“CHICHO” ALLENDE

Manuel Felipe Sierra

Fabula cotidiana

Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com

El desenlace era cuestión de días o quizás de horas. Ya no cabían términos medios y el espacio de la negociación había cedido a una dinámica irreversible. En las calles de Santiago el dilema era simple: Allende o no Allende. El centro político había desaparecido. La agrupación derechista “Patria y Libertad” arrastraba a la democraciacristiana, los grupos económicos y la clase media; mientras que  la Unidad  Popular  (que  lo había llevado al poder en 1970) era prisionera del radicalismo. Allende jugaba casi en solitario, con el apoyo de los comunistas, un sector de su partido y el “allendismo histórico”. La CIA apostaba a una salida de fuerza y comprometía  a oficiales de un Ejército que, pese a su origen prusiano,  jamás se contaminó con el virus golpista. En 1971 Fidel Castro había permanecido tres semanas recorriendo el país y sembrando la idea  de que frente a la crisis, sólo cabía la opción de los galleros cubanos: subir la parada.

Salvador Allende (1908 - 1973)

Allende tenía el mérito histórico de haber ganado la Presidencia con una propuesta claramente socialista por medios pacíficos. Era el remate de una paciente acumulación de fuerzas tras cuatro candidaturas presidenciales. Hombre de talante liberal y con habilidad para vencer los escollos se consideraba uno de los grandes políticos de la democracia latinoamericana. Más de un líder continental conoció la hospitalidad chilena en épocas de exilio. Uno de sus amigos más cercanos fue Rómulo Betancourt. Se conocieron en 1940 cuando el venezolano salió al destierro y en Chile se compenetró con las enseñanzas del Partido Socialista del cual Allende era uno de sus  líderes jóvenes. Muchas de las experiencias que nutrieron a Acción Democrática un año después, tuvieron que ver con largas tertulias en el café Sao Paulo, en la calle Huérfanos entre Bandera y Ahumada y en las sesiones de boxeo que ambos mantenían con “El Chicharra”, un popular “sparring”  de los suburbios santiaguinos.

En 1945 la Junta Revolucionaria presidida por Betancourt tomó el poder en Venezuela y  el entonces senador Allende pidió a su gobierno el reconocimiento de la acción como: “el derecho que tienen los pueblos de resistir a la opresión cuando sus leyes son conculcadas”. En 1950, casualmente acompañado por su rival histórico Eduardo Frei, Allende se hizo presente en La Habana en La 1° Conferencia “Pro Democracia y Libertad” presidida por el exiliado Betancourt y con el apoyo del presidente Prio Socarras. Los desterrados antiperezjimenistas en los años 50 encontraron en Allende un amigo solidario, hasta el punto de que ofreció el pabellón de su familia en Valparaíso para que descansaran los restos del líder adeco Valmore Rodríguez, hasta que una vez caída la dictadura pudieran regresar al país. Ya presidente de nuevo Betancourt, en 1959, Allende asistió en Caracas al segundo encuentro a favor de la democracia y se hizo furioso partidario de la “Doctrina Betancourt”, opuesta al reconocimiento de los gobiernos que no surgieran del voto popular.

En aquellos días de septiembre de 1973 en marcha  ya la conspiración militar y sin posibilidad alguna de resistencia civil eficaz, Allende designó Comandante del Ejército al general Augusto Pinochet a quien consideraba un oficial de su confianza. El día 9 lo citó a Palacio y le confesó que tenía la intención de llamar a un  plebiscito para que el pueblo decidiera el futuro de Chile. A los dos días Pinochet se sumó a los insurrectos y se consumó el golpe de estado. “La Moneda” se convirtió en un infierno; Allende se inmoló con un fusil de asalto K-47 obsequio de Fidel Castro y comenzaron 17 años de fascismo. Al día siguiente Betancourt dió a conocer un telegrama: “Tencha Allende e hijas: comparto con ustedes el dolor de la trágica muerte de Chicho. Ustedes saben que el distanciamiento que durante trece años existió entre nosotros por enfoques diferentes de la política latinoamericana no fue obstáculo para que mantuviéramos la amistad personal y la mutua estimación nacida en 1940. Los abraza dolido y conmovido, Rómulo Betancourt”.

Ahora 37 años después la justicia chilena investigará la muerte de Allende. La Fiscal de Apelaciones de Santiago, Beatriz Pedrals, incluyó el hecho entre las 726 causas que serán profundizadas sobre violaciones de los derechos humanos durante la dictadura. Si en algún momento se dijo que Allende fue asesinado, incluso se señaló a un capitán de apellido Gallardo como su presunto asesino, los testimonios posteriores confirman que se trató de un suicidio. Entre los documentos  que serán examinados se encuentra el informe del forense Luis Ravanal, quien habría detectado anomalías en el análisis de la autopsia. Sin embargo, existen testimonios concluyentes como el del medico Patricio Guijón quien sostiene: “Vi cuando voló la cabeza, los huesos y la masa encefálica. Él (Allende) estaba sentado en un sillón, estaba apoyado en la pared que mira hacia la calle, había un ventanal grande y estaba con la metralleta entre las manos y vi la explosión del cráneo”. Su hija Isabel declara: “Mi madre había dicho con toda claridad que él no saldría vivo de “La Moneda”; que quería demostrar con un gesto de dignidad que los presidentes constitucionales tienen que ejercer su mandato hasta el final”. Más allá de lo que arrojen las nuevas averiguaciones existen dos hechos claros: Chile soportó durante años el peso de una feroz dictadura y Allende pasó a la historia como un demócrata cabal.

 
Top