Fuego de Túnez se extiende a países árabes


Más allá del islamismo. Ola de protestas en Egipto, Yemen y Turquía contra los gobiernos autoritarios y la falta de empleo La caída del presidente Ben Alí ha hecho que toda una región se subleve.

THE NEW YORK TIMES Y AFP

Tras una semana plagada de violentas protestas, expertos estiman que en países como Túnez, Egipto y Yemen ” terminó la preocupación por la ideología islamista”, y ahora es la protesta contra gobiernos autoritarios y por la falta de empleo la que prevalece.

Analistas dicen que las motivaciones que llevaron a la gente a las calles en Túnez -en enero pasado y que lograron ponerle fin al gobierno de 23 años de Zine El Abidine Ben Alí- y exaltaron las pasiones en Oriente Próximo, son muchísimo más fundamentales y unificadoras: demandas concretas para terminar con la corrupción gubernamental, instituir el imperio de la ley y disminuir el sufrimiento económico.

Se trata de un acontecimiento relativamente naciente en una sociedad como la egipcia, que por tres décadas ha sido despolitizada por el régimen autoritario Hosni Mubarak. Las protestas empezaron en El Cairo, se extendieran a todo el país, y se han venido recrudeciendo día tras día.

ES UN HECHO.

El cambio atemoriza a la dirigencia del país. “La ideología ha tomado un segundo lugar hasta tanto podamos deshacernos de esta pesadilla”, señaló Megahed Meligi, de 43 años, por mucho tiempo integrante de la Hermandad Musulmana en Egipto.

En 1979, la revolución iraní introdujo al mundo el islam político, y provocó preocupación en todo el mundo árabe y también en Occidente. La ideología aún tiene un poderoso arraigo y sigue alimentándose con combatientes de movimientos yihadistas. Sin embargo, así como antes el panarabismo y el socialismo, el islam político introducido al caer el Sha de Iran por el ayatollah Ruhola Jomeini, y su versión más radicalizada que expresan Al Qaeda y Osama bin Laden, no han logrado prender en el Magreb, Egipto o el Cercano Oriente.

Esa debilidad -y ahora el inesperado éxito de los tunecinos – ha llevado reconsiderar la mejor forma de provocar cambios en el mundo árabe. A los tunecinos los unió el enojo por la opresión y la corrupción en lugar de alguna creencia o filosofía. Incluso antes de la revolución tunecina, activistas egipcios de ambos lados del espectro político, venían abandonando la revolución iraní como modelo, e inclinándose por el método de gobernabilidad de Turquía, donde un partido islámico maneja a un Estado moderno y democrático que rinde cuentas.

Una organización egipcia que se autodenomina Movimiento Juvenil 6 de Abril, enfatiza que no tiene ideología: “Nada nos une excepto nuestro amor por este país y el deseo de reformarlo”, indica en su Web.

Abdel Halim Qandil, dirigente de otro movimiento de protesta, autodenominado Kifaya, dijo: “La gente en Occidente habla de la amenaza religiosa y no entiende el tipo de infierno en el que estamos ahora…”.

Mientras Túnez es una sociedad mucho más secularizada que los demás Estados árabes, las demandas de sus ciudadanos son las mismas. Hay mucha desilusión por el fracaso de los partidos y organizaciones políticas formales, como el brazo político de la Hermandad Musulmana en Jordania y los partidos tradicionales de Egipto que no han podido producir el cambio.

CAMBIO.

“Esto es exactamente lo que nos muestra el caso tunecino”, dijo Emad Shahin, un académico egipcio, en el Instituto Kroc para Estudios Internacionales sobre la Paz en la Universidad de Notre Dame. “Ya no estamos en la era de las ideologías. Realmente ya terminó esta preocupación por la ideología y ciertas orientaciones políticas del islamismo. Hay problemas más apremiantes…”, aseveró.

No quiere decir que las organizaciones formales, especialmente la Hermandad Musulmana en Egipto -que inicialmente rechazó las manifestaciones- hayan perdido su influencia o a sus seguidores. Aunque el Estado proscribió a la Hermandad, aún cuenta con una amplia red de servicios sociales y tiene gran habilidad para organizar ejércitos de partidarios, si lo desea. Sin embargo, los dirigentes del movimiento pertenecen a una generación que se ha concentrado en sobrevivir, hecho que ha alejado a algunos cuadros de dirigentes jóvenes.

“Los que están ahí y trabajan sin calcular cada detalle son los jóvenes”, señaló Meligi, refiriéndose a los manifestantes. “No tienen nada que perder. No tienen oficinas centrales ni estructuras orgánicas que sean blanco del gobierno”.

Otro elemento inesperado que el torrente de acontecimientos en Túnez lanzó a la región ha sido el surgimiento de la inmolación como un símbolo de la dinámica política no ideológica. La revolución en Túnez empezó con ese tipo de acto desesperado, cuando un joven vendedor de comida los humilló prendiéndose en fuego después de que la policía le confiscó sus mercancías y (ver aparte).

La práctica se ha propagado por todo el norte de África (el Magreb) y el Cercano Oriente. Un hombre en Arabia Saudita murió luego de inmolarse. Es el primer caso en ese país. En Egipto, al menos cinco hombres se prendieron fuego o lo intentaron.

El gobierno de Mubarak está consciente del poder de una persona envuelta en llamas. Tanto así que ordenó a las estaciones de servicio no vender combustible a personas que no vayan en vehículos, pidió a los líderes religiosos que recordaran a sus feligreses que el suicidio es un pecado, y colocó agentes de seguridad, con extinguidores, cerca de las edificaciones públicas.  El primer egipcio que se prendió fuego la semana pasada lo hizo frente a oficinas gubernamentales en el centro de El Cairo. Hubiese muerto si agentes de seguridad no lo hubieran apagado con un extinguidor.

La historia del egipcio, Abdo Abdel Moneim Hamadah, es similar a la de Mohamed Bouazizi, el joven vendedor de alimentos de Túnez que se mató. Hamadah tenía una pequeña tienda de sándwiches en Ismailia. La burocracia gubernamental repentinamente le negó acceso a un estipendio mensual de pan barato, subsidiado por el Estado. Tras prenderse fuego, los medios informativos controlados por el gobierno dijeron que era suicida. No obstante, un familiar afirmó que su protesta no se trataba del pan, sino de la dignidad.

EL ECO.

La “Revolución de los Jazmines” de Túnez creó una fuerte onda expansiva, no solo en Egipto. El furor llegó a Yemen y convocados por la oposición, miles salieron a la calle a pedir la cabeza del presidente Alí Abdalá Saleh, quien lleva 32 años en el poder.

Ben Alí “se fue tras 20 años; y 30 años en Yemen, ya basta”, coreaban los manifestantes. “No a una extensión del mandato (de Saleh), la hora del cambio ha llegado”, gritaban las semana pasada. Las concentraciones se llevaron a cabo en cuatro puntos distintos de Saná, la Capital, con la intención de forzar la dispersión de las fuerzas de seguridad.

A Turquía también llegaron las sublevaciones: cientos de estudiantes se manifestaron contra el gobierno islámico-conservador, ocasionando enfrentamientos con la policía. Las fuerzas de seguridad utilizaron granadas lacrimógenas y cañones de agua, mientras los estudiantes respondían con pedradas.

Y esto es solo el principio: analistas sostienen que el “efecto Túnez” recién comienza.

 
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