El diálogo según Chávez


Marcos R. Carrillo P.
mrcarrillop@gmail.com

El hecho más destacado de las 7 horas de rendición de cuentas fue el llamado presidencial al diálogo. Un hecho que, de entrada, levanta suspicacias pues la democracia se fundamenta en el consenso, de modo que, en un régimen de libertades, tal convocatoria no sería en absoluto necesaria sino que se daría por sentado.

Chávez es ante todo un militar. En sus esquemas no cabe el debate, sino la subordinación. Para comprobar esto no basta sino recordar que en el discurso puso a su pana Arias Cárdenas como el paradigma de la posibilidad de llegar a acuerdos. Como se sabe, Arias se separó por un tiempo de aquel, para luego volver en condiciones de una sumisión tan extremadamente repugnante que hoy en día se podría decir que ni Chávez le tiene verdadero respeto. Lo primero que debe advertírsele al oferente es que el diálogo debe dar como resultado un acuerdo mutuamente beneficioso y aceptable, no una declaración de rendición.

Quien hoy gobierna ha demostrado que no está en capacidad de lograr consensos, aspira a que sus órdenes se acaten, y punto. Otro resabio militarista. Cuando ha apelado al diálogo no lo ha hecho sino para rearmarse políticamente, en momentos de extrema debilidad. El final del discurso fue la mejor muestra de su visión, según la cual los acuerdos están supeditados a su sola voluntad. El discurso terminó como ya lo ha hecho reiteradamente: “el que quiera patria, que me siga”, ergo, el que no lo siga y tenga una perspectiva distinta es un traidor a la patria. Segunda advertencia: El pluralismo es un presupuesto de la democracia.

Esto desemboca en un tercer elemento del “llamado al diálogo”: Chávez no aspira al mutuo respeto, sino a la adulancia. Apenas unos días antes del discurso había llamado a arrasar a los diputados demócratas. Fue él quien introdujo el término “enemigo” en la política venezolana (así lo confesó ese mismo día) y ofendió las victorias democráticas. Por otro lado, ha implantado una relación vejatoria y cruel con sus diputados, dejándolos en ridículo cada vez que le es necesario salvar su pellejo. Este tipo de relación es, evidentemente inaceptable para cualquier demócrata y cualquier persona que se respete a sí misma. Tercera advertencia: el diálogo presupone el respeto del interlocutor.

Valdría la pena preguntarse si el chavismo está dispuesto a seguir estos tres principios y, si lo hace, por cuánto tiempo se mantendrá. En cualquier caso, es deber de los demócratas responder positivamente a este llamado desde una perspectiva realista, conociendo a su interlocutor y sin descuidar mecanismos extra diálogo que han puesto presión y han dado resultados. Sobre esto comentaremos en un próximo artículo.

@ELUNIVERSAL

 
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