40% de la oficialidad es “adicta” al PSUV pero… Los militares venezolanos no están dispuestos a salir a la calle a matar a sus compatriotas


NOTA DE LA REDACCIÓN

Rafael Poleo entrevistó al General Carlos Peñaloza, quien fuera Comandante General del Ejército hasta poco antes de producirse la intentona militar del 4 de febrero de 1992. El contenido fue publicado por la revista ZETA. La entrevista se produjo a raíz de una severa carta que el general dirigiera al Presidente de la República, cuyos párrafos iniciales y fracciones de las finales transcribimos a continuación:

“Sr. Presidente, no lo veo desde hace casi 21 años, cuando nos reunimos en mi despacho de Comandante del Ejército. Como recordará, lo detuve porque tenía pruebas fehacientes que Ud. preparaba un golpe para el día 6 de diciembre de 1989. En esa oportunidad, un grupo de altos funcionarios y oficiales, actuando como cómplices, abogaron ante el presidente, quien decidió dejarlo en libertad “por falta de pruebas”. El mismo plan, entonces abortado, Ud. lo repitió el 4F de 1992, luego de mi retiro. Ese golpe fallido lo convirtió en una figura nacional y lo llevó a Miraflores legalmente. Antes de esas elecciones ningún militar amenazó con desconocer su posible victoria. Si alguno lo hubiera hecho, yo mismo hubiera salido a defenderlo a Ud. de ese chantaje.

“Hoy en día, cumplidos 70 años, me preocupa su decisión de defender en público al Mayor General Henry Rangel Silva y ascenderlo in situ, como se hace con quienes han ejecutado un acto heroico con peligro inminente de su vida. Este indigno general lo único que hizo fue jactarse de estar amancebado con Ud. y su causa. Para él, la lealtad a la patria es a medias mientras con Ud. es total...” y luego concluye

“Esto no es una amenaza de golpe o el inicio de una conspiración, es un campanazo para que Ud. entienda que estamos dispuestos a luchar por la libertad y a impedirle consolidar una dictadura siguiendo las líneas que recibe de La Habana. No queremos que el sueño de Bolívar se convierta en una pesadilla castrista.

“En aras de un poder pasajero y de una ideología obsoleta y ruinosa Ud. no puede iniciar una guerra fratricida que lo convertirá en un monstruo ante la historia. No llame más a Fidel para pedir instrucciones. Dedíquese a gobernar a Venezuela con los venezolanos. La gran unidad hispanoamericana nunca se logrará con el modelo comunista. Es más, si sigue el patrón de gobierno de la Sra. Bachelet o de Lula hasta podría cambiar la tendencia actual y ganar en el 2012… Entierre el hacha de la guerra dirigida desde Cuba. Venezuela lo reclama.”

El contenido de la entrevista realizada por Poleo sigue tiene incalculable valor documental, razón por la cual, habiéndose producido en fecha aún reciente la desaparicion física del entonces Presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, y haberse conmemorado un nuevo aniversario de la intentona militar, el pasado 4 de febrero, ABC de la Semana la reproduce íntegramente para sus lectores:

RAFAEL POLEO

De sus declaraciones y escritos en las últimas semanas se desprende que como Director de la Academia Militar usted comprobó que el teniente Hugo Chávez, adscrito a ese instituto, utilizaba su posición para conquistar cadetes y enrolarlos en un proyecto golpista a largo plazo, misión que Chávez cumplía allí por instrucciones del Partido Comu-nista. ¿Es correcta esa interpretación?

– El presidente Chávez ya era comunista al igual que su hermano Adán cuando ingreso a la Academia Militar. El fue catequizado siendo un zagaletón en Barinas por el José Esteban Ruiz Guevara. Este señor había combatido contra el ejército al lado de Douglas Bravo y Ali Rodríguez Araque (Cdte Fausto) en la Sierra de Falcón. Yo tuve el honor de enfrentarlos en una unidad donde estábamos además los subtenientes José Machillanda Pinto y Oswaldo Suju Raffo y Venancio Reverón. En nuestra área de operaciones los derrotamos.

