Cogerse lo que no es de uno


Luis Cisneros Cróquer
nirguayork48@hotmail.com

Es un claro síntoma de que vamos palo abajo, eso que hace el Gobierno y sus seguidores de cogerse lo que no les pertenece, lo que no han trabajado y sobre lo cual no tienen ni un papel que les autorice como propietarios. Pero ello está ocurriendo, como era de esperarse, en un país anquilosado por el socialismo, a la espera de una crisis alimentaria que pudiera anunciar su derrumbe.

La multiplicación de las invasiones urbanas se ha agregado, dizque para construir viviendas a cargo del régimen, cuando la verdad es que en doce años ha demostrado no saber hacerlo. Sólo han anunciado planes que se los lleva, como el humo el viento, y la amenaza constante de continuar apropiándose, de las tierras agrícolas en donde a través de muchos años, quienes las ocupan como propietarios o pisatarios, trabajan y producen. El colmo es que tratan de sustituirlos por quienes se han destacado por su flojera y su rapiña, no por su amor al campo, y se han especializado en la preparación de sancochos cruzados, robar gallinas y en la construcción de ranchos para diversiones de fines de semana, con su añadida partida de dominó y de bolas criollas.

El silencio y la ausencia de juiciosas advertencias al Señor Presidente de la República permiten el avance de estos desatinos, acelera la crisis y ya es pública la información oficial de que el país tiene reservas de alimentos para dos meses y medio. Están pues de fiesta las mafias de PUDREVAL porque ya están listos los contratos para adquirir comida en el extranjero, con la intermediación de Cuba, para almacenar en los puertos y correr de nuevo el riesgo de que se pudra; pero los dólares de las autorizaciones pasarán a los bolsillos de los empresarios bolivarianos de nuevo cuño y de los agentes del Gobierno que participan en la movida.

Mientras tanto, Chávez continuará su perorata en Aló Presidente,  tildando a buen sector de la sociedad de  “escuálidos”, a los que quisiera ver sin propiedad privada y en la cola de Mercal. He ahí pues la cuestión y la preocupación. He ahí los efectos políticos de la receta que se ha aplicado. Cuando el fuego queme parejo, incluyendo a las familias de los encopetados burócratas oficialistas, cuando cachuchas y sotanas sientan las manchas, y los muchachos chiquitos no dejen de berrear por la leche, entonces todos estaremos repitiendo una frase que camina por toda Venezuela: “Éramos felices y no lo sabíamos”.

Por lo pronto, y como hacían los viejos de antes, vamos a amolar el voto del 2012 y prepararnos para responder al desastre con el arma cívica del sufragio, y rogar porque los políticos sean iluminados por Dios,  dejen a un lado las ambiciones y se unan con una sola voz, conciencia e intención, y encuentren entonces el camino de la sensatez. Porque de lo contrario, solo quedarán los lamentos.

 
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