Negociación petrolera con china

Carlos Julio Peñaloza

General de División Carlos Julio Peñaloza
genpenaloza@gmail.com

***La misteriosa negociación petrolera con China puede ser no sólo la pérdida del patrimonio de los venezolanos, sino de la soberanía nacional y hasta de la dignidad nacional.

Puesto de Combate

El Nuevo País 11-01-2011

La futura producción petrolera venezolana está comprometida en un alto porcentaje con la China, y el Gobierno venezolano ya cobró los reales y los gastó. Es difícil que en Venezuela esté sucediendo algo más grave que esto, que puede significar la ruina de la república.

Hay razones para pensar que ya el Gobierno gastó en “otros fines” los 20 mil millones de dólares recibidos como adelanto. El acuerdo establece que esos fondos deben utilizarse en proyectos de extracción de petróleo. Igualmente se desconoce el uso que el Gobierno dio al llamado “bono de entrada”. Hay la sensación de que esos fondos se usaron con otros fines, teniendo en cuenta el desastre financiero de este Gobierno.

A falta de información oficial, sólo podemos suponer lo que puede estar sucediendo. Sería de suponer que el contrato chino establezca un pago mínimo con el cual Venezuela cubra al menos el costo de producción del petróleo que entrega, y que el resto del precio real lo retengan los chinos como abono al capital del préstamo y pago de intereses vencidos.

Para ilustrar la idea haré un estimado, simplificando el cálculo. Si el precio acordado para un cargamento promedio de 200 mil barriles diarios (6 millones barriles/mes) es de $ 60/ barril, los ingresos brutos serían $ 360 millones/mes. Si los chinos sólo pagan $ 5/barril, el ingreso se reduce a $30 millones. Esto implica que los chinos se quedan con $ 330 millones/mes para amortizar el préstamo y pagar intereses vencidos. Estimando el interés en 10% anual da un período de aproximadamente seis años y medio para pagar los $ 20 mil millones recibidos. Ese 10% no es alto, hoy en día CITGO paga más del 11,5% por su deuda, de modo que se puede suponer que los chinos apliquen un interés mayor que ese. Durante esos diez años, lo que PDVSA está recibiendo en pago (esos 5 dólares por barril), probablemente no cubra ni la mitad de los costos de extracción del crudo, sobre todo tomando en cuenta la totalidad de las cargas financieras de PDVSA. De manera que para enviar ese petróleo a los chinos –ya vimos que enviarlo a China es otra cosa- Pdvsa se está descapitalizando, antesala de la quiebra.

Además de estas consideraciones financieras, una operación secreta como esta puede traer graves vicios. El precio FOB del barril en el contrato debe incluir un descuento por concepto del costo adicional del flete a China. Como todo es secreto y el flete es acordado discrecionalmente entre los negociadores, es posible que parte del costo se reparta como comisiones formales pagadas entre los armadores encargados del transporte. Los montos de esas comisiones suelen ser astronómicos.

Esta escabrosa situación es posible porque el Presidente de la República fue habilitado para realizar este tipo de operaciones sin informar a nadie. Además de abrir el campo a irregularidades, el secreto permite que el Gobierno esconda un endeudamiento cuyo monto vagamente conocemos pero cuyas cláusulas ignoramos, a riesgo de que en ellas se haya hipotecado la soberanía venezolana.

Lo que PDVSA produce ya no alcanza para cubrir los gastos. Su crédito internacional se ha perdido. Le está costando trabajo conseguir dinero prestado para pagar los $ 1,6 miles de millones que prometió aportar por el 40% de la refinería de Pernambuco, Brasil. No sabemos cuál es el monto ni cómo pagaremos el 60% de las acciones de la empresa mixta que explotará con los chinos el bloque Junín de la Faja del Orinoco. Ni hablar de las refinerías, oleoductos y otras menudencias ofrecidas aquí y allá. Los chinos no tienen problema. Por el momento se embolsillan el diferencial del flete previsto para llevar el petróleo hasta el otro lado del Pacífico, cuando en realidad lo venden ahí mismo en USA a precios de mercado.

Parece inevitable que el Gobierno venda más petróleo a futuro para levantar más dinero. Esto significa la entrega del país, la pérdida de la soberanía y hasta de la dignidad. Alguien debería impedirlo. Quizás la Oposición de la Asamblea Nacional, en parlamentarismo de calle. Si no, que Dios meta su mano antes de que el Gobierno haya hipotecado el patrimonio de cada venezolano, sin siquiera participárselo. Nos ocurrirá como a la familia que cree vivir en casa propia hasta que un día llega un tribunal y le dice márchense, que su papá vendió la propiedad, gastó los reales y aquí viene a ocuparla el señor que la compró.

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