AL CAPONE (XXI)

Manuel Felipe Sierra

FABULA COTIDIANA
MANUEL FELIPE SIERRA
manuelfsierra@yahoo.com

Avizoraba el final de su reinado. El 17 de octubre de 1931 Alphonse Gabriel Capone concedió una entrevista  a Cornelius Vanderbilt Jr. de la revista “Liberty”, famoso por sus conversaciones con Pio XII, Mussolini, Stalin y el presidente Hoover. En la cima de su fama gansteril se disponía a hablar con la prensa. En el cuarto piso del Hotel Lexington entre La Veintidós y Michigan, en Chicago, Vanderbilt hizo el retrato del personaje: “Era mucho mas alto de lo que yo había imaginado, y mucho mas robusto; un individuo con un apretón de manos digno de un oso, una panza de banquero y la seductora sonrisa de todas las razas latinas”.

Al Capone

Al Capone hablaba con la seguridad de un jefe de Estado en plena Depresión Económica: “Debemos mantener América integra, a salvo, y libre de corrupción. Si las máquinas arrebatan puestos de trabajo al obrero, habrá que encontrar otra cosa  en la que pueda ocuparse. Quizás vuelva a cultivar la tierra, pero deberemos cuidar de él durante el periodo de cambio. Hemos de mantenerle alejado de la literatura y las triquiñuelas de los rojos, asegurarnos de que su mente permanezca sana. Porque sin importar donde haya  nacido, ahora es un americano”.

Aboga contra el castigo al comercio del alcohol: “Entre el pueblo va en aumento la sensación de que la Prohibición es responsable de muchos de nuestros males, pero también crece el número de gente que actúa contra la ley. Hace dieciséis años llegue a Chicago con cuarenta dólares en el bolsillo, tres años después estaba casado. Mi hijo tiene ya doce años. No me parecía justo prohibir a nadie que intentara obtener lo que deseaba. La  Prohibición me parecía, y me sigue pareciendo, una ley injusta. De algún modo, derivaré naturalmente hacia la ilegalidad y supongo que ahí permaneceré hasta que la ley sea derogada”.

Al Capone traza un vistazo profético sobre la economía de las décadas futuras: “El mundo se ha capitalizado a base de papel. Cada vez que alguien tenía una idea nueva  ampliaba el capital, asignando para sí cierta cantidad de pasta y a sus accionistas  cierta cantidad de papeles. Los ricos se hacían más ricos; los accionistas especulaban con el papel. Cuanta mayor facilidad mostraba alguien para transformar el papel en dinero, mayores iban haciéndose sus opciones en los negocios. Muchos jóvenes que deberían estar entre rejas por robar papel accedieron al mundo de la prosperidad de la noche a la mañana. Los banqueros corruptos que aceptan el dinero de sus clientes, ganado con el sudor de su frente , a cambio de acciones que saben que no tienen valor, serian inquilinos más adecuados de las instituciones penitenciarias que el pobre hombre que roba para dar de comer a su mujer y a sus hijos”

Pocos días después de la entrevista,  Al Capone fue sentenciado a once años de presidio, la pena más alta por evasión fiscal.  En diversas prisiones federales entre ellas la famosa cárcel de Alcatraz fue agotando su vida, hasta que en 1940 recobró la libertad al  diagnosticársele  “neurosífilis”. “Convertido en un personaje patético, aunque todavía acaudalado, decidió vivir con su esposa y su familia en su mansión de Miami, donde murió a los cuarenta y ocho años de edad de resultas de la fase terciaria de la enfermedad”, escribe Vanderbilt.

Silvio Berlusconi

Al Capone, su vida y la historia de la mafia son desde entonces materia prima de las industrias cinematográficas y editoriales. Nadie pensó que con el tiempo los manejos siniestros de la organización pudieran cobrar peso en la conducción de los estados. Si bien era imposible que algún político o estadista escapara a los tentáculos de una estructura semejante, siempre se pensó que el Estado habría de enfrentar sus maniobras delictivas y sus crímenes brutales. Pero las cosas han cambiando en los últimos años. El historiador Giussepe Carlo Marino se pregunta sobre la mafia: “¿Surgirá otra no menos criminal en cuanto a mentalidad y objetivos pero más sofisticadamente adecuada a las necesidades, con los métodos, y el nuevo horizonte de intereses y necesidades que se ha abierto con la llamada “globalización”?”.

Moisés Naim reflexiona: “La delincuencia global no sólo ha experimentado un espectacular aumento de volumen, sino que debido a su capacidad para amasar colosales beneficios se ha convertido además en una poderosa fuerza política. Y las ideas a través de las que interpretamos la política y la economía mundiales deben ajustarse a este cambio urgentemente”.

La caída del modelo soviético en los años noventa puso en claro la existencia de  la “mafia rusa”, que copiaba y se vinculaba con la legendaria “mafia italiana”. Ex oficiales del ejército rojo y la KGB, según contundentes señalamientos, se han  mezclado con los capos italianos, quienes  a su vez habrían avanzado en altas posiciones en el gobierno de Silvio Berlusconi. “Gomorra”, el libro de Roberto Savino publicado el 2006  y que decretó la persecución del escritor, describe las conexiones y la compleja red de negocios y complicidades en los cuales se confunde la política y el delito. Las últimas denuncias contra “Il Cavaliere”, por “prostitución de mujeres”, juicio  que deberá afrontar el 15 de abril ante un juzgado de Milán, han reflotado el asunto. Entre las revelaciones escandalosas se señala que Vladimir Putin, el “hombre duro” de Moscú  habría participado también en las francachelas sexuales de Berlusconi con adolescentes tarifadas.

Vladimir Putin

Para eludir la avalancha periodística Putin hizo una afirmación displicente: “mafia no es palabra rusa”.

Su compatriota, el ex campeón mundial de ajedrez Gari Kaspárov deslizó en cambio una frase temeraria: “En Rusia gobierna la mafia como en la Venezuela de Chávez”. La declaración no debería subestimase por  cuanto proviene de quien conquistó la gloria en un juego que  implica el manejo acertado de la táctica y la estrategia; es decir, las dos herramientas que definen la victoria y la derrota en la política y la guerra.

 
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