Después de la pacificación de Caldera, Bravo y Fausto se negaron a pacificarse pero Ruiz agarro sus bártulos y se fue a su pueblo en Barinas donde fundó el partido comunista local. Por esos años Adán y Hugo Chávez fueron enviados por sus padres desde Sabaneta a Barinas para atender el liceo estadal. Como buenos zagaletones los muchachos jugaban caimaneras en la calle con sus vecinos, los hijos de Ruiz. Este como buen comunista los había bautizado como Vladimir (por Lenin) y Federico (por Engels), lo cual es típico entre los rojos de nuestro país.

Además de jugar pelota Adán y Hugo fueron adoctrinados por Ruiz quien tenía una cuota  que llenar en el sistema de reclutamiento establecido por Douglas Bravo. Su supervisor inmediato era Fausto. Ambos se hicieron comunistas rabiosos junto con otro alumno destacado, Luis Velázquez Alvaray hoy prófugo de la justicia. En sus horas libres Ruiz los usaba para distribuir copias del diario comunista “El Clarín”, panfletos comunistas y pintar grafitis subversivos en las paredes.

Al terminar el bachillerato Adán, el mayor y más estudiosos e inteligente, ingresó sin problemas a la Universidad de Los Andes. El otro muchachón no era bruto, pero odiaba los libros pero le gustaba la pelota. Por sus notas le era imposible aprobar los exámenes de admisión universitarios. Adán le dijo a Ruiz que una posibilidad era enviarlo a la Academia. Ruiz, el corruptor de menores, se comunicó con Fausto que estaba llegando y a través de los contactos se enteraron que la Academia Militar necesitaba un pitcher para enfrentar al odiado equipo de la Efofac. Ese fue el pasaporte de Hugo, quien demostró ser un lanzador mediocre, pero un demagogo insigne aunque fue un golpista anodino.

Chávez no puede ser acusado de violar el juramento de fidelidad a la patria y a la constitución venezolana, porque cuando entro ya había jurado servir a otras patrias. El ya estaba casado con Fidel. Para mi Chávez no solo no es militar, sino que no es venezolano.

Como Director de la Academia Militar primero y como Comandante General del Ejército después, usted vio como Chávez desarrollaba exitosamente su misión política dentro del Ejército. ¿Podría medir la dimensión de ese éxito en términos de oficiales conquistados para un golpe de militares comunistas?

– Cuando recibí la dirección de la Academia, el maestro de ceremonias en el coctel de bienvenida en el casino de oficiales conocí a un capitán larguirucho desgarbado. Recuerdo que andaba con un conjunto de arpa cuatro y maracas, Era la primera vez que lo veía. Acto seguido recitó muy bien “Florentino y el diablo”. A mí me llamó la atención lo engolado de su voz y lo afectado de sus manerismos, que no es común entre los militares. Me pareció que quería imitar a Renny Ottolina. Me dije para mis adentros este muchacho es un gran animador. Al terminar lo felicité.    Me respondió ¡Bienvenido a su Academia, mi general!

A los pocos días me di cuenta que la Academia no era mía, sino de él. No había que ser Sherlock Holmes para darse cuenta que el tipo estaba en algo raro. Solo faltaban pruebas sólidas. Al investigar su record en el Instituto me di cuenta que había pasado como instructor cinco años lo cual no es ordinario. Él era un buen oficial, pero no extraordinario. En ese momento me pregunté: ¿porque este oficial ha permanecido tanto tiempo aquí sin ser ninguna maravilla?

A los dos meses lo entendí. Había un cadete cuyo papa había estudiado conmigo en el liceo. En  un día de visita mi amigo, a quien no identifico porque su hijo sigue en la carrera, me dijo: “Carlos Julio mi hijo me dice que aquí hay un capitán Chávez inculcando ideas comunistas”. De inmediato en septiembre de 1984 pasé la novedad al comando del ejército y procedí a sacarlo de la Academia y a escribir un informe que supuestamente terminaría con su carrera. Pero cosas extrañas estaban sucediendo. Con Chávez no hay nada normal.

