Suicidio de conciencia *

Juan M. Raffali

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli A.
jmrhab@yahoo.com

Muchos diputados oficialistas salieron de la Asamblea, pero otros, incluyendo los más arrogantes lograron repetir gracias a la voluntad del Jefe Supremo, quien los manda y equipara su condición con la de una gestoría. Ya instalada la Asamblea con la nueva correlación de fuerzas, luce de bulto que el trabajo ya no les será tan fácil. Tendrán que calarse que de tú a tú, curul y micrófono en mano, los diputados opositores les den donde públicamente duele. Pero además, ahora cada intervención arrogante, cada posición intolerante y abusiva, cada atropello, cada falsedad dicha o por decirse, tendrá su costo.

No nos referimos a ese contrapunteo con la oposición que está de vuelta, sino a la penitencia mayor que les impuso su Jefe en el noveno inning del Parlamento saliente. Nada menos que reformar la Ley de Partidos Políticos llamada “Antitalanquera”, con el único fin de sancionar a los diputados que ejerzan su libertad de conciencia.

Si alguien se hubiera propuesto condenarlos a un purgatorio de indignidad legislativa, no lo hubiera hecho tan bien como el propio Chávez quien hace rato y aterrado por la posibilidad de que el salto de talanquera de apenas 17 diputados le voltee el Parlamento, ordenó dictar este adefesio inconstitucional y políticamente inaceptable. Así, a título de puntillazo humillante, los hizo aprobar como parte del paquetazo legislativo de diciembre, esta reforma que entre otras expresamente los obliga a votar, no a conciencia sino a favor de la oferta oficialista sea cual sea, so pena de ser inhabilitados parcial o totalmente por (…) defraudar a su Jefe Único y mentor político e ideológico.

No se atrevieron a improbarla, por temor prefirieron sacrificar su independencia de criterio. De este modo, la única “contentura” que puede generar este adefesio inconstitucional es haber visto a los diputados oficialistas degollar su propia libertad de conciencia y la de sus sucesores, declarándose incapaces de decidir por sí mismos y renunciando al derecho a disentir. Un pesado fardo con el que cargarán por siempre. El de haber refrendado legalmente su verdadera condición.

jmrhab@yahoo.com

@eluniversal


* Versión ligeramente editada

 
Top