TIEMPOS Y DESTIEMPOS

JESÚS HERAS –

Los recientes acontecimientos en el mundo árabe y el debate en el seno de la MUD sobre la forma de escoger al candidato presidencial, tienen un elemento común. Los imponderables.

Durante los cien años que precedieron el inicio de la Guerra Espacial, prevaleció sobre todo en las matemáticas y la Física, la idea del comportamiento aleatorio de la materia y por extrapolación a las relaciones humanas e incluso las enfermedades. De allí disciplinas como la estadística, con su simétrica “campana de Gauss”, instrumento fundamental de las empresas encuestadoras.

No fue hasta la segunda mitad del Siglo XX cuando comenzaron a encontrarse contradicciones entre estas premisas y la vida misma, hechos que – con la ayuda de Internet, – llevaron a la ciencia a descubrir primero y concentrar su atención después, en las llamadas “leyes de poder”.

A diferencia de comportamientos aleatorios, la presencia de leyes de poder se caracteriza por la existencia de pocos órganos en máxima interacción con el resto del organismo (el corazón, el hígado, el cerebro, Google, Facebook, Twitter, Ben Alí, Mubarak, Chávez), y un número algo mayor de órganos intermedios (la MUD). Luego, un sin número de células o cuerpos menores, como Ud. amigo internauta… y como yo.

La existencia comprobada de “leyes de poder” ha llevado a explorar la posibilidad de que el comportamiento humano pudiera también responder a ese patrón. Los resultados han sido contundentes. El ritmo de nuestras vidas (y también de nuestras dolencias), parecen caracterizarse por lapsos relativamente largos de poca o ninguna actividad, o de mucha salud, seguidos por periodos más breves de intensa actuación o de dolencias personales o familiares repetitivas.

Siendo lo anterior hoy algo científicamente comprobado ¿Por qué no han de expresarse también leyes de poder en el ritmo espasmódico que observamos entre periodos largos de relativa paz, seguidos por derrocamientos sorpresivos como los ocurridos en el Magreb o entre prolongados períodos de debate, seguidos por campañas de gran intensidad?

Por supuesto tiene mucha validez la extrapolación, pero ¿determina acaso la naturaleza de la paz, la intensidad de la guerra? ¿Acaso define la característica del debate, el desenlace de un proceso electoral? La respuesta es NO.

Basta con recordar las sorpresivas victorias de Obama en las primarias norteamericanas o la victoria de Rodríguez Zapatero en España sobre Mariano Rajoy, fruto de un ataque terrorista mal manejado por el gobierno del PP; o la victoria de Fujimori, un desconocido rector universitario, quien emergió del anonimato montado en un tractor o – regresando a Venezuela – el que Hugo Chávez y Salas Römer, obtuvieran entre ambos casi el 100% de los votos, cuando un año antes, eran otros los que aparecían en el radar electoral.

Se plantea escoger este mismo año mediante primarias al candidato presidencial opositor. Conocido la naturaleza del comportamiento humano, ¿Será sensato, abrir un proceso electoral, a un año de iniciarse la contienda? ¿Tendrá algún sentido que la MUD, como portal, muestre su carta a Google desde ahora?

¿Conocería Mubarak un año antes, el Tsunami que estallaría doce meses después?

 
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