¿Por qué sus advertencias e informes fueron desestimados por otros altos generales y por el propio Presidente de la Re-pública, Carlos Andrés Pérez?

– Mi primer informe fue destruido en la secretaria del comando del Ejército antes que el comandante general José Antonio Olavarría lo viera. Mi recomendación de enviarlo a una unidad sin comando de tropa donde pudiera ser vigilado por la DIM fue ignorada. Durante el resto del mandato de Olavarría el capitán no tuvo cargo y estuvo libre para andar por los cuarteles predicando su ponzoña marxista. Estoy seguro que Olavarría no tenía idea de lo que estaba pasando. Yo sé quien manejo esto entre bastidores, pero guardo su nombre que revelare en un libro que estoy escribiendo. Si a mí me pasa algo antes de la publicación del libro, el nombre de esta persona está en manos de amigos autorizados para publicar la obra pase lo que pase.

El caso de Carlos Andrés ocurrió tres años después siendo yo Comandante del Ejército. Al llegar a esa posición supe que Chávez tra-   bajaba en el propio Palacio de Miraflores a poca distancia del despacho presidencial. Discretamente le hice ver a Pérez lo que yo sabía. Luego de averiguar me dijo que todos sus asesores, incluyendo el ministro de la Secretaria Dr. Carmona y el jefe de la DIM general Herminio Fuenmayor lo avalaban y aseguraban que yo estaba equivocado.

Todo esto me pareció sospechoso, yo soy un gocho que nunca he trabajado en inteligencia pero cuento con buen olfato. Algo no cuadraba. Pero era el comandante del Ejército y tenía un servicio de inteligencia. Le dicte instrucciones y al poco tiempo note que la información que recibía eran refritos y desinformación. Era obvio que mi servicio de inteligencia estaba infiltrado. El director de inteligencia general Alexis Sánchez Paz, recomendado para el cargo  por el jefe de Estado Mayor general Carlos Santiago Ramírez, no me inspiraba confianza. Por fortuna yo tomo decisiones rápidas. Con dinero de la partida secreta establecí una red de inteligencia paralela con gente de mi más estricta confianza y logre infiltrar a los golpistas.

A finales de noviembre tenía su plan de operaciones en mi poder, mientras que mi dirección de inteligencia me seguía trayendo desinformación. El DIM estaba absolutamente perdido. En público el general Fuenmayor masculló que no había posibilidades de golpe porque el DIM no lo había descubierto. ¡Ja!

Los golpistas confiados en la protección que habían disfrutado hasta ese momento se movían como peces en el agua y cometían infinidad de errores. Pero ya los tenía en la mano y los dejé nadar a sus anchas. A comienzos de diciembre me anunciaron que el presidente se iba de viaje a Davos y casi simultáneamente me llegaron las últimas instrucciones de coordinación para activar el plan golpista. En esas partió CAP y cuando llego la orden estableciendo el día D para el dia 6 de diciembre de 1989, coincidiendo con el regreso de Pérez, me sonreí. Estos golpistas eran unos bates quebrados. El jefe del plan fue detectado porque la clave que le asignaron era estúpida: Júpiter. Cualquier aficionado a la mitología griega sabe que este era el rey de los dioses. Las demás claves eran igualmente primitivas.

Rápidamente, trabajando con el Inspector del Ejército establecimos los nombres de los complotados y su orden de batalla. Afortunadamente, mi dirección de inteligencia no sabía lo que estaba pasando. De saberlo hubieran alertado a los golpistas. El 5 de diciembre ordene la captura de los sospechosos y después informé al presidente encargado Dr. Izaguirre. Lo hice así porque estaba seguro que la presidencia también estaba infiltrada. Izaguirre llamo a CAP a DAVOS y Pérez ordenó que dejaran en libertad a los detenidos entre los cuales estaba Chávez y todo el actual alto mando chavista.

