Manorexia: cuando ellos tampoco comen


El pasado año, el modelo de 22 años Tom Nicon perdió la vida al precipitarse desde la ventana de su hotel en el marco de la Semana de la Moda de Milán.

Esta tragedia, no fue la única. Ocho semanas antes, otro ‘top model’, Ambrose Olsen, falleció a los 24 años de edad en su domicilio de Nueva York. Las causas -que apuntan a un suicidio- no trascendieron y los motivos sólo son conocidos en su círculo más íntimo.

Pero en el caso de Nicon, aunque sus allegados se apresuraron a recalcar que afrontaba una dura ruptura sentimental, pronto se comenzó a especular sobre un posible caso de ‘manorexia’ -término que combina en inglés las palabras hombre y anorexia- llevada hasta las últimas consecuencias.

Así pues, el trastorno alimentario parece no entender de sexos, sobre todo ahora que los hombres han entrado con fuerza en el circuito de la moda y de la estética.

Desde la adolescencia

Las cifras pueden resultar alarmantes. Hace años, la tasa de chicos con anorexia no superaba el uno por ciento del total de la población -frente al cinco por ciento de chicas que sufrían este trastorno-, pero durante los últimos recuentos, la proporción ha aumentado de manera alarmante.

Como lo señalan expertos nutricionales en los pasados cinco años, los casos de anorexia masculina han aumentado en torno al 15 y 20 por ciento, y la edad de mayor incidencia se sitúa entre los 16 y los 25 años.

¿Los culpables? Habría que buscarlos en la sociedad y en los arquetipos de ‘belleza oficial’ que algunos sectores se han empeñado en transmitir a través de la moda, el cine, la música o la pequeña pantalla. Las causas sociológicas pueden buscarse en los nuevos modelos de hombre que se vienen forjando desde la opinión pública y que en los últimos años han ido propiciando un ideal de belleza masculino mucho más centrado en el cuidado físico y abanderado por la figura del metrosexual.

Los dedos acusadores más malintencionados podrían señalar directamente a las campañas de ropa interior de firmas como Calvin Klein. Durante años, el diseñador americano se dedicó a reclutar alrededor del mundo legiones de modelos andróginos alejados de los estereotipos de la época y que pretendían extender un mensaje de naturalidad. Pero resultaría injusto culparle a él.

Bill Kaulitz, cantante de Tokio Hotel

Ya en el año 2007, Unilever -la empresa que aglutina firmas como Calvin Klein o Chlóe- prohibía la aparición en sus campañas publicitarias de modelos y actores excesivamente delgados, y recientemente, Francisco Costa, nuevo diseñador de la firma americana, declaraba ante los medios de comunicación negarse a admitir en sus casting a modelos de la talla 0 para sus famosas campañas de ropa interior.

Sin embargo, el avance de la ‘manorexia’ parece preocupar en más lugares. Israel ha decidido poner en marcha este año la misma ‘limpieza’ que protagonizó la Pasarela Cibeles y no va a permitir desfilar a modelos que no ofrezcan un aspecto saludable.

Marcar los huesos

Aun así, los ‘books’ de los ‘top models’ más demandados por la pasarela arrojan unas medidas de 37-29-37 (tórax-cintura-cadera), cifras que en ningún caso entran en los cánones de los cuerpos fibrosos. Por el contrario, corresponden a ‘hechuras’ de niños de 13 años, repartidas en estructuras de seis pies de altura.

¿Y los nuevos ídolos de la juventud, tienen infrapeso? En la última lista de la revista norteamericana ‘Empire’ ocupaban las primeras plazas, como los actores más sexys del planeta, Zac Efron -sobre quien ha pululado el fantasma de la anorexia-, Robert Pattinson -entre los más deseados de ‘Glamour’- y Chace Crawford, el delgadísimo actor de la serie Gossip Girl.

Si nos centramos en los ídolos musicales, la situación es mucho más preocupante. Bill Kaulitz, líder y cantante de Tokio Hotel -el grupo adolescente que mueve masas y con las fans más entregadas- presume abiertamente de su palidez, de sus ojeras, de medir más de 1,75 y mantenerse por debajo de los 60 kilos.

El innegable

Y hasta el modelo perfecto cayó en la trampa. Se llamaba Jeremy Gillitzer y falleció de ‘manorexia’  mes de junio del año pasado a los 38 años de edad, con tan sólo 32 libras de peso.

Formaba parte de los ‘top models’ fibrosos preferidos en los 90. Sin embargo, los músculos comenzaron a ser mal vistos en la pasarela, donde prima ahora la delgadez frente a su imagen lograda a golpe de gimnasio.

Su situación se agravó a raíz de una ruptura sentimental. Y aunque comenzó a sufrir trastornos alimentarios a los 12 años, este desengaño amoroso fue el principio del fin: comenzó a someterse a rigurosas rutinas de ejercicio que complementaba alimentándose únicamente con una manzana o un sandwich y mucha agua, hasta el final de sus días.

Fuente: www.larazon.es

Dos en uno: Vigorexia y Tanorexia

Neologismos y trastornos

Cada día surgen más neologismos (palabra nueva que aparece en una lengua) para definir lo que antes se llamaba “obsesión por tal cosa” e incluso se tachan o catalogan de trastornos lo que antes se veía como un exceso de preocupación o una manía por algo.

La vigorexia es otro término de moda, que alude a la obsesión por el ejercicio físico, viéndose siempre sin suficiente masa muscular, suficiente tonicidad ni considerarse en forma a pesar de las horas que se le dedica a tener un cuerpo perfecto. Afecta comúnmente a hombres en su mayoría, aunque cada vez se están viendo más casos de mujeres afectadas por este trastorno. No entran en este concepto personas que con el ejercicio físico, se proponga metas y se preocupe por mantenerse en forma, sino aquellas agobiada por su físico y que llega a realizarlo en exceso en pos de lo que considera un cuerpo perfecto.

La tanorexia, obsesión por estar bronceado, por tener la piel “oscura” permanente e intensamente por exposición al sol o de manera artificial (cámaras de bronceado). Se perturban anímicamente porque a pesar de tener un bronceado uniforme y exagerado, se ven aún pálidos y con mal aspecto. Esta obsesión puede causar fotoenvejecimiento celular o en peor de los casos cáncer de la piel.

 
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