Dividir el enemigo y vencerlo.

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial

Luis Cisneros Cróquer.
nirguayork48@hotmail.com

Como en las guerras, y conforme a las recomendaciones de los estudiosos en la materia, al enemigo hay que debilitarlo para luego atacarlo. Eso precisamente es lo que viene ocurriendo en Venezuela, frente a la contienda electoral del 2012, y que no está lejos, es ya.

Ninguna duda cabe de la estrategia  de quien desea quedarse aferrado al poder, pero se sabe en peligro, no solamente porque han disminuido sus fuerzas, sus batallones, y porque no cuenta con los mismos recursos económicos del pasado, sino porque ha crecido el rechazo a la ineficiencia, a la carencia de resultados, y otras tantas razones que golpean incesante a las puertas del conflicto. Él sabe que la clase media es parte de la ventaja de su adversario, porque esa clase media se forjó en la Cuarta República y su régimen se ha encargado de golpearla, acusándola de delitos y culpas que no tiene. Por ello busca meter cuña en esa masa de mayoría democrática. Por ahí ronda la defensa de los inquilinos para colocarlos frente a los propietarios; o la reducción de sueldos burocráticos frente a los míseros ingresos de la masa laboral. Pretende que le aplaudan los de abajo y lo tomen como un nuevo Robin Hood.

No se puede garantizar que las artimañas puedan hacer variar la incertidumbre económica y el caos social, emparentado a la hambruna por la golpiza recibida por el aparato productivo del sector agropecuario, el desconocimiento de la propiedad privada y el derrumbe de la producción industrial. Ya no tiene suficientes dólares para compensar con importaciones del comercio cubano, las grietas dolorosas del aparato productivo nacional.

Pero insiste en el intento de abrir brechas en la columna vertebral de la oposición. Es acertada su estrategia y en ello se juega su propia existencia política. Ahora, ¿cuál debe ser la estrategia de la oposición? No debe ser una pelea entre borrachos por una botella vacía. Hay que pisar tierra firme y dejar a un lado pretensiones y orgullos escasos de contenido. Hay que estructurar una verdadera e imbatible unidad, de los más grandes y los más pequeños por cuanto todos valen y hacen falta; desperdigados serán comidos por el lobo.

Es preciso el sacrificio, el de mayor cuantía, ante la perspectiva de una victoria que nos regrese los derechos fundamentales y que nos coloque frente al compromiso de recuperar, para las futuras generaciones, la justicia y la libertad, el progreso de la nación y el resguardo de los más caros valores de la familia.

Y eso debe comenzar- así lo pienso- en la provincia venezolana. El centralismo no só lo se acuna en el gobierno sino en las organizaciones y figuras de la política, que aliados a medios de comunicación, siguen con la tesis de que Venezuela es Caracas y que lo demás es “monte y culebra”. Deben manifestarse unidos los liderazgos regionales, so pena de continuar siendo instrumentos del centralismo político. Y de ser, es lo grave, avasallados por el partido que tiene una tarjeta única, mientras los contrarios creen en la resurrección de los colores, conscientes o no, siempre están divididos y nadie da su brazo a torcer. Esa es la cuestión.

 
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