LA SUERTE DEL MATAOR

 

Avizor.uno@gmail.com

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a advertir.”

Escrito para gente inteligente

 

El Hemiciclo del Capitolio

Cuando te vi en el Ruedo el sábado, Águila Uno, arriesgándolo todo por complacer a las barras, las que estaban allí y las que, como yo, te veían desde su televisor, sí, arriesgándolo todo… e intentando ponerte a salvo, con tus requiebros, de las amenazas que se ciernen sobre ti, no sé porque, pero mi mente de pronto viajó hacia Manolete y Paquirri y luego hacia Islero y Avispao.

Ustedes lo saben, mis queridos pajarracos, mis queridas pajaritas… o se lo deben suponer. Clavado como estoy, aquí en el descampado, (ahora, claro, más tranquilo, con mi  base de concreto, mi pequeño televisor blanco y negro, y sobre una loma para que las aguas corran y mis pensamiento vuele), no me es posible ser aficionado de estas cosas. Pero con lo del sábado, y con la gracia de buen torero que Águila Uno mostró ante diputados, ministros y embajadores, no he podido más que pensar en los riesgos que se corren en ese oficio, el de torero, y pensar también en los dos toros que a esos dos grandes los llevaron a la muerte.

Aficionado de los toros no soy, ya lo dije, pero cuanto me gusta analizar la forma como el animal y el hombre se enfrentan en esa lucha a muerte y desigual. Casi siempre gana el hombre, pero a veces, a veces, la suerte cambia, y ya no hay nada que hacer. Lo mismo que un buen torero, Águila Uno, lo hiciste tú, ante el toro que te acecha. Y que bien lo hiciste, que bien lo hiciste.

Rosas y espinas

Lo de María Corina te salió bien aunque, pensándolo bien, tienes que pensar en un nuevo truco. Me trajo recuerdos vivos de la rosa roja que le llevaste a Irene en 1998 y del ramillete que a María Angela, la canciller,  tú le entregaste. Pero esta vez te salió mejor. En Cartagena se te había visto mal, disfrazado en ese ridículo mono tricolor que utilizas para ocultar el pesado chaleco que llevas debajo. Pero esta vez fue distinto.

Verte allí, elegante, erguido en la tribuna, vestido en tu traje de luces, listo para iniciar la faena, fue algo muy especial.

Desde un tiempo para acá, con la computadora que me traen de cuando en cuando, puedo investigar hechos del pasado. De manera que con los pensamientos taurinos revoloteándome en la cabeza, y la expectativa que siento por doquier, me fui a YouTube, y vi las últimas faenas de esos dos gigantes de la Fiesta Brava.  La de Manolete hace 73 años y la de Paquirri, quien nació al año siguiente a su muerte, y falleció 36 años después. Pero volvamos al sábado.

Ver a Águila Uno en el ruedo de la Asamblea Nacional, clavado en sus querencias, enfrentarse al inmenso toro que lo busca empitonar… Verlo realizar aquella faena de filigrana, como dicen los comentaristas taurinos, una manoletina por aquí, un pase por derecho por acá, un natural, una verónica, que sé yo… fue un espectáculo digno de principio a fin. Se los juro. A mí, que no ando con embrollos, e igual de critico los pajarracos que admiro que los que no admiro, a mí, les confieso, me gustó.

Al fin eran cuatro…

Águila Uno, te felicito, te empleaste a fondo: Luciste fuerte, vigoroso, triunfador. Sobre todo al final, después de una lidia de seis horas, te veías fresco, reluciente, parecías todo un Juan Belmonte, uno de los grandes, grandes. Qué bien supiste ocultar la percepción del peligro que te acecha… y la procesión que llevas por dentro. Que bien lo sabes hacer.

A lo mejor por eso – y por los presagios que advierto- no pude evitar que mi pensamiento volara hacia Manolete y Paquirri. Y luego hacia Isleño y Avispao. Que Dios te cuide, Águila Uno, que Dios te cuide, mi pajarraco magullado, porque sigo viendo pasar pájaros de mal agüero, y esos presagios me asustan.

