una y de otra parte se hacen acusaciones o se levantan banderas en torno a la soberanía, que si la estamos perdiendo, que si se ha entregado a intereses extranjeros, por un lado y, por el otro, que determinadas acciones tienen la intención de reafirmarla, de preservarla como valor esencial de nuestra noción de patria.

Así que la soberanía es sólo un pretexto para pelearse, para vociferar quién es más patriota, a quién le duele más el país. En el fondo, el concepto de soberanía queda en eso, unas bellas y sentidas palabras para adornar un discurso.

Dentro del alboroto que se ha armado por la aprobación de la Ley Habilitante para el presidente Hugo Chávez, hay episodios que revelan que esos actores de hoy terminan haciendo exactamente lo que consideran inaceptable en sus adversarios.

Por ejemplo, allí tenemos al grupo de parlamentarios opositores que se fue a Washington a denunciar problemas internos de los venezolanos. Aquí y allá, buena parte de la argumentación que exponen los sectores de oposición para rechazar el otorgamiento al Presidente de amplios poderes para ejercer sin mayores controles su acción de gobierno, es que el gobierno chavista ha pisoteado la soberanía, la ha entregado, ha permitido la injerencia de Cuba en asuntos internos del país, así como permite que Irán, China, Bielorrusia, entre otros, mantengan relaciones con Venezuela más que preferenciales, particularmente económicas, lo que consideran un abuso en la explotación y comercialización de nuestro principal recurso natural como es el petróleo y, por ende, un atentado contra nuestra soberanía.

Cierto que es censurable e inaceptable que, por ejemplo, un miembro de nuestras fuerzas armadas o cualquier representante de un ente gubernamental, tenga que estar bajo la supervisión de un funcionario cubano, como denuncian los opositores al gobierno de Chávez, pero igualmente se atenta contra la soberanía cuando se acude a instancias extranjeras para solicitar -aunque lo nieguen oficialmente- la intervención en asuntos internos del país, así se argumente que se acude a un organismo internacional, a una instancia como la OEA que en su concepción real debe ser el concierto de naciones del hemisferio para considerar de manera equilibrada, ponderada, los problemas de los estados que la integran. Sin embargo, todos conocemos el entramado político, donde la OEA no es más que una pieza, que el poder económico internacional mueve a su antojo y que tiene su centro de acciones en los Estados Unidos.

De manera pues que a los venezolanos no nos sirve ni lo uno ni lo otro, esos falsos sentimientos de soberanía que chavistas y opositores pregonan. La soberanía es indiscutible y se ejerce cabalmente cuando somos capaces de asumir y resolver cualquier situación que se nos presente sin estar subordinados a intereses extranjeros, vengan de donde vengan.

 
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