LA RULETA EGIPCIA

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

La luz de los acontecimientos que estremecen hoy a Egipto, en cuyo desenlace Estados Unidos está llamado a ejercer un papel decisivo, no puedo dejar de recordar el discurso que pronunció Barack Obama en la Universidad de El Cairo, con ocasión de su visita a Egipto (12 junio 2009).  Allí expresó que  había ido a Egipto movido por una esperanza de buscar “una nueva relación entre EEUU y los musulmanes del mundo”, basado en “el interés mutuo y el mutuo respeto” y en la verdad de que Norteamérica y el Islam “no se excluyen ni están en competencia”, además de compartir “principios comunes de justicia, progreso, tolerancia y dignidad de las personas”.

Por el Canal de Suez transita diariamente más de un millón de barriles de petróleo en supertanqueros y es el paso estratégico de barcos militares norteamericanos

Seguramente no imaginó el entonces flamante Presidente de Estados Unidos, que poco tiempo después estaría enfrentando situaciones que le iban a dar la oportunidad de poner en práctica algunos de los preceptos que allí expresó.

Tal vez el presidente norteamericano desconocía la sociología de Egipto; una población mayoritariamente menor de 25 años, muchos con diplomas universitarios, pero sumidos en un desempleo crónico; por otro lado, las altas tasas de analfabetismo, la corrupción, la ineficacia administrativa, el nepotismo, las tendencias dinásticas: Mubarak enfermo y de 84 años de edad, se preparaba para dejar a su hijo el cargo de presidente en las próximas elecciones que deberían celebrarse en septiembre próximo.  Y por último, la razón principal de la rebelión: la falta de libertad de opinión, la exclusión de la vida política.  O tal vez el hecho de ejercer la presidencia desde hacía más de treinta años podía hacer creer en la solidez del régimen debido a la presidencia vitalicia ejercida por Mubarak.

Intereses y prioridades

La rebelión de la sociedad egipcia, tras la ocurrida en Túnez, pese a que ambos países no son comparables en términos de influencia y de peso político, ha seguido un escenario parecido en la gestión de la crisis.  El ahora depuesto presidente Ben Alí, exiliado en Arabia Saudita, cuando vio la partida perdida, quiso ganar tiempo para mantenerse en el poder dando concesiones de todo tipo y destituyendo ministros.  Mubarak, tras haber permanecido en silencio mientras la rebelión tomaba cuerpo y la población se amparaba de la calle, seguramente presionado por Washington, pronuncia un discurso en el que hizo vagas promesas de reformas, destituye al gobierno y nombra a un Primer ministro, el general Omar Soleiman, jefe del Mukhabarat, los servicios de inteligencia y policía política, -el órgano más importante del país-´hombre clave del régimen, que goza de la confianza de Washington y de los europeos, capaz de sucederlo en la presidencia en caso de que los acontecimientos lo obligaran a asumir el poder.  Soleiman además ha ejercido de diplomático en las misiones más delicadas; fue él quien negoció la firma del tratado de paz con Israel y llevaba las relaciones con los palestinos.

La crisis del gobierno de Mubarak pone en aprietos a Occidente, puesto que de prolongarse planea el peligro de desestabilización de la región.  El simple hecho de que el Canal de Suez es parte del territorio egipcio y ruta marítima por la que circula diariamente un millón de barriles de petróleo, es también el paso de los barcos militares estadounidenses que se desplazan para controlar la región y los puntos estratégicos más sensibles; Irak, Irán, Afganistán.  Para Israel, la caída de Mubarak pone en peligro el tratado de paz y la pérdida del aliado más fuerte en el mundo arabo-musulmán, porque es de suponer que un régimen democrático le daría cabida a la organización de oposición islamista, la Hermandad Musulmana, enemiga de Israel y , por supuesto, contraria al tratado de paz entre Egipto e Israel.

Apoyo a la juventud

La radicalización de las manifestaciones no amainó, pese al cambio de gabinete. La incógnita de cuál iba a ser la actitud de las Fuerzas Armadas en esas circunstancias, se diluyó cuando éstas declararon que consideraban “las demandas del pueblo”.  Hasta el día de hoy, han cumplido con su promesa.  Al redactar estas líneas, tras la exitosa manifestación de más de un millón de personas en la Plaza Tahrir, grupos formados por las milicias fieles a Mubarak atacaron a los manifestantes, que pese al toque de queda, han decidido permanecer en la plaza hasta obtener la renuncia del Presidente.  Curiosamente, el ejército se retiró y dejó ambos bandos combatiendo. Mubarak, en un segundo discurso pronunciado después de la enorme manifestación, avisó que no aceptaría saqueos ni desordenes.  Precisamente, fue la intervención de las bandas violentas pro Mubarak, las que transformaron el carácter pacífico de las manifestaciones, convirtiendo la plaza en un verdadero escenario de guerra civil.  Evidentemente, esa intervención no ha sido casual ni espontánea.

Imposible predecir el desarrollo de los acontecimientos, sin embargo, lo que parece una certeza es que el árbitro de la situación son las Fuerzas Armadas; la suerte del régimen está en sus manos, verdadera columna vertebral del país, que goza de prestigio en la población y está integrada por soldados de origen popular, y por el otro lado, mucho depende de la actitud de Estado Unidos que provee a Egipto de una cooperación millonaria destinada en particular, a mantener y a dotar de logística a la Fuerzas Armadas.  Las dos intervenciones de Barack Obama sobre la crisis egipcia no dejan duda en cuanto a su influencia; ha abogado por una transición rápida y expresó su apoyo a la juventud egipcia, principal soporte de la rebelión civil.

¿Podrá hacer el sueño realidad?

La oposición está débil, poco organizada, sin liderazgo debido a los 30 años de régimen autocrático. Y represivo.  La única oposición organizada es la de la Hermandad Musulmana y de ello proviene el temor de los occidentales y de Israelíes en particular.  Sin embargo, éstos han observado un perfil bajo; tal parece que han optado por una estrategia a largo plazo.  Las reivindicaciones de los manifestantes son de orden moderno: abogan por un régimen democrático, por la libertad de expresión; el elemento religioso no ha formado parte del esquema, ni tampoco, curiosamente, las expresiones de anti americanismo tan frecuentes en la zona.

La democracia que soñaron imponer en la región los “neocons”[i] que rodeaban a Bush, está surgiendo del propio seno de esos países.  A tal punto que los autócratas de la región están adelantándose a los acontecimientos; en Jordania es destituido el Primer Ministro y el nuevo gobierno promete reformas.  El autócrata de Yemen anunció que no participará en un nuevo torneo presidencial.

Barack Obama y la Unión Europea abogan por una transición rápida en Egipto, pues están conscientes que de continuar la crisis y su radicalización, se llegaría a un nivel de descontrol y de inestabilidad que ponga en peligro el equilibrio de una zona de por sí conflictiva, lo que tendría repercusiones mundiales.

Les toca ahora a los occidentales admitir al Islam político como un actor que la historia ha demostrado es un hecho irreversible y que debe tener cabida en un régimen democrático. Después de todo, la presencia del protestantismo en Inglaterra y en estados Unidos significó un instrumento esencial en la instauración de la democracia.  Escuché a un grupo de mujeres tunecinas declarar, que en el marco de la democracia es que se puede combatir con mayor eficacia a los grupos conservadores islamistas.

El gobierno de Turquía es un ejemplo de que el Islam si puede adaptarse a la democracia.

NR: Versión ligeramente editada por razones de espacio


* Neo Conservadores

 
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