SUEÑO JUSTO

Eli Bravo

Eli Bravo

Como hongos, las voces que exigen libertad se están alzando en distintas partes del mundo. Es cuestión de tiempo para que el sueño tunecino se extienda…

Toda vez que una idea se aloja en el cerebro es casi imposible erradicarla” dice Dom Cobb, personificado por Leonardo Di Caprio, en la película Inception. Siguiendo esta línea, Larbi Sadiki, autor del libro “La Democratización Árabe”, asegura que la revolución tunecina es un sueño hecho realidad: un parteaguas en la mente de millones de árabes oprimidos, especialmente jóvenes, con un futuro que no va más allá de sus narices. La ola que expulsó a Ben Alí en Túnez ha potenciado la idea de que “el poder del pueblo” es invencible mientras que los dictadores, no importa por cuántas décadas enquistados, tienen pies de barro.

En estos momentos Egipto vive ese sueño como si fuese una pesadilla, y en las noches árabes, imágenes de libertad pueblan la mente de millones desde Marruecos hasta Yemen. ¿Estamos viendo el principio del fin del autoritarismo árabe? Es temprano para sentencias, pero las imágenes de la plaza Tahir me hacen recordar aquella vieja canción de Thunderclap Newman en Las Fresas de la Amargura: “Llama a los instigadores/porque hay algo en el aire/Tenemos que juntarnos, tarde o temprano/porque la revolución está aquí/y tú sabes que es lo justo.”

Como el batir de alas de mariposa, las llamas que chamuscaron el cuerpo de Mohamed Bou’azizi en el poblado tunecino de Sidi Bouzid han desatado una tormenta de arena que tiene a dinosaurios como Gadafi con sus barbas en remojo. ¿Será el resultado de todo esto la democratización de la región? Pocas veces las revoluciones terminan siendo lo que la gente esperaba, declaró a Al-Jazeera el profesor Robert Springborg, alineándose con aquellos que temen un tiro por la culata: el ascenso al poder de militares, fundamentalistas islámicos o nacionalistas. La posibilidad de que este sueño alumbre nuevos monstruos es real, pero es un riesgo que los manifestantes tienen derecho a correr.

Venga o no un efecto dominó, el ideal de libertad se está alojando en una generación que no se traga el cuento de que el mundo árabe está incapacitado para la democracia y que un autócrata es imprescindible para evitar el caos. Como hongos, las voces que exigen libertad se están alzando en distintas partes del mundo, magnificadas por una tecnología que cataliza el descontento, y es cuestión de tiempo para que el sueño tunecino se hable en persa, chino, coreano, ruso, birmano… o en español.

www.elibravo.com/caldo.php

@ELUNIVERSAL

 
Top