Me asustan y te explico porque. Tú sabes que lo tuyo es triunfar o morir, Águila Uno, es así que lo has planteado.  Patria y Socialismo o Muerte. “Hubiera preferido otra muerte”, dijo el de Rubio al recibir la cornada fatal. “Hubiera preferido otra muerte.” La frase retumba ahora en mi mente. Eran tres y no dos entonces los Matadores que revoloteaban en mi pensamiento: Manolete, Paquirri y CAP… pero había algo más.

Inconscientemente, cuando mi mano escribía persiguiendo a mi pensamiento, esos nubarrones negros se entretejían también porque fue hace dos años que Orel se nos marchó. Allí no hubo un Islero o un Avispao que atacara de frente. Tampoco un taimado Alfaro, que moviera sus marionetas. Fue un vulgar asesino el que se le encimó a traición.

Pero ya no importa, ¿Verdad Mataor? Te hablo a ahora ti, mi entrañable Orel, ahora que ya estás en la Gloria, y a nosotros nos tienes por aquí. Ya no importa… pero que falta  nos haces, Mataor, que falta nos hace una ocurrencia tuya, seguida por tu sonora carcajada, en estos días lluviosos… y de angustiantes presagios, cuando la noche entra temprano porque lejano está el sol.

La poesía del Poder

Con los acontecimientos del sábado, me ha dado por reflexionar. Cuando hablabas en la Asamblea, Águila Uno, hacías lo imposible para proyectar una imagen amplia, amigable, sonriente, positiva. Ya sabemos que eres un encantador de culebras.  Y bastante culebra había allí… de lado y lado. De manera que no te culpo.

Claro, nunca falta la crítica. Nadie es monedita de oro. Por aquí me han llegado mensajitos sobre lo que dijiste o dejaste de decir. Pero ¿para qué decir que la economía está en el suelo y los precios en el cielo? ¿Para qué hablar de casitas sin construir o de comida que no se puede despodrir? ¿Para qué hablar de los presos, los de aquí o el de Bogotá? ¿Para qué hablar del mañana, cuando es hoy que hay que triunfar?

Pero te pasaste con eso de la Habilitante. Como se nota que te preocupa la barriga de dictador que te puso la Habilitante. Es como barriga de mujer preñada, ni con sotana se tapa.

Ya te lo dije la semana pasada, Águila Uno, lo que te queda es gañote y sigüis… y un poquito de petróleo. Poquito, porque se te ha venido abajo la producción petrolera, eso también te lo había dicho antes,  y hasta que gasolina estás importando. Si estás funcionando ahora, es con los 20 mil millones que te prestó China, a costo de hipotecar al país por varios años. Porque de cada barril que envías a ese país, ellos se quedan con la mayor parte para irse cobrando la deuda. Apenas cinco dolaritos nos quedan  por cada barril.

Por eso actuaste como un Mango, como Houdini. Fingiste amplitud, señalaste la posibilidad de devolver al parlamento su función legislativa en mayo. Pero retuviste todos los poderes, Águila Uno, y eso solo significa que gobernarás por decreto, haciéndole caso omiso a la nueva Legislatura que el pueblo eligió, y sacarás más rápido las leyes que te interesan, por ejemplo, para quitarle la autonomía a las universidades y cambiar la geometría del poder.

Y cómo te adornas, Águila Uno, con las palabras bonitas. Cada iniciativa tuya tiene un nombre atractivo. Las Areperas Socialistas, la Ruta de las Empanadas, los Gallineros Verticales… todos encajan en eso de la geometría del poder.  Aunque quizás en tú caso, mejor quedaría hablar de la “poesía del poder”.

Te comprendo, Águila Uno, te comprendo. Estás con el agua al cuello y por eso hablas de diálogo, pides el diálogo… pero diálogo no es para echarnos unos palos juntos. ¿De qué vamos a hablar? Eso no le dijiste.

Suerte, Mataor, suerte.

 
EspantapájarosNo photo
Top