Revolución sorda, ciega y muda

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Caminando con Carlos Lozano

Carlos Lozano
caminandoconcarloslozano@gmail.com

Algo anda muy mal en el chavismo, la fuerza de ideales que se debilita. Basta con pasearse por los hospitales o caminar las calles de Valencia para sentir esa sensación de abulia, la propia  inseguridad o comprobar el estado de las vías ahora todo reducido a la indignidad del abandono.

No se justifica que estemos viviendo una situación en la que la economía del país es dictada por el concepto  voraz  de una revolución estatizante, dejando a un lado el aparato productivo privado, estancado en conflictos que en buena parte nacen de verse arrinconados como enemigos.

El Presidente habla de diálogo, invita a que todos expresen sus opiniones, pero el chavismo y el propio Chávez mantienen los oídos bloqueados y las bocas cerradas. ¿Dónde está aquel movimiento vigoroso, fresco, irreverente, con propuestas audaces? ¿Dónde están aquellos chavistas que proponían batirse por el pueblo?

Ese bloqueo de la sensibilidad política ha venido llevando al chavismo al error más grave, que es no mirarse a sí mismo ni a la base social de la cual nace. Basta ver a Valencia para comprender que quedan muy pocos auténticos revolucionarios que se dan cuenta de que el destino de Valencia está muy mal conducido.

Basta recordar las emociones difundidas en la campaña electoral, para darse cuenta de que el chavismo direccional en Carabobo ha dejado de ser socialista, ha abandonado el compromiso chavista, ha perdido la capacidad de comprender la esperanza que despertó, ha dejado de ser opción.

Ningún chavista tiene el coraje y el compromiso de levantar la voz por los errores que el alcalde Parra y su administración cometen a diario. La oposición ya no necesita moverse demasiado para reconquistar Valencia. Le basta sentarse a esperar para después recoger la ciudad del abandono en la cual la está dejando la actual administración.

Una cosa es perder una plaza política tras una batalla ideológica, y otra perderla porque simplemente no se supo qué hacer con ella, y porque lo poco que se hizo se hizo mal, sin criterio ideológico, sin generosidad de espíritu, sin la más mínima capacidad ejecucional.

Porque además, mientras los chavistas no escuchan a sus propias calles,  la oposición está ahora más organizada  y madura, y examina estos errores con detenimiento al mismo tiempo que discute, dialoga, habla, escucha, para construir un frente político que pueda recuperar la dignidad de nuestra ciudad.

 
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