Al otro dia llego CAP y me llamó enfurecido para preguntarme porque desobedecí su orden. Yo le conteste que si no lo hubiera hecho, él    y yo estaríamos presos o muertos. Pero el insistió en que dejara en libertad a los conspiradores. Yo le dije yo no lo voy a hacer, hágalo Ud., y le puse mi cargo a la orden. Ante esto el contemporizo y me dijo ¿qué es lo que Ud. quiere? Le respondí los quiero presos, pero si Ud. insiste yo me quedo solo si Ud. me autoriza a que yo sea el único que pueda  decidir el destino de ellos. La respuesta fue seca: “Proceda general”. Pérez nunca me llamó ni por mi apellido ni por mi nombre.

Basándonos en que la actual alta oficialidad pasó por sus manos en la Academia o en el Ejército, en términos aproximados, ¿cuántos oficiales captó Chávez desde la Academia? Y en la actualidad, ¿cuáles son las proporciones reales del respaldo militar a Chávez?

Es difícil de precisar, pero no son una mayoría. Asumiendo que ellos controlan y filtran a los que ingresan como cadetes asegurándose que todos son rojos rojitos, ellos tienen la mayoría de los subtenientes y tenientes activos. Dado el descontento existente esa mayoría no debe ser mayor del 60%. En los grados medios desde mayor a coronel graduados en democracia ellos son una minoría clara. Tal vez un 10%. Entre los generales que han crecido como conejos solo los mayores generales y los generales en jefe son rojo rojitos y son una minoría pequeña. En promedio entre los generales no deben tener más de 30%. En total los oficiales adictos al PSUV deben representar alrededor de un 40% del total. Esta cifra es elevada, pero falta considerar el factor fundamental.

Los  militares venezolanos no están dispuestos a salir a la calle a matar a sus compatriotas. El caracazo fue una amarga lección. Si el piso se empieza a mover y los comisarios políticos cubanos empiezan a empujar a los tenientes coroneles a sacar las tropas, probablemente los fusilen en el acto. Los militares son fieles al pueblo. Cuando sienten que el pueblo se encabrita y el piso se mueve los militares dejan de ser leales. Las barraganas que creen estar casados con el saldrán corriendo aterrados. El grito de patria o muerte desaparecerá y la libertad volverá a nacer junto con la dignidad. Aun no estamos allí, pero El Presidente Chávez azuzado por Fidel arrastra a latigazos a sus barraganas hacia el desastre. Antes de lanzarse hacia el vacío huirán con sus churupitos mal habidos. Esa ha sido y será la historia de Venezuela hasta que acabemos con los caudillos.

Las declaraciones del jefe del Comando Estratégico, cumpliendo órdenes de El Presidente Chávez, quien a su vez no resiste como hombre una orden ilegal del loco senil de la Habana, crearan una desbandada. Los altos niveles del generalato lo saben y preparan sus maletas y están comprando propiedades en el extranjero para curarse en salud. Observen con cuidado las solicitudes de baja o de reposo medico de los tri y cuatri soleados a medida que avanzamos hacia el 2012. Si llegamos allá solo le quedaran los Rangel Silva, Alcalá Cordones y similares. Ellos son los únicos que tienen que tener miedo y que a lo mejor se atrevan a sacrificarse, pero lo dudo. Los demás volverán al seno de la democracia y serán perdonados porque fueron engañados. No creo que haya una cacería de brujas. Sería estúpido.

Los militares tenemos una deuda con la patria por los desatinos cometidos en los últimos años. Las diabólicas órdenes del mandadero de Fidel llevan al país al del abismo. Esa deuda debe ser saldada, si queremos salvar nuestra honra e impedir que  Venezuela se hunda.

Fuente: Zeta

 
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