2012 es ahora

Vicente Diaz

Vicente Díaz

La carrera presidencial ya empezó. Cada acción, cada palabra, cada decisión de gobierno y de oposición estarán marcadas por la fecha.

Ambos contendientes saben lo que se juegan. A la luz de la fecha deberán evaluarse discursos y conductas. Pero ese día no se decidirá nada, sólo se formalizará una decisión que se habrá ido fraguando en el ánimo colectivo. La batalla electoral la ganará quien haya ganado primero la batalla política.

El Gobierno arranca con ventaja. Tiene candidato.

Tiene la mayoría de las gobernaciones y las alcaldías.

Tiene enormes recursos económicos. Tiene un aparato de comunicación estadal, que trasciende televisoras y radios públicas, y alcanza los medios privados: por las cadenas, por la autolimitación que deviene de la intimidación, y por los minutos que gratuitamente se le tienen que dar al Gobierno por la Ley Resorte.

Pero el Gobierno también tiene problemas. Serios. El desgaste propio de doce años es uno, el menor. Un pueblo demandante de soluciones es el más temible. La polarización como herramienta para cohesionar filas también parece agotarse. Haciendo solo lo mismo, para la misma gente, no le basta. El Gobierno lo sabe. Tiene que llegarle también a la clase media y a los independientes. ¡Y no sabe cómo! No atina a entender su lenguaje, códigos y valores.

La oposición, por su parte, viene creciendo. Y, más importante, viene aprendiendo. Ahora cuenta con 65 diputados, las gobernaciones y alcaldías más grandes, una instancia de decisión y coordinación. Y, sobre todo, un electorado militante. Convencido ya de que sí puede elegir, está dispuesto a votar contra viento y marea, así tenga que hacer 12 horas de cola.

Su principal problema es el “exceso” de liderazgo. Mientras que ya el Gobierno tiene candidato, la oposición está por definirlo entre un grupo de dirigentes con talento y legitimidad para aspirar. Eso le permitirá al Presidente correr un largo trecho sin contrincante. Y mientras no lo tenga, cerebro y músculo opositor estarán concentrados en definir la candidatura más que en la estrategia y la organización de la lucha social y el esfuerzo electoral.

Pero la candidatura no es el único problema de la oposición. Las elecciones del 5 de diciembre, a tan sólo 70 días del 26-S, demuestran que el Gobierno está muy lejos de estar derrotado. Expresan que la oposición, si quiere ganar, tiene que internalizar que Venezuela es un país de gente mayoritariamente humilde, trabajadora, sencilla.